Subo mis manos a sus mejillas para acariciar sus pómulos, mientras
nuestros labios siguen unidos en un beso tranquilo y con algunas mordeduras de
labios por mi parte, me aferro más a él parándome para que esta vez si nuestros
cuerpos estén completamente unidos al momento en que me abraza por mi cadera.
Deja pequeños besos en mis labios para después dejar otro en mi comisura y
volver a mis labios. Que me mire con esos ojos profundos y rocemos nuestras
narices, sintiendo por mi parte que no hay disfrute más lindo que sus besos.
Sube una de sus manos a mi mejilla y la acaricia unas cuantas
veces para robarme otro pequeño beso y que marque un poco la distancia
suficiente para vernos pero no separarnos, no tenemos ni la mínima intención de
soltarnos y un poco que me asusta todo lo que me hace sentir con apenas unos
besos y que en realidad nos conocemos hace unos pocos días como para tener la
confianza que nos tenemos y que sienta todo esto para con él: esas ganas de
verlo todo el tiempo, de que, al besarlo mi cuerpo se revolucione, esa clase de
¿paz? Al abrazarnos… ¿Es normal sentir esto con una persona que hace poco
conoces? ¿Es normal que al sonreírme vaya directo al muere?
Para mí, no.
Pero tampoco deja de ser lindo.
Sí, me tiene estúpida, y odio admitirlo, odio que sea así.
— Te deje todo brillo en el labio –le digo divertida al darme
cuenta de que tiene brillito de mi labial casi en la pera.
Evito comentarios.
Con mis dedos le limpio su boca mientras oprimo una sonrisa
mordiendo mi labio y él si se deja sonreír mientras me empuja más a su cuerpo
intentando besarme y yo, que estoy entretenida limpiando (y un poco que lo
disfruto) sus labios, juego y le corro mi cara divertida.
— ¡Hey! –me quejo cuando sin más importarle envuelve mi cara en
sus manos y me planta un beso profundo y lleno de risa por mi parte que hace
que sonría y vuelva a besarme, esta vez sumándome a su beso.
— Solo vos te pones labial para ir a la plaza ¿te das cuenta? –
Sonrío.
— Una siempre tiene que estar coqueta, es ley – lo veo sonreír y
después morder su labio inferior negando con su cabeza.
— Esas leyes feministas…
— Que les encantan a los hombres… si no estaríamos arregladas
también se quejarían.
— ¿Te importa lo que pensemos los hombres?
— Aunque no lo creas, sí –le sonrío – si no andaría por la vida
vestida como un macho, aunque muy de vez en cuando lo hago, pero también me
encanta sentirme linda, aunque este hecha un asco.
— ¿Sentirte?
— Y sí. Yo me puedo poner… no sé, un vestido todo al cuerpo,
sentirme una diosa y estar como una gorda de cabaret con esos vestidos de
gatas totalmente desagradables–le digo
divertida y escucho su risa que me hace sonreír - ¡Es la posta!
— Ay boluda –planta un beso en mi mejilla – me haces reír tanto
–le sonrío – creo que lo que más disfruto es reírme con vos –muerdo mi labio
inferior y le robo un beso – más allá de besarte ¿no? –largo una carcajada.
— Sabes que me pasa que… - me separo un poquito, sin dejar de
rodearlo con mis brazos por su cuello, me mira atentamente y sigo – siento que nos conocemos de toda la vida,
posta –lo veo sonreír – es muy loco porque, siento que tenemos la re confianza,
podemos hablar de todo y… y además disfruto tanto de pasar tiempo con vos,
bailamos, nos jodemos el uno al otro, cantamos, nos reímos –hago una pausa para
perderme por un momento en su sonrisa y terminar sonriendo – me encanta haberte
cruzado ese día y que a pesar de que… lo que paso con los chicos, de alguna
manera nos hizo unir, creo que valió la pena ¿no?
Solo recibo su mirada profunda en la mía, un asentimiento de
cabeza y una pequeña sonrisa.
— Si – murmura – vos vales la pena –muerdo mi labio inferior
sobrándolo – en serio boluda, no todos los días te cruzas con una flaca así,
tan llena de alegría, que te hace sentir vivo, y a la vez falleces con esa
sonrisa que tenes que… me volves loco –sonrío chiquito.
— Te quiero –le murmuro y uno mis labios con los suyos en un beso
con sonrisas que dura apenas unos pocos segundos, porque es él quien se separa
para dirigirme una mirada, sonreír y volver a unir nuestros labios en un beso
que quiero y así parece ser eterno.
[Él]
— ¡Hey! – la escucho quejarse y yo no puedo parar de reír, muerdo
mi labio inferior y me acerco para abrazarla, ahora ríe conmigo mientras
también me abraza apoyando sus manos en mi espalda y que me mueva de un lado al otro haciendo que tambaleemos. Dejo
un beso en su mejilla y nos separamos.
