martes, 27 de octubre de 2015

23

Subo mis manos a sus mejillas para acariciar sus pómulos, mientras nuestros labios siguen unidos en un beso tranquilo y con algunas mordeduras de labios por mi parte, me aferro más a él parándome para que esta vez si nuestros cuerpos estén completamente unidos al momento en que me abraza por mi cadera. Deja pequeños besos en mis labios para después dejar otro en mi comisura y volver a mis labios. Que me mire con esos ojos profundos y rocemos nuestras narices, sintiendo por mi parte que no hay disfrute más lindo que sus besos.
Sube una de sus manos a mi mejilla y la acaricia unas cuantas veces para robarme otro pequeño beso y que marque un poco la distancia suficiente para vernos pero no separarnos, no tenemos ni la mínima intención de soltarnos y un poco que me asusta todo lo que me hace sentir con apenas unos besos y que en realidad nos conocemos hace unos pocos días como para tener la confianza que nos tenemos y que sienta todo esto para con él: esas ganas de verlo todo el tiempo, de que, al besarlo mi cuerpo se revolucione, esa clase de ¿paz? Al abrazarnos… ¿Es normal sentir esto con una persona que hace poco conoces? ¿Es normal que al sonreírme vaya directo al muere?
Para mí, no.
Pero tampoco deja de ser lindo.
Sí, me tiene estúpida, y odio admitirlo, odio que sea así.
— Te deje todo brillo en el labio –le digo divertida al darme cuenta de que tiene brillito de mi labial casi en la pera.
 Evito comentarios.
Con mis dedos le limpio su boca mientras oprimo una sonrisa mordiendo mi labio y él si se deja sonreír mientras me empuja más a su cuerpo intentando besarme y yo, que estoy entretenida limpiando (y un poco que lo disfruto) sus labios, juego y le corro mi cara divertida.
— ¡Hey! –me quejo cuando sin más importarle envuelve mi cara en sus manos y me planta un beso profundo y lleno de risa por mi parte que hace que sonría y vuelva a besarme, esta vez sumándome a su beso.
— Solo vos te pones labial para ir a la plaza ¿te das cuenta? – Sonrío. 
— Una siempre tiene que estar coqueta, es ley – lo veo sonreír y después morder su labio inferior negando con su cabeza.
— Esas leyes feministas…
— Que les encantan a los hombres… si no estaríamos arregladas también se quejarían.
— ¿Te importa lo que pensemos los hombres?
— Aunque no lo creas, sí –le sonrío – si no andaría por la vida vestida como un macho, aunque muy de vez en cuando lo hago, pero también me encanta sentirme linda, aunque este hecha un asco.
— ¿Sentirte? 
— Y sí. Yo me puedo poner… no sé, un vestido todo al cuerpo, sentirme una diosa y estar como una gorda de cabaret con esos vestidos de gatas  totalmente desagradables–le digo divertida y escucho su risa que me hace sonreír - ¡Es la posta!
— Ay boluda –planta un beso en mi mejilla – me haces reír tanto –le sonrío – creo que lo que más disfruto es reírme con vos –muerdo mi labio inferior y le robo un beso – más allá de besarte ¿no? –largo una carcajada.
— Sabes que me pasa que… - me separo un poquito, sin dejar de rodearlo con mis brazos por su cuello, me mira atentamente y sigo –  siento que nos conocemos de toda la vida, posta –lo veo sonreír – es muy loco porque, siento que tenemos la re confianza, podemos hablar de todo y… y además disfruto tanto de pasar tiempo con vos, bailamos, nos jodemos el uno al otro, cantamos, nos reímos –hago una pausa para perderme por un momento en su sonrisa y terminar sonriendo – me encanta haberte cruzado ese día y que a pesar de que… lo que paso con los chicos, de alguna manera nos hizo unir, creo que valió la pena ¿no?
Solo recibo su mirada profunda en la mía, un asentimiento de cabeza y una pequeña sonrisa.
— Si – murmura – vos vales la pena –muerdo mi labio inferior sobrándolo – en serio boluda, no todos los días te cruzas con una flaca así, tan llena de alegría, que te hace sentir vivo, y a la vez falleces con esa sonrisa que tenes que… me volves loco –sonrío chiquito.
— Te quiero –le murmuro y uno mis labios con los suyos en un beso con sonrisas que dura apenas unos pocos segundos, porque es él quien se separa para dirigirme una mirada, sonreír y volver a unir nuestros labios en un beso que quiero y así parece ser eterno.

[Él]

