lunes, 25 de septiembre de 2017

47

47.

Sonreí.
La felicidad invadía mi cuerpo, sintiendo que nada ni nadie puede arruinar este momento.
Disfruto cada instante e internamente me agradezco a mí misma de ser así: una agradecida de hasta los momentos mínimos pero no menos insignificante.
Las estrellas invadían el cielo azul oscuro y la luna se dejaba ver cerquita del mar, casi tocándolo.
Estaba hermosamente enorme y redonda, haciendo del momento aún más especial.
Habíamos hecho una ronda para sentarnos como coligue, y en el medio una pequeña fogata.
La imagen daba a que estábamos haciendo una especie de pedido a los astros, como una especie de macumba, tal vez aquella señora que paso con su pequeño perrito lo pensó.
Pero en realidad, disfrutábamos de la amistad con música, que se puede considerar también un ritual, lo llamaría: “el ritual de la felicidad”.
Era noche de cierre, lo que me ponía un poco sensible y queriendo que todo sea más lento, por lo contrario parecería que las horas se pasaban rapidísimas.
Los últimos quince días compartidos con estas (lindas) personas también se pasaron rapidísimos. Un indicio de que lo pasamos bien, bueno, demasiado bien.
Pensábamos que nos iba costar la convivencia, pero ni siquiera fue un tema hablado durante estos días. Todos, al parecer, estábamos de acuerdo en que veníamos a disfrutar, y el orden y respeto entra en esos tips para “disfrutar las vacaciones”.
Y eso de que con casi la mitad del grupo nos conocíamos muy poco como para convivir, pero sobrevivimos, y estamos acá, escuchando a nuestra ya amiga cantar, haciéndonos sonreír con su voz que eriza la piel, que hace olvidarme del mundo externo.
Mira a mi alrededor, todos están disfrutando.
¡Que hermoso momentos!
La melodía de la guitarra calla y suspiro, con molestia, me había acostumbrado a escucharla junto a Lali.
La aplaudimos, se lo merece.
Ella sonríe dulce y ampliamente, seguramente sintiéndose plena.
– ¡Tengo un juego! – dice Anita, levantándose de un impulso, para llamar la atención de todo el grupo.
– ¿El juego de la botella? –dice Simón divertido.
– Noo, que embole –dicen a coro Agos y Tomi.
Todos estamos de acuerdo.
– Aparte estamos como en clima de despedida, no da ese juego –dice Anita. Frunzo el ceño ¿Qué tiene que ver? Bueno – Traje papel para todos y lapicera.
– Jodeme que queres jugar al tuti fruti –dice Pedro y yo largo una carcajada. Él se contagia, y acaricia mi mano discretamente.
Estamos uno al lado del otro, pegados con boli goma
– ¿¡Algún día voy a terminar de plantear la idea!? –dice Anita elevando la voz en un tono divertido. Esta vez nos proponemos no interrumpirla, esperemos – la idea es escribir una frase, una palabra o si quieren también dibujar lo que significó el viaje para ustedes, personalmente ¿les copa? Es lindo y también nos queda un recuerdo.
Todos aceptamos el reto.
Ahora sí parece que estamos escribiéndole a los astros. 
Sin dudas, fue un viaje especial, decidí hacerlo sabiendo de que iba a cambiar un ante y un después, no me equivoque, y tampoco me arrepiento. A los chicos (los no-payamedicos) los conocimos unos meses antes, teniendo buena onda desde el momento cero, pero este viaje hizo que la buena onda y la confianza se intensifiquen aún más.
Vivimos momentos hermosos, tuve la oportunidad de conocerlos, de reafirmar las buenas personas que son.
Y eso es un gran detalle de este viaje, que no me lo va a hacer olvidar fácilmente.
Lindas palabras, frases e intentos de dibujos nos hicieron reír y emocionar –o al menos a mí- haciéndome sentir aún más plena.
– Te toca Polet – me avisa Anita.
– Mi palabra es “Momentos” porque eso es lo que es todo el tiempo: momentos, y estos días todos fueron lindos, únicos, con altibajos, pero únicos. Y estoy muy agradecida de que todos estos momentos hayan sido con ustedes que a todo lo hacen más espontaneo, más risueño. Posta, que lo pase muy lindo con ustedes, gracias – sonrío chiquito.
Ellos me devuelven el gesto. Miro a Pepe y me sonríe chiquito, para plantar un beso en mi mejilla.
– Pepe es tu turno –dice Anita.
– Bueno, yo puse la palabra “Especial” –hago una pequeña pausa para ver los rostros de mis amigos – porque así fue todo: especial. Ustedes hicieron estos días especiales, únicos, creo que este viaje no hubiera sido tan especial sin ustedes, poniéndole esa cosita cada uno que hizo que estas vacaciones las disfrute tanto. Y eso, gracias –sonríe, sonrío.
– ¡Por más momentos especiales! Sea de vacaciones o tomando mates en una plaza –dice Lali y todos sonreímos.
Nos paramos todos, para chocar nuestros porrones en forma de brindis y terminar la ronda todos abrazados.
Agradecida de vivir esto con ellos.

