[Paula]
Siento ese dolor que me hace sentir tan satisfecha en la
muñeca, y por última vez dejo en la hoja ese punto final dándole como bien dice la palabra el fin a este ¿descargo? Que resulto de la nada y que quedo grabado
en una de las hojas de mi cuadernillo.
Hay muchas maneras de hacer un descargo, a veces se me da
por salir al balcón, recostarme en una de las reposeras que tengo y simplemente
ver ese cielo tan grande y profundo, otras, mayormente cuando la bronca invade
mi cuerpo y no hay con que frenar, sin importar nada, prendo el reproductor de
música y hago un mini concierto a mis vecinos, que sí, sé que esos días me
odian. Otras veces me agarran esos ataques artísticos y se me da por pintar,
aunque reconozca que no es mi fuerte el dibujo, es una muy buena manera de
despejarse, o no, de pensar.
Escribir, escribir es
una buena opción cuando no podes expresarte, es como una necesidad, esa
necesidad de agarrar un lápiz, una hoja y escribir, escribir y escribir.
Cuando llegue a casa después de pasar la tarde junto a
Pedro, lograr esa charla y poner un acuerdo, necesitaba ese descargo,
necesitaba que las cosas queden ordenadas en mi mente, y las letras es una
buena opción cuando estás sola y no sabes para donde disparar. Creo que todo había
quedado en claro, desde que ambos queremos seguir con este “algo” que tenemos,
hasta volver a empezar, esta vez bien, despacio y sin tantas “cagadas” que
terminaban en enojos y después perdones. Ambos estamos llenos de impulsos,
ambos queríamos todo ya, parecía que corríamos una carrera y no nos dimos
cuenta que la pared estaba cerca, y que cuando te la chocas duele, duele mucho.
Por suerte no llegamos a chocarla.
Por eso es que agradezco de que haya pasado todo lo que paso
aquel día en que me deje llevar por ese gran impulso de ir hasta su casa, y
aunque simplemente iba para pasar un rato de tiempo con él almorzar y ¿Por qué
no? Conocernos un poco más, él se haya sacado de tal manera que bueno, estalle
todo, agradezco porque me di cuenta de lo rápido que íbamos, de que si
seguíamos así todo terminaría en no sé qué pero seguro que en algo que después
los dos no hubiéramos elegido que pase todo así.
Sonrío, conforme con todo lo que escribí, que es lo que
pienso y largo un suspiro, miro la hora del celular: 19.30 y es cuando veo en
la barra de las notificaciones el icono de whatsapp y claro, miles de mensajes
en el grupo que tengo con mis amigos.
Ronda de amigos así
se llamaba nuestro grupo, un nombre demasiado obvio, pero con un significado un
tanto especial, ese momento, en el que estamos todos en ronda, compartiendo
algún mate, o alguna canción de la mano de Agus, historias, risas, esto es lo
especial, esto es ronda de amigos.
Ronda de
amigos
Veinte mensajes no leídos
Agus cachetes: Hey pibes en casa a las nueve
Agos bella: vas a hacer asdo?
Agos beba: asado*
Anita: podrías mi amor, eh!!!
Shimo: eso mi amor!!
Agus cachete: trolo
Agus cachetes: nah ni en pedo, hamburguesas no más.
Y los forros seguían hablando, rodee mis ojos y sin leer lo
que seguían escribiendo puse simplemente:
― Uy como hablan, forros, llevo helado
Prácticamente salí corriendo hacia mi habitación, buscar que
ponerme e ir directo al baño para una larga y relajante ducha.
***
― ¿Quién quería más chori? – llego gritando nuestro amigo y
asador Agus a la mesa en donde estábamos nosotros disfrutando de rico asado, al
final se hizo rogar tanto para que con ayuda de su novia (y amiga) ella logre
convencerlo y termine poniendo alguna tira de asado y claramente, los clásicos
choripanes que no pueden faltar nunca.
― Ay yo –dicen a unísono nuestros dos amigos Simón y Tomi
con el propósito de hacernos reír, y claro que lo logren.
― Obvio chicos, para ustedes siempre hay –y que vuelva a reír
de los chistes boludos que hacen, quedando más boluda yo por reírme de los
mismos.
Es que ellos tienen la facilidad de hacer reír a cualquiera,
y aunque se supone que pasar mucho tiempo con ellos me canse pasa todo lo
contrario, cada vez disfruto más de su amistad, disfruto de sus chistes y me
rio a carcajadas.
― ¡Para, histérico! –Agos le grita al celular y todos nos
quedamos como “¿y a esta qué le pinto?” para que cuando levante su mirada se
encuentre toda la de nosotros y ría chiquito, se refriegue su cabeza y bufe.
― ¿Chongui nuevo? -
pregunta Simón y ella ríe divertida.
― No boludo, lo único que me falta. Mi padre –bufa, llama así
a su “viejo” cuando está enojada, no es que viene de la realeza y llama a sus
papás madre y padre. No – Al pibe le regalaron un celular nuevo, ¡SI! Mamá no
tuvo una mejor idea, ¿y adivinen quien fue la encargada de pasarle todos los números?