— ¡Hey! – la escucho quejarse y yo no puedo parar de reír, muerdo mi labio inferior y me acerco para abrazarla, ahora ríe conmigo mientras también me abraza apoyando sus manos en mi espalda y que me mueva de un  lado al otro haciendo que tambaleemos. Dejo un beso en su mejilla y nos separamos.
— ¿Me perdonas? – Le pido en una pregunta mientras intento ocultar una sonrisa. Recordar: NUNCA decirle a una mujer que cocino para el culo. No importa si las milanesas están negras de lo quemada: ¡Mucha mayonesa! Y disimular que están riquísimas.
— ¿En serio esta feo? – pregunta con inocencia aunque esa sonrisa que se le está por escapar dice todo lo contrario. Yo niego intentando convencerme de que esas milanesas son lo mejor del mundo, aunque ya la haya cagado.
— ¡Tarado! –y se le escapa una risa – yo vi tu esfuerzo por comer eso, ¿queres que pida un Mc Donald?
— Igual zafaba con el puré eh… - y ella ríe chiquito para robarme un beso.
— No ves, vos sos el culpable… ¡vos hiciste que se me quemen!
— Yo solo te daba besos ¿Qué decís? - ¡Ahora el culpable soy yo, claro!
— Si, pero me desconcentraste. ¡Gil! –largo una carcajada - ¿te quedaste con mucho hambre? En serio podemos pedir algo –niego con una sonrisa.
— Ya fue –la abrazo y me hundo en su cuello, siento como se le eriza su piel y dejo unos pequeños y suaves besos que se vuelven un poco más profundos cuando siento que su respiración se vuelve irregular, rodea sus brazos por mi cintura acariciando mi espalda con sus manos y sigo dejando besos mientras caminamos, no se a donde hasta que chocamos con la mesa del comedor. Siento como gime y todo el autocontrol que creí tener se pierde al instante, los besos se vuelven más profundos y sus manos no dejan de recorrer toda mi espalda. Se queja cuando la hago sentarse en la mesa y rodea con sus piernas mi cuerpo,  esta vez estando completamente juntos. Me separo de su cuello para dirigirle una mirada y hundirme en su boca, enredando nuestras lenguas en un juego ligero y frenético que hacen varios suspiros escapar, que nuestros cuerpos tiemblen y nuestras manos no dejen de acariciar el mismo del otro. Muerde mi labio inferior y logro caer en la realidad, las cosas se están yendo al carajo y es mejor parar, o eso es lo que me da a entender, y acepto, lo entiendo y por eso el rumbo de este beso pasional cambia a uno totalmente opuesto: lento y con una dulzura inmensa que hace abrazar su cuerpo.
Me encanta, me vuelve loco, y estaría toda mi vida llenándola de besos.
— Esto va a terminar mal –me murmura con una pequeña sonrisa mientras dejo pequeños besos en sus labios tan carnosos y lindos.
— Con vos quiero terminar a las piñas –la escucho reír chiquito y al instante se ruboriza un poquito, haciéndome sentir en el aire – no podes más vos.
— Cállate – tapa mi boca con sus manos, rio chiquito y me acerco lo suficiente para que solo sus manos separen nuestras bocas, que después termine sacándolas del medio para darme un beso dulce.
— ¿Sabes hacer café o se te quema el café de ponerle agua tan caliente? –la cargo y ella eleva una de sus cejas, para que ría divertido.
— ¿Me estas tomando el pelo? –se hace la ofendida.
— Para nada –le sonrío comprador.
— Vas a tomar el café más rico que probaste en toda tu vida. –me asegura y yo elevo una ceja y la deja bajarse de la mesa.
— ¿Cómo las milas? –la molesto y ella me pega en uno de mis brazos haciendo que ría divertido.
Esto me hace acordar al otro día cuando yo estaba en la misma situación que ahora está ella: un silencio enorme se formó, ya sentados en su living, compartiendo el sofá de dos cuerpos. Me mira atentamente y yo juego a hacerme el interesante, que la escuche gritar un “¡Dale loco!”  para que yo ría un poquito, deje la taza de café en la mesita ratona, me pare, la mire y empiece a aplaudir de la nada, para que ella ría divertida.
— ¡Genia! ¡Idola! –sigue riendo.
— Gracias, gracias –hace que saluda a fans imaginarios y ahora el que ríe soy yo, para volver a sentarme a su lado.
— La verdad, te tendrías que dedicar a hacer café en vez de sacar fotos, posta –reímos y se acerca a dejarme un beso en mi mejilla y yo al instante le robo uno de sus labios. Me sonríe y se queda cerquita mío, rozando nuestras piernas y ella apoyando su cabeza en uno de mis hombros.
Un suspiro se nos escapa a los dos en el mismo momento y simplemente reímos.
Recordando que no hay nada más lindo que reír juntos.

•••
Ayyy, paso rapidisimo por acá.
1. Mueran conmigo 
2. ¡Gracias por sus comentarios en el anteriro! 
3. A los quince o más comentarios nos vemos.

domingo, 25 de octubre de 2015

22

[Ella]