— ¿Me perdonas? – Le pido en una pregunta mientras intento ocultar
una sonrisa. Recordar: NUNCA decirle a
una mujer que cocino para el culo. No importa si las milanesas están negras
de lo quemada: ¡Mucha mayonesa! Y disimular que están riquísimas.
— ¿En serio esta feo? – pregunta con inocencia aunque esa sonrisa
que se le está por escapar dice todo lo contrario. Yo niego intentando
convencerme de que esas milanesas son lo mejor del mundo, aunque ya la haya
cagado.
— ¡Tarado! –y se le escapa una risa – yo vi tu esfuerzo por comer
eso, ¿queres que pida un Mc Donald?
— Igual zafaba con el puré eh… - y ella ríe chiquito para robarme
un beso.
— No ves, vos sos el culpable… ¡vos hiciste que se me quemen!
— Yo solo te daba besos ¿Qué decís? - ¡Ahora el culpable soy yo,
claro!
— Si, pero me desconcentraste. ¡Gil! –largo una carcajada - ¿te
quedaste con mucho hambre? En serio podemos pedir algo –niego con una sonrisa.
— Ya fue –la abrazo y me hundo en su cuello, siento como se le
eriza su piel y dejo unos pequeños y suaves besos que se vuelven un poco más
profundos cuando siento que su respiración se vuelve irregular, rodea sus
brazos por mi cintura acariciando mi espalda con sus manos y sigo dejando besos
mientras caminamos, no se a donde hasta que chocamos con la mesa del comedor.
Siento como gime y todo el autocontrol que creí tener se pierde al instante,
los besos se vuelven más profundos y sus manos no dejan de recorrer toda mi
espalda. Se queja cuando la hago sentarse en la mesa y rodea con sus piernas mi
cuerpo, esta vez estando completamente
juntos. Me separo de su cuello para dirigirle una mirada y hundirme en su boca,
enredando nuestras lenguas en un juego ligero y frenético que hacen varios
suspiros escapar, que nuestros cuerpos tiemblen y nuestras manos no dejen de
acariciar el mismo del otro. Muerde mi labio inferior y logro caer en la
realidad, las cosas se están yendo al carajo y es mejor parar, o eso es lo que
me da a entender, y acepto, lo entiendo y por eso el rumbo de este beso
pasional cambia a uno totalmente opuesto: lento y con una dulzura inmensa que
hace abrazar su cuerpo.
Me encanta, me vuelve loco, y estaría toda mi vida llenándola de
besos.
— Esto va a terminar mal –me murmura con una pequeña sonrisa
mientras dejo pequeños besos en sus labios tan carnosos y lindos.
— Con vos quiero terminar a las piñas –la escucho reír chiquito y
al instante se ruboriza un poquito, haciéndome sentir en el aire – no podes más
vos.
— Cállate – tapa mi boca con sus manos, rio chiquito y me acerco
lo suficiente para que solo sus manos separen nuestras bocas, que después
termine sacándolas del medio para darme un beso dulce.
— ¿Sabes hacer café o se te quema el café de ponerle agua tan
caliente? –la cargo y ella eleva una de sus cejas, para que ría divertido.
— ¿Me estas tomando el pelo? –se hace la ofendida.
— Para nada –le sonrío comprador.
— Vas a tomar el café más rico que probaste en toda tu vida. –me
asegura y yo elevo una ceja y la deja bajarse de la mesa.
— ¿Cómo las milas? –la molesto y ella me pega en uno de mis brazos
haciendo que ría divertido.
Esto me hace acordar al otro día cuando yo estaba en la misma
situación que ahora está ella: un silencio enorme se formó, ya sentados en su
living, compartiendo el sofá de dos cuerpos. Me mira atentamente y yo juego a
hacerme el interesante, que la escuche gritar un “¡Dale loco!” para que yo
ría un poquito, deje la taza de café en la mesita ratona, me pare, la mire y
empiece a aplaudir de la nada, para que ella ría divertida.
— ¡Genia! ¡Idola! –sigue riendo.
— Gracias, gracias –hace que saluda a fans imaginarios y ahora el
que ríe soy yo, para volver a sentarme a su lado.
— La verdad, te tendrías que dedicar a hacer café en vez de sacar
fotos, posta –reímos y se acerca a dejarme un beso en mi mejilla y yo al
instante le robo uno de sus labios. Me sonríe y se queda cerquita mío, rozando
nuestras piernas y ella apoyando su cabeza en uno de mis hombros.
Un suspiro se nos escapa a los dos en el mismo momento y
simplemente reímos.
Recordando que no hay nada más lindo que reír juntos.
•••
Ayyy, paso rapidisimo por acá.
1. Mueran conmigo
2. ¡Gracias por sus comentarios en el anteriro!
3. A los quince o más comentarios nos vemos.