¡Acá! Nunca mejor dicho, la negra pasándole todo sus seiscientos números - juega con su tono de piel como la mayoría de
las veces, y nosotros reímos – boludo, me olvide de un solo número y ahora a la
que le rompen las bolas es a mí claro.
― Posta que no entiendo para qué la gente mayor, inclusive
te cruzas con viejos de ochenta años y tienen un celular mejor que el tuyo, ¡Al
pedo! Si no entienden un pito –dice Tomi.
― Que wasap, el feis,
yutube -enumero, también sumándome a
las críticas divertidas
― Uff, mi vieja hace lo mismo, a veces me habla de unos
videos o fotos que le pasan ¡como si yo supiera! No entiende que los chats son
privados. –Ana.
― Nosotros tenemos un grupo los cinco –comento – y nunca
falta el “nosotros todo bien, besitos” de papá –largamos una carcajada –o que
por ahí responde algo viejo y por ahí nosotros con mis hermanos estamos
jodiendo y salta uno de sus mensajes y nos quedamos como “¿eh?” por un momento –volvemos
a reír.
― Son un desastre los viejos –llega a la conclusión Agus y
todos asentimos de acuerdo.
Es cuando estoy saliendo del baño que mi celular vibra
tanto, tanto que me obligo a sacarlo de mi bolsillo para encontrarme con una
llamada de Pedro y que atienda.
― Hola Peter –el barullo de mis amigos es tanto que me meto
en una de las habitaciones de mi amigo - ¿todo bien?
― Pau, si ¿vos? ¿Estás ocupada?
― Todo bien, no, recién terminamos de cenar con los chicos,
por eso es que se escucha tanto quilombo –rio chiquito y él se contagia.
― Quería hablar con vos, pero si estas con los chicos, hablamos
más tarde o cuando puedas, no quiero joder.
― ¿Hablar de qué? ¡Tarde! –lo escucho reír chiquito.
― ¿Posta? Mira que hablamos otro día, y de paso me sirve
para verte.
― Sabes que nos podemos juntar cuando quieras, boludo
― ¿Seguro?
― Dale, ¿Qué es lo que querías hablarme?
― Vanesa me pidió de juntarnos a hablar –larga y frunzo mi
ceño – y yo no sé qué hacer, tipo, no es que te llamo para pedirte permiso o lo
que sea.
― ¿Entonces? –murmuro.
― Sé que tal vez es un poco incómodo, pero ¿vos irías a
hablar?
― Emm… Uf, que difícil Peter
¿No tiene amigos para que lo aconsejen? ¿Es necesario que la
chica con la que queres volver a empezar algo te aconseje? ¿Así te ganas a una
mina, amigo?
― Porque yo con ella todo bien, pero no sé, tampoco quiero…
que llegue a pasar algo que se vuelva ¿incomodo?
¿Incomodo? Ah bue.
― Solo puedo decir que si vos sentís que es necesario
juntarte y hablar todo lo que no fue hablado en su momento que vayas, nadie te
frena – no quiero sonar fría pero ¿es posible no hacerlo? – Es algo muy
personal esta decisión Peter –hago una pausa - ¿vos que sentís?
― Antes tenía bien en claro en que no quería ninguna explicación,
todo terminó hace rato, y ya no había vuelta atrás que cambien las cosas.
― ¿Pero? –pregunto con una sonrisa irónica.
― Pero… no sé si te paso alguna vez pero cuando volves a ver
a esa persona empezas a dudar de todo y... Perdón que te llame Pau, todo re
incomodo ¿no? –rio chiquito.
― Un poco –digo sonriente – pero todo bien, así lo sentiste
y está bien Peter. – en serio que está todo bien, por lo menos confía en mí y
me cuenta – y si te permitiste dudar, yo también me permitiría darme ese gusto
de la charla.
― Gracias Pau, solo quiero que quede todo claro y creo que
para eso necesito esa charla –asiento.
― ¡Me parece bien Peter!
― Sos un amor vos nena.
― Tendría que ser todo menos fotógrafa –digo divertida para
que él ría.
― ¡Hey, como fotógrafa sos una genia también! – rio chiquito.
― Gracias por el halago… Y también por confiar en mí para
contarme esto.
― Un poco estúpido de mi parte contarle todo esto a la chica
que me gusta, pero después de llamarte y estar contándote me di cuenta –río.
― “A la chica que me gusta” ay
― ¿Qué? ¿Recién te enteras? Sos vos eh –vuelvo a reír.
― Tarado, ya sé, pero no deja de sonar lindo tampoco.
― Vos sos linda, y me voy así seguís disfrutando de tus
amigos.
― Bueno dale –sonrío – suerte con todo eso
― Te quiero – instantáneamente se me escapa una sonrisa.
Muerdo mi labio inferior y suspiro chiquito.
― Yo también.
•••