— Treinta y veinte… cincuenta. Muchas gracias señorita – El hombre canoso y con unas ojeras grandes quiosquero que está detrás del pequeño mostrador de su quiosco me da el vuelto y me agradece por pasar por su trabajo y llevarme el agua saborizada sabor pomelo que ya tengo en mano.
— A vos, hasta luego –le regalo una sonrisa y giro para seguir camino.
Tres y media de la tarde marca mi celular y sonrío chiquito al haber llegado puntual, al cruzar la calle esta la plaza en donde me junto con Flor y su pequeña hija a pasar este sábado soleado.
Tomo tres traguitos seguidos de mi agua y las busco con la mirada, hasta que puedo escuchar a Uschi decir mi nombre y giro, para encontrármela corriendo hacía mí con Pedro.
¿Pedro? ¿Qué hace acá?
Le sonrío chiquito, como él lo está haciendo conmigo. Desde este miércoles que no nos veíamos, ambos tuvimos una semana bastante cargada, él con sus estudios finales para poder rendir su ultimo y definitorio parcial, yo, con miles de trabajos por entregar y la función de todos los viernes que toma su tiempo organizarla, la de ayer no estuvo tan linda como la anterior… fue linda sí, pero no la disfrute tanto como cuando la compartí con Pedro o como las anteriores cuando Tomi estaba de nuestro lado no como ahora, del lado del público. A pesar nuestro y también de Peter tuvimos que hacerla nosotros cinco, Tomi todavía no se recuperaba del todo y él estuvo todo el día de ayer en su departamento estudiando a full, afilando algunos temas.
—  ¡Hola hermosa! –fue Uschi quien corrió hasta mí y yo la alce para girar y hacerla reír.
— Hola tía Pochi –ella deja un beso súper tierno en mi mejilla – vino el tío Pepe y Gas –dijo feliz y yo sonreí al susodicho que llegaba a nosotras.
— Buenas – dijo todo fachero: sus anteojos de sol, remera celeste y una bermuda de jean con unas convers y una sonrisa pintada que me hizo sonreír.
— ¿Todo bien? – chocamos nuestras mejillas como saludo con la atenta mirada de Uschi que cuando nos ve saludarnos me pide bajarse de mi cuerpo.
— Vamos tía, hay torta de chocolate que hizo mami –sonrío.
— ¡Uy que rico! Vamos dale.
Y ella sale corriendo, nosotros reímos y la seguimos pero con un paso mucho más lento que el de ella.
— No sabía que venias también –le sonrío chiquito.
— ¿Sino te ponías más linda? –pregunta divertido y yo muerdo mi labio inferior para golpearle su hombro y lo escuche reír.
— ¡Tarado! –le sonrío.
— Posta que yo tampoco sabía que iba a venir. Salimos de entrenar con Gas y le mandamos un mensaje a Flor que íbamos a pasar por su casa, y bueno, nos dijo que viniéramos para acá –asiento y sonrío.  - ¿Te molesta?
— Pff. No sabes cuánto –Digo con ironía y él me sonríe ampliamente y me choca de costado peleándome.
— No sabes las ganas de chaparte que tengo – me murmura y yo largo una carcajada divertida, lo miro, muerdo mi labio inferior y niego seguidas veces.
— Córtala –le digo y vuelvo a reír.
Estamos a pocos metros y puedo escuchar a Flor gritándome divertida, una vez ahí, me acerco a saludar al rubio de ojos verdes para después me acerque a mi amiga que, aprovechando que no tenía mucha estabilidad me tiro al pasto para después abrazarme y que riamos las dos. Uschi fue quien se puso encima de su cuerpo.
— Bueno, ya que estamos –amago Pedro a tirarse y todas gritamos un “no” audible para que riamos todos juntos.
— Uff bueno –dice Flor una vez que estamos todos sentamos como coligue en el pasto. Uschi ya se encuentra en uno de los toboganes charlando con otra nenita - ¿Cómo estas loqui?
— Bien –le sonrío ampliamente – por fin llego el fin de semana, boludo.
— ¿Todos tuvieron una semana larga? –pregunta Gas.
— ¡Eterna! –Digo a unísono como si nos hubiéramos puesto de acuerdo con Peter y nos sonreímos chiquito – a vos ya te queda poco che –le digo y él muerde su labio inferior.
— Pero no sé si es mejor o peor boluda. Encima esta semana que viene voy a estar igual, recién el jueves rindo.
— Ya te sabes todo, cállate infumable –le dice Flor y reímos - ¿Cómo les fue ayer? –me pregunta refiriéndose a la función de los paya.
— Ah bien, re lindo. – ella frunce su ceño no creyéndome mucho y yo rio un poquito- no posta, fue re lindo… Lo único que no lo disfrute tanto. Lo veía a Tomas ahí del otro lado y –suspiro y me encojo de hombros - ¡También faltaba el paya Pepin! –le sonrío chiquito y él también sonríe.
— Una bronca boluda –dice y muerde su labio inferior- estaba ahí encerrado en el departamento y pensaba en que podía estar ahí con ustedes – le sonrío chiquito.
— Pero vale la pena que le pongas el último esfuerzo, después te liberas completamente –le dice Gas y todos asentimos de acuerdo.
— Después como festejo una función con Tomi también – le sonrío ampliamente y él ríe chiquito.
— Trato –sonrío.
— Che, ¿Y Lali? –pregunta Flor a sus amigos.
— Debe estar por llegar – Dice Gas.
— Dijo que después de lo de su hermana venia – completa Peter mientras se encarga de arrancar pasto con sus dedos y yo lo miro tomando sorbitos del mate que me paso Gastón.
— Se re colaron boluda –me dice a mí y yo sonrío – igual que te va a molestar a vos si…
— Obvio que no me molesta –la interrumpo antes de que me mande al frente y ella me sonríe divertida –si son re copados.
— Y están re fuertes ¿no? –besa la mejilla de Gastón y yo muerdo mi labio inferior, dirigiéndole una mirada a Pedro que me mira divertido.
A los pocos minutos la vimos llegar a Lali con su sonrisa amplia y la buena onda que llevaba en todo su cuerpo, tanta que en cuestión de segundos de su llegada ya estábamos carcajeando como locos. Sonrío y muerdo mi labio inferior, al ver como se cargan entre ellos, sin excluirme en ningún momento, se nota a millas lo bien que se llevan, y de que en verdad se habían extrañado esos años en los que no habían estados todos juntos, varias veces Flor me conto de sus amigos que fueron a buscar una vida exitosa fuera del país, y de que a pesar de que amaba de que les esté yendo muy bien los extrañaba horrores.
Y acá están, todos juntos, y me doy cuenta de lo mucho que anhelaron estar así.
Fijo la hora en el celular e instintivamente elevo una de mis cejas. ¡Seis y media de la tarde! ¿Cómo se había pasado tan rápido la tarde?
— Bueno, me tomo el palo –digo divertida.
¡Y ahora tomate el palo! ¡Y ahora tomatelooooo! – me cantan los cuatro para que largue una carcajada e improvise un bailecito y ellos terminen riendo conmigo.
— Ah, están con todo eh –digo divertida – bueno, un placer que me hayan visto –me agrando un poquito y son Lali y Flor quienes me abuchean.
Pero tomateloooo – Canta Lali y me hace reír.
Dejo un beso en cada una de sus mejillas evitando el detalle del que el que le deje a Peter fue un poquito más sentido que el que le deje a Flor. Abrazo un poquito a mi amiga, y después me despido de su hijita que me hace prometerle que la próxima llevo a Pili conmigo para que puedan jugar juntas, y tomo camino para casa que está a más o menos unas cinco cuadras.
Antes de cruzar la calle, pongo mis auriculares en mis oídos y me sumerjo a la música que me hace bailar un poquito y disfrutar de la vuelta a casa.
Pero este disfrute dura solo una canción cuando me entra una llamada y sin ni siquiera sacar el teléfono del bolsillo atiendo por el botoncito que ¡gracias a dios! Pusieron en los auriculares para estas situaciones.
— ¿Hola?
— Me tenes que enseñar ese pasito por favor –la voz burlona de Pedro se hace presencia en mis oídos. Frunzo el ceño y giro, si, era obvio.
Me saluda desde su auto a unos pasos atrás de donde estoy yo y muerdo mi labio inferior.
— Forro – le hago fuck you e inevitablemente se me escapa una sonrisa.
— No das más de linda vos – pero esta vez me grita por la ventanilla, y yo a mi pesar término sacándome los auriculares, para acercarme a él.
Termina de bajar el vidrio de su ventanilla y yo me apoyo en ésta, agachándome un poquito para estar a la misma altura, con una escasa distancia que el aprovecha a cortar para dejar un beso dulce en mis labios que hace que sonría y, apoyando una de mis manos en su mejilla vuelva a unir nuestros labios por unos pocos segundos.
— ¿Qué estabas bailando? –me pregunta susurrando y yo sonrío, para morder mi labio inferior y marcar un poco más la distancia.
— Depende de si viste mucho o poco – él ríe chiquito y acaricia una de mis mejillas.
— Bailas muy bien igual eh.
— Mucho mejor que vos – lo peleo y él eleva una de sus cejas - ¿Me vas a decir que no? ¡Caradura! –termina riendo ante mi exageración y yo contagiándome ante su risa tan linda.
— Te llevo – me dice y no es una pregunta, pero niego - ¡Dale! –dice con una sonrisa.
— Quiero seguir bailandoooo –larga una carcajada.
— Podes bailar acá conmigo.
— Vos te reis.
— ¡Vos te reis de mí! –Rio chiquito – dale –me murmura con un tono que… ¿Cómo decirlo? Puede convencer a cualquiera.  Le sonrío, muerdo mi labio inferior, me acerco a robarle un beso, y dar la vuelta para sentarme al lado de él.
Nos miramos por un instante y él comienza a manejar hasta mi departamento que está a solo cuatro cuadras, por eso es que llegamos a los pocos minutos.
— ¿Queres subir? – lo invito. Me mira por un momento y me sonríe, para después asentir.
— Dale –le sonrío chiquito y bajamos los dos del auto.
Ya en el ascensor lo veo como su cara se transformó y yo rio chiquito, él me mira desentendido y ahora largo una carcajada.
— ¿Estás loca vos?
— Tu cara boludo, ¿Qué paso?
— Ah, es que no soy muy amigo de los ascensores –me dice divertido – más cuando se siente muchísimo cuando toma el impulso para subir o cuando para, que se te mueve todo
— ¿Le tenes miedo? –oculto una sonrisa.
— ¿Vas a seguir riéndote de mí? ¡Basura! –Largo una carcajada y me acerco para abrazarlo del cuello, lo veo sonreírme y poner sus manos en la parte baja de mi cintura – forrita.
Sonrío y rozo nuestros labios suavemente para que después se forme un beso delicado y profundo que me hacen temblar al sentir esta sensación rara pero linda que ya se me está haciendo costumbre sentir cada vez que nos unimos en un beso, no puedo evitar morder su labio carnoso que me vuelve loca y él aprovecha para llevar sus manos a la parte trasera de mi cabeza, hundiendo sus manos en mi pelo para hacer aún más exigente el beso sintiendo como su lengua vagaba en mi boca, o la mía en la suya. Siento como un suspiro se escapa y caigo en la realidad, en el mismo momento el ascensor frena y ahora siento como se queja.
Sonrío entre el beso que se volvió mucho más tranquilo y suspiro, para terminar plantando un beso profundo y separarnos suavemente.
Las puertas se abren y nos separamos para salir del ascensor, caminamos hasta el cuarto be, giro dos veces la llave y entro, él detrás mío.
— Ponete cómodo, si podes – digo mientras camino hasta la heladera en busca de algo para tomar.
Cuando vuelvo, está sentado en una de las butacas altas sobre la barra que uso para desayunar, le dejo su latita de Dr. Lemon que él a los segundos se encarga de abrir.
— ¿Qué es eso? –pregunta señalando aquel cuadro que está en una de las paredes del living.
— Yo digo que es un elefante sentado tomando una birra –digo mientras observo el cuadro, y lo escucho reír divertido – mi hermana que fue la que me lo regalo dice que es un cuadro abstracto por lo tanto no hay figuras –rodeo mis ojos – y para Agos es una ballena chapándose a un pez – y volvemos a reír, esta vez juntos.
— Interesante –dice y yo sonrío – como ustedes estudian arte me quedo con el elefante borracho y la ballena chapando –rio divertida.
— Fue la única vez que Delfi me regalo algo abstracto, todos la vuelven loca con su cuadro –ríe.
— Pobre, encima que te regala algo relacionado con lo que a vos te gusta le hacen bullying.
— Es que, encima vino re entusiasmada con su cuadrito y lo primero que le digo “¿Qué es? ¿Un elefante tomando una birra?” Casi me mata – reímos los dos.
— No es para menos boluda –muerdo mi labio inferior.
— Igual, me encanta. Es una genia –lo veo sonreír.
— Se nota que te llevas re bien con tus hermanos – asiento lentamente con una pequeña sonrisa.
— Somos muy unidos –murmuro y él asiente con una sonrisa melancólica – vos te llevas re bien con Lucia también  ¿no?
— Demasiado –sonríe chiquito – pero que se yo… no todo es lo mismo.
— No, ni hablar… Son cosas que lamentablemente, aunque uno no quiera afectan a toda la familia.
—Si –murmura  y muerde su labio inferior.
— Hey –le sonrío – estas a tiempo, nunca es tarde.
— Las cosas están muy complicadas Pau –niega con su cabeza – ojala todo fuera tan fácil.
— Pero si vas a estar todo el tiempo sin hacer nada, nunca se van a solucionar Peter. No digo que tenes que hacer todo vos, porque llega un punto en que es hasta hartante remarla, remarla y no recibir nada o si, pero todo lo contrario –asiente – pero… al menos demostrale que vos si podes y queres hablar.
— Fuera de joda, intente hacerlo mínimo unas cinco veces y… ya está, o sea, si él no se calienta un poco por todo esto, yo no puedo hacer mucho más –asiento.
— Esta bien –le sonrío – ahora es tiempo en que te puedas enfocar completamente en tu final, te saque este tema porque por ahí no se… re metida, pero por ahí te hacia bien.
— No sos metida –acaricia una de mis mejillas – sos hermosa –le sonrío chiquito- y me encanta que te preocupes por mí.
— Me sale la rompe bolas de adentro, perdón –sonrío y él también lo hace.
Agarra mi butaca y la acerca más a donde esta él, para quedar más cerca, nuestras piernas encajen para que no se choquen y que acaricie mis mejillas suavemente.
— Me encantas así de rompe bola y loca –murmura y no puedo evitar sonreír, morder mi labio inferior y unir mis labios con los de él que al instante se suman al beso para hacerlo un poco más profundo, abrazarlo por su cuello y él por mi cintura para quedar casi pegados y limitarnos a disfrutarnos.
A sentir esa sensación tan linda que es perderse en el otro con simplemente un beso que te mueve todo el mundo.


•••
¡Holaaaaaaaaaaaaa!
Me tome cuatro días para caer en la realidad de que ya había vuelto a casa y y y 
ay, que manera de sufrir. Bue.
Estos dos volvieron con todo, espero que ustedes me reciban con todo también (guiño)
Subo uno nuevo después de los diez o más comenterios.

martes, 6 de octubre de 2015

21

Treinta segundos buscando alguna radio con una canción que le guste, yo muerdo mi labio inferior, es que no puede ser tan indeciso. Esta de espalda a mí buscando alguna canción que le parezca linda para al fin poder sentarse y disfrutar de la canción. Es cuando se escucha la típica lambada que se escucha su risa que me hace contagiar a mí, para que se dé vuelta y, dirigiéndome una mirada divertida
— ¡Me estas cargando! – sigue sin poder creerlo y me causa risa. Y antes de que gire para cambiar, yo me paro para acercarme y agarrarle las manos e improvisar un bailecito – ay no Paula
— ¡Que no! Dale –le sonrío y él muerde su labio inferior, para intentar moverse al compás de la música y mío.  – ¡Vuelta, vuelta, vuelta! – grito, y giro en mi lugar, para que cuando me encuentre nuevamente con él me sonría, vuelva a tomar sus manos, y esta vez bailar juntos.
Sus pasos son torpes, por eso ríe y me hace contagiar, de todas formas no nos separamos, uno mi mano con la de él, la que tiene libre la apoya en mi cintura y la mía ya está en uno de sus hombros.
Larga otra carcajada cuando me quejo de que me pisó uno de mis pies y esta vez enrolla sus manos en mi cintura, aunque el ritmo de la lambada sea otra, se mueve de lado a lado lento, haciendo que mi cuerpo haga lo mismo. Solo puedo sonreír y enredar mis manos en su cuello.
—Eu, así no se baila la lambada –le digo divertida y él hace una mueca de preocupación exagerada que me hace reír.
— No me gusta bailar lambada.
— Es que sos malísimo.
— Bailando en sí –dice con una sonrisa que me hace sonreír.
Mi celular quien sabe dónde está comienza a sonar avisándome que una llamada había llegado, por eso el libera mi cintura de sus manos, dejo un beso en su mejilla y camino a donde deje mi mochila, suponiendo que dentro estaba mi celular.
— Hola –logro atender antes de que corten. Después de buscar por casi toda la mochila me di cuenta que lo había guardado en uno de los bolsillos.
— ¡Tía! –su voz aniñada y llena de alegría me hace sonreír plenamente.
— Hey, hola mi amor. ¿Cómo estás?
— Bien… tía
— ¿Qué paso? –pregunto, mientras lanzo una mirada a Pedro que sigue buscando otra radio de espalda.
— ¿Vos queres cuidarme? - ¿Qué es esa pregunta? Toda la vida pienso cuidarla – mamá tiene que ir al trabajo y papá no puede –dice un poco desilusionada. No me quiero imaginar lo que se debe sentir tener padres separados, y tener apenas cinco años como esta chiquita tan linda.
— Obvio que si gordita… ¿Mamá te trae a casa o tengo que ir para allá? –y  escucho como le habla a su mamá preguntándole lo que yo le pregunte. Me saca una sonrisa, como casi siempre.
— Dijo que me lleva a tu casa a las seis
— Buenísimo Pili, te espero
— Llevo unas pelis de La Princesa Sofía así vemos juntas ¿queres tía?
— Entonces yo me encargo de las golosinas –escucho su risita que me hace reír también- nos vemos en un ratito reina. Te quiero
— Yo también te quiero tía –sonrío y muerdo mi labio inferior. Muerta.
Al cortar la llamada, levanto la mirada y me encuentro con un Pedro mirándome que cuando se da cuenta que lo caché se hace el tonto y mira para otro lado. Rio chiquito y me acerco a él.
— ¿Qué hacías? –le pregunte.
— Ah… seguía buscando música –me dice con una sonrisa y yo vuelvo a reír.
— Cállate, mentiroso –eleva una ceja. Me siento al lado de él, en uno de los pufs y no nos despegamos la vista del otro.
— Ponele que me colgué mientras vos hablabas por teléfono. –sonrío triunfante.
— Le pongo – también sonríe – viene Pili a casa en un ratito.
— ¿Ya te vas? – elevo una ceja.
—  ¡Desde las cuatro de la tarde que estoy acá loco! – demuestro un poco mi locura que lo hace reír y a mí sonreír. Él me hace sonreír.
— Perooo –y hace pucherito comprador al estilo de Pili que me hace sonreír.
— ¿Pero?
— Te iba a invitar a cenar una pizza que –y besa sus dedos - ¡es la mejor del mundo! –sonrío.
— No sé hasta qué hora tengo que cuidarla, pero si queres podemos comer esa rica pizza en casa… con compañía.
— Yo no tengo problema –y me sonríe, lindo, y muerdo mi labio inferior.
— Entonces hoy tenemos cocinero con Pili –sonrío feliz.
— Me voy a esmerar – sí, sigo sonriendo como una tarada. Aprieto una de sus mejillas con mis dedos y de un impulso me paro.
— Bueno la cita es a las ocho, así no comemos tarde. Mañana es jueves flaco.
— Ay si, cállate. Una semana para el parcial.
— ¿Cómo vas con eso?
— Estoy meta repaso, ya me lo se bastante bien. – sonrío.
— ¡Esa! –y chocamos nuestros cinco, para que termine enredando sus dedos con los míos, atrayéndome a él, finalizando con sus manos otra vez en mi cintura y plantando un beso en mi mejilla que me hace sonreír.
Se escucha que empieza el taxi y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo empezamos a bailar la coreo de esta, estallando en risas.
La paso tan bien con él, me hace reír tanto que las horas se pasan como pocos minutos, nos divertimos, podemos charlar mediante horas y horas de cosas banales como no, y además es tan lindo conmigo, es tan dulce… Que vale la pena siempre juntarnos.
— Bueno, me voy –le aviso y él asiente.
— Dale, en un rato estoy por allá.
— Se puntual – le digo con mi dedo índice en alto y una pequeña sonrisa para que él termine sonriendo y vuelva a rodear mi cintura con sus brazos.
— Obvio – dice en un tono más bajo, sube una de sus manos a mi mejilla y se acerca un poquito más para que nuestros labios se rocen, muerdo mi labio inferior y vuelvo a unir mis labios con los superiores de él, que se encastran perfectamente, es él quien toma el control cuando apoya esta vez sus dos manos en mis mejillas haciendo que el beso sea más rápido y a la vez intenso. Siento como su lengua choca con mis labios y en cuestión de tiempo como se sumerge en mi boca, enredándose con la mía, haciendo que el beso se vuelva aún más profundo  y que mi mundo comience a dar vueltas y vueltas, estoy tan metida en este beso que no me doy cuenta que caminamos unos pasos hasta que mi cuerpo choca con una pared, así, nuestros cuerpos estén más juntos y el beso pueda ser más exigente y pasional. Solo nos separamos por un mínimo instante para poder respirar, y volvemos a este beso que cada vez me vuelve más loca, y mucho más cuando ciento que él vaguea por mi espalda, de arriba abajo y viceversa. Siento como un suspiros se me escapa y la intensidad del beso bajar, hasta terminarlo con pequeños besos, con nuestras frentes enfrentadas y yo con mis ojos cerrados, mordiendo mi labio inferior. Al fin abro los ojos y me encuentro con los de él mirándome fijamente, con una mirada profunda.
— Te dije que me encantan tus besos ¿no? –pregunta murmurando y haciendo que muera en ese instante. Sonrío chiquito.
— Mmm, no. No me lo habías dicho –mi voz suena ronca, todavía sin poder recuperarse del beso.
— Bueno, es posta –sonrío y planto otro beso chiquito en sus labios
— La posta es que podría quedarme mil horas así, pero me tengo que ir –y muerdo mi labio inferior, lamentándome.
— Bueno, pero nos vemos después.
— ¡Obvio! Cuento con tus pizzas eh –él se separa un poquito de mí, para que yo pueda buscar mis cosas, y volver a acercarme a la puerta.
— Confía, soy multifacético –se agranda y yo muerdo mi labio inferior, sobrándolo para que me sonría - ¡En serio!
— Te creo –planto un beso sentido en su mejilla y otro en sus labios – a las ocho.
— A las ocho –Murmura y vuelve a unir nuestros labios en un beso chiquito.

[Él]

Toco tres veces la puerta y escucho una voz aniñada avisando que ella abría la puerta. En cuestión de segundos me encuentro a un ser chiquito con dos trencitas, en vestidito floreado y una sonrisa.
— ¡Pepeeee! –grita de la emoción y yo me agacho para que ella deje un beso en mi mejilla.
— ¿Cómo estas Pili?
— Bien. ¿Uschi no vino? – pregunta y yo niego seguidas veces.
— No, Uschi debe estar con su mamá –ella asiente. Cuando me levanto la veo a ella detrás de Pilar con una sonrisa chiquita – Hola – y camino esos cuatro pasos que nos separan para dejar un beso sentido en su mejilla.
— Hola – murmura con una voz tan tierna - ¿Todo bien? – eleva un poco su voz.
— ¡Listo para cocinar! –digo con entusiasmo y ella ríe.
— ¿Yo puedo ayudar? – dice Uschi con una voz de emoción y suplicando un “si”
— Ese es el trato: que me ayudes –le digo y ella salta y festeja el “si” encubierto.
Paula la mira totalmente enamorada, como siempre, lo sé porque también de ese modo la miró en la clínica, en la plaza… se siente a millas lo bien que se llevan y lo cuanto que se quieren ambas.
— ¡Muy bien! Manos a la obra –dice ella y nos dirigimos los tres a la cocina. Es la dueña de la casa quien me saca los utensilios necesarios y a pedido de la más pequeña nos deja solos cocinando.
Aunque ese tiempo aprovecha a sacarnos fotos, y Pili no deja de posar divertida para que nosotros riamos.
Las miro de reojo, todo está en silencio, hasta el televisor parece que se puso de acuerdo, un sonido de tensión se escucha y hace el momento más esperado: el momento de la verdad.
Veo como se miran con complicidad y de la nada, como si se hubieran entendido con la mirada, empiezan a aplaudir, y me sacan una gran sonrisa. Los aplausos se transforman en chiflidos (de parte de Pau) y gritos de festejos de parte de las dos.
— ¡Esa Pepeeee! –grita Pau y yo largo una carcajada
— ¡Pepe, Pepe, Pepe, Pepe! –canturrea Pili y Pau se copa al final.
— Hey, Pili también me ayudo –dije y Paula empezó otra vez con los chiflidos - ¡Pili, Pili, Pili, Pili! – para que después juntos canturreemos y sea la más pequeña que se levante de la mesa a hacer unos pasitos divertidos que nos hacen reír.  
— Hey ¿y yo? Les hice el apoyo logístico –dice Pau divertida y le guiño un ojo a Pili que me sonríe y se cruza de brazos imitándome.
— ¡Ah bue! –Se queja y la pequeña ríe - ¡Se van! ¡Chau!  -suena divertida y nos hace reír.
— ¡Tía, tía, tía, tía! – Canturrea Pilar y yo me sumo al final – ¡Hey, no es tu tía! –se expresa al igual que su tía, y nosotros no podemos no reír.
— ¡Ay pendeja linda! –aprieta las mejillas de su sobrina que se queja, y después planta un beso en su mejilla - ¡Linda! – le repite otra vez haciéndola reír.
Soy el encargado de secar lo que ella lava concentradísima en su tarea, yo, en sus facciones tan lindas y relajadas. Muerdo mi labio inferior.
No puedo estar tan hasta las manos por esta piba.
— Sos hermosa –se me escapa en un susurro. Ella gira para dirigirme una mirada y una sonrisa linda.
— ¡Ubícate pendejo! –suena tal la artista del programa más conocido en Argentina, y me hace reír, mucho, por eso ella se contagia.
— Tarada –sigo hundido en risas y ella aprovecha a poner una de sus manos en mi mejilla. Mira para atrás, fijándose que la más pequeña no esté cerca, y vuelve a mí para unir nuestros labios en tres besos chiquitos.
— Vos sos lindo –me murmura estando todavía cerca – muy – y planta otro beso más profundo para sonreírme, sonreírle y que vuelva a su tarea.
Muerdo mi labio inferior.
No doy más.



•••
Ayy, perdon que colgue.
Estoy a cuatro dias de irme a Bariloche de viaje de egresados y seguramente, la que ya les toco vivir esto saben de que se trata: un lio IMPORTANTE.
Pero aquí estoy, con estos dos loquitos tan lindos.
¡Espero sus comentarios!
[espero volver antes de irme con dos o tres capítulos más]

viernes, 2 de octubre de 2015

20


[Ella]

Una mano apoyada en mi pera, como sosteniendo que mi cabeza no choque con el pupitre. Muerdo mi labio inferior y saco mi celular para ver la hora: 11.20 hs y suspiro, veo que tengo el iconito de whatsapp avisándome de que tengo mensajes y cuando bajo la barra de herramientas me encuentro con su nombre.
Sonrío chiquito y lo abro, toda la mañana estuvimos hablando, él contándome lo afiladísimo que había ido mi viejo a dar clases, que los tenía re cortitos a todos, y que suplicaba porque no le pregunte nada, no había leído nada de nada como para defenderse.

“Me tiene de punta. ‘¿Qué es lo que estás haciendo con el celular en vez de a prestar atención?’ Casi me muero, Paula”
Rio chiquito y es Agos quien me levanta una ceja, para que yo termine negando y mostrándole el mensaje de Pedro, y que también ría.
“Ah, esta con todo hoy. Yo casi que ya salgo.”

Miércoles de la cuarta y última semana de septiembre y con éste miles de cosas vividas tantas buenas como malas. Recuerdo que el primer sábado de este mes yo festeje mis tan queridos veintiún años, con un gran almuerzo con mi familia, tarde de tortas, mates y saludos con amigos y algún que otro primo y a la noche también, una gran cena, pero esta vez con ellos: mis amigos. Días después, me veía a mí y a mis amigas llegar con una gran preocupación a la clínica donde se encontraban nuestros amigos, no como todos los viernes en donde disfrutábamos todos de disfrazarnos de payasos y sacarle sonrisas y risas a los más pequeños, esta vez fueron ellos, en especial Tomas quien tuvo que luchar por su vida, y se la banco tan bien.
También este mes lo conocí a él: a Pedro (o Peter, o Pepe), su alegría cuando le fue tan bien en su antepenúltima práctica. En cómo nos ayudó a Agos y a mí a llegar aquel día que los chicos tuvieron el accidente, porque tranquilamente, podría hacer como si nada y seguir en la fiesta de su mejor amiga… Pero por lo contrario, y apenas conociéndonos, se ofreció a llevarnos. Y creo que desde ahí las cosas empezaron a cambiar, él se mostró tan agradable, tan buena persona, de esas que no les importa si te conoce o no, solo quiere ayudar. Su humor tan lindo y sano que hace reír hasta el ser más amargado, sus ojitos tan lindos… Y esa forma de ser conmigo que hace que sonría, y me sienta totalmente una tarada.
Un mes con miles de sensaciones encontradas, pero que valieron la pena vivirlas, para saber a quién tengo a mi lado, para darme cuenta la importancia de algunas personas en mi vida, y para permitirme conocer a nuevas, que con apenas días, no quiero que se alejen de mí.
“Ya salí, llego y me acuesto un ratito. Te espero eh”
Leo aquel mensaje cuando ya estoy esperando a que llegue el bondi que me iba a dejar a unas pocas cuadras de casa. Sonrío, al recordar a como se enojó el lunes, después de aquel abrazo eterno y llenos de sonrisas, porque le dije que no podía juntarme al otro día con él cuando me pidió acompañarlo a la clínica, entonces, más o menos me obligo a que al otro día (¡hoy!) vaya yo a su casa para pasar la tarde juntos.
“Obvio, yo espero que no me abras la puerta con cara de dormido.”
Me despido con un beso en la mejilla con Agos que demostró una gran felicidad cuando vio el auto de su hermana. Claro, a ella la buscan, yo me tengo que fumar quince minutos en el bondi para que, encima, después tenga que caminar otras cinco cuadras más para llegar a casa.
Pero por favor. Es más, te voy a esperar con el equipo de mate”
Y pobre de mí, que ilusa fui al imaginarme ya el equipo de mate en la mesa del comedor, tal vez, con algunas galletitas dulces y él ya totalmente despierto, dispuesto a charlar…
Pero no.
Elevo una ceja y sonrío totalmente divertida. Esta apoyado a la puerta, mirándome con sus ojos semi abiertos y una sonrisa adormilada que me puede, muchísimo.
Un jogging gris y una musculosa blanca que deja ver por completo sus brazos.
Te voy a esperar con el equipo de mate, te voy a esperar con el equipo de mate – digo, con una voz burlona que lo hace sonreír a él y yo muerdo mi labio inferior- ¡Mentiroso! –sueno divertida y él, sin decir nada, se acerca para envolver sus brazos en mi cintura y abrazarme.
— Soñé tan lindo que  ni me acorde de apagar la alarma –su voz en ronca y yo rió chiquito, para también abrazarlo un poquito.
— ¡Diez minutos tocando la puerta, loco! –me quejo y él ríe, para separarse y dirigirme una mirada, morder su labio inferior.
 No puede más.
¡Paula resistí!
— ¡Perdón! – y yo río chiquito.
— ¿Me puedo hacer la rogada? –pregunto, con una sonrisa chiquita. Toma una de mis manos para que entre.
— Suficiente con que el lunes me esquivaste como una campeona y ayer me dijiste que no podías.
— ¿¡Cuando te esquive!? – hacerse la boluda es la mejor opción. – Ayer estuve todo el día haciendo un trabajo de mierda, posta que no podía. – miro a mi alrededor, y elevo una ceja. Demasiado ordenado para ser un departamento de un flaco que vive solo. Y que su prioridad es obviamente estudiar para poder recibirse.
— Anduvo Lulu por acá, esa es la respuesta –y como si hubiera leído mi mente, me responde. Y yo sonrío. Mimado de su hermana.– y para hacerte recordar, cuando vos te estabas por ir, me corriste la cara.
— Te di un beso en el cachete, ¿Qué esperabas? ¿Qué te chape zarpadamente? – él solo eleva una ceja y se le escapa una sonrisa. - ¡No! Tengo un toque de orgullo aunque no lo demuestre.
— Es que sos tan linda –planta un beso en mi mejilla y yo sonrío – ahora que me doy cuenta, tenes que tener cuidado, ¿mira si otro, posta tiene intenciones de estar con vos solamente porque sos linda e hija del médico más conocido de Buenos Aires? – Suena divertido y yo muerdo mi labio inferior.
— Odio que mi viejo sea reconocido. Me ha pasado, posta… que viejas en la calle me saludan y más o menos se les caen la baba por mi viejo ¡O sea, soy su hija, loco! –Lo escucho reír – ni que fuera una estrella de Hollywood.
— Debe ser horrible –asiento.

Camino hasta donde se encuentra él, después de haberle pedido permiso para pasar al baño, me siento en el mismo sillón que esta él y enseguida me pasa otro mate.
Ya vamos una pava. ¡Como  para que no tenga ganas de ir al baño!
— ¿Por qué… tu hermano te odia tanto? –pregunto así de la nada, veo como le sorprende y yo muerdo mi labio inferior. No se medir mi nivel de curiosidad-  Ay, si no queres contarme, no importa –apoyo una de mis manos en su rodilla. Me dirige una mirada profunda y lo veo asentir.
— No… no sé si me odia. O sea, fue todo muy raro, muy confuso –asiento, dándole a entender que siga – Fines del año pasado yo empecé a salir con Vanesa, una de las chicas de un grupo de amigos que también estaba Francisco –asiento- no soy muy noviero, pero cuando me doy cuenta de que en verdad me gusta esa persona doy todo de mí para que la otra persona sienta lo mismo –sonrío chiquito- estaba estúpido, demasiado. Me tenía re enamorado
— Jodeme que te dejo por tu hermano. –asiente lentamente y mis ojos se vuelven más grande.
— Un día llego a casa de ella y me los encuentro juntos, charlando, obvio –un alivio se presentó en mi cuerpo – no me pareció raro porque tipo, éramos todos amigos –asiento – si sentí un clima bastante tenso… Que cuando él se fue, Vanesa me aclaro que había pasado. Y me contó, que empezó a sentir algo por Francisco, que sabía que él sentía lo mismo que ella… Termine hecho mierda, porque posta que la quería, estaba bastante enamorado.
— No entiendo porque tu hermano te hace sentir mal cuando vos tendrías que… no sé, odiarlo.
— Se justificó con que yo sabía que a él le pasaban cosas con esta chica mucho antes de que yo empiece a salir y de que me chupo todo un huevo –elevo una ceja - ¡nunca me había dicho nada! Y tampoco me di cuenta, no sé –muerdo mi labio inferior.
— ¡Que quilombo, boludo! –Lo veo asentir - ¿nunca pudieron aclarar las cosas?
— Intente ochenta mil veces hablar. Pero siempre es lo mismo… la mina ahora me chupa un huevo, obviamente que le tengo cariño, pero… Francisco es mi hermano, y es una mierda estar así.
— Me imagino –muerdo mi labio inferior.
— Y mi viejo me rechaza un poco… lo defiende a muerte, aunque me haya visto mal por unos casi dos meses.
— ¿Y tu mamá?
— Mamá… odia pelear, entonces no se mete. Quiere que todos estemos bien, y sé que estas boludeces que hace Francisco la hacen mierda. Por eso no reacciono como me gustaría, porque siempre que pasa algo es cuando esta ella.
— Seguro lo hace apropósito.
— La verdad que no me sorprendería –me sonríe - ¿vos? ¿No te peleaste con tu hermana por algún loquito? –sonrío, divertida y niego.
— No, loquito. Tampoco me gusto pelear… me tomo todo con mucha tranquilidad, veras –le sonrío y él asiente – es que no… no me sale.
— Vos discutís con altura. Se re nota que no te gusta.
— Es que te juro que me pongo horrible
— ¡Ahí esta! Otra vez con el tema “horrible” –hace con sus dedos las comillas, sonrío divertida - ¿no paras nunca vos? Estoy sospechando a que lo haces apropósito para que te diga lo linda que sos –río divertida.
— ¡Me has atrapado! –Grito con entusiasmo y él larga una carcajada para que me contagie un poquito y acorte la distancia, para volvernos a abrazar.
Sonrío, al sentir esa sensación tan linda cuando nos abrazamos, cuando acaricia mi espalda seguidas veces y yo largo un suspiro. Me separo un poquito para mirarlo, morder mi labio inferior y hacer que nuestras narices se choquen, cerrar los ojos y sentir otra vez como nuestros labios se rozan, para que se toquen por completo y sea él quien comience un beso delicado, robándome un suspiro.
Sube sus manos a mis mejillas acariciando mis pómulos, me separa por un instante y vuelve a unir nuestros labios, esta vez haciendo que sea más profundo, que nuestras lenguas vagueen por la boca del otro, recorriéndola por completo, enredándose la una con la otra, mientras que sus manos bajaban hasta mi espalda recorriéndola por completa hasta subir a mi cabeza y enredar sus manos en mi cabello, volviéndome un poquito más loca de lo que me tenía, queriendo que este beso dure casi como una eternidad. Esos labios tan dulces que me besaban con tanta pasión y desesperación, a tal punto de que vuelva a bajar sus brazos a mi cintura para atraerme un poco más a su cuerpo, y yo, todavía abrazándolo por su cuello. Es cuando escucho otro suspiro escaparse por parte de él que retomo conciencia, y voy haciendo este beso un poco más pausado, dulce y tierno, tal como había empezado antes de formarse en uno con desesperación y ganas de seguir.
Pero la falta de aire y el tema “conciencia” se presentan, haciendo que nos separemos lentamente, con pequeños besos.
— Quiero vivir en tus besos –murmura con su voz ronca, robándome una sonrisa, y otro pequeño beso. Muerdo mi labio inferior y me alejo lo suficiente como para seguir con las frentes juntas y poder ver todo su hermoso rostro.
— Basta –le reprocho su ternura tan linda.
— En serio te digo –sonrío - ¡Ay, sos hermosa flaca! –y le agarra un ataque de locura, por eso me toma de mis mejillas y me planta otro beso lleno de risas por mi parte.
— Loco de mierda –le robo yo un beso – vos sos lindo. Demasiado –me sonríe – pero no te la creas.
— Ya estar chapando con vos hace que me crea mil, no sé –largo una carcajada y le pego una suave cachetada en su mejilla que lo hace reír.
Y a mí plantar un beso en su mejilla.


•••
¡Quiero sus comentarios!