***
Sale de la cocina con dos cervezas –sí, seguimos tomando – y me sonríe chiquito. Me levanto del sillón de la sala para juntos ir al patio, sentarnos en el medio de este.
Que nuestras miradas se crucen y sonriamos.
Un suspiro se me escapa y apoyo mi cabeza en su hombro.
– ¿Cansada? –murmura y con una de sus manos acaricia mi rostro.
– Un poco – digo, en el mismo tono. Por ser el último día lo disfrutamos a full.
– Sí, yo también. Pero esta tan lindo para estar afuera –sonrío y me reincorporo. Me da mi cerveza. 
– Si posta. Además es como que se me viene a la cabeza que ya el lunes arranca la rutina y no me dan ganas de dormir, solo quiero disfrutar lo que queda –asiente.
– Y yo que arranco con las rondas
– ¿Nervios? –pregunto con una sonrisa, y acomodo un mechón loco
– Cagaso –dice y rio chiquito.
– Vas a ser el mejor –sonríe.
– ¿Vos también arrancas el lunes?
– No, la facu la arranco recién a mediados de marzo. Pero tengo un par de sesiones para hacer – él asiente.
– Es más tranqui igual ¿o no?
– Si, re – sonrío – pero como tengo bastantes no sé si es mejor o peor –reímos.
– ¿Y vuelven los paya también?
– Ay sí, re extraño –sonríe - ¡Tenes que volver! –le pego suavemente en su pierna y el muerde su labio.
– Noo, ahora ya no puedo
– Pero yo hablo con mi viejo boludo
– Menos, después me van a tratar de acomodado –dice divertido.
– Y si lo sos –digo, peleándolo y él rodea sus ojos. Largo una carcajada y lo abrazo por el cuello para dejar un beso sentido en su mejilla. El me mira y estira sus labios formando una trompita. Vuelvo a reír y beso sus labios cortamente. – Que lindo estar acá con vos –sonríe.
– La pase muy bien – sonreímos – espero que nos encontremos en otras vacaciones juntos –asiento y me sonríe, acaricia mi mejilla y besa delicadamente mis labios - ¿nos vamos a seguir viendo no? – su timidez sale a la luz.
– Si, obvio –murmuro, cerca de su rostro para dejar otro pequeño beso – bah, si queres – digo divertida y vuelve a rodar sus ojos.
– Más vale que quiero, Paula –largo una carcajada.
– Bueno, entonces sí –sonreímos.
– Te quiero –murmura – hiciste de mi viaje unos días únicos y lindos… los chicos también, pero no hubiese sido igual si no estabas acá –sonrío.
– Mi viaje tampoco hubiese sido igual sin vos –murmuro y me sonríe cerquita – te quiero
Une sus labios con los míos delicadamente, yo rodeo una de sus mejillas con mi mano y suspiro, sonreímos y volvemos a nuestro beso que cada vez sube más de tono.
Cuando nuestras respiraciones no dan para más, nos separamos a penas y sonreimos.
Nos abrazamos.
Feliz
De estar con él.


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domingo, 17 de septiembre de 2017

46

[Ella]

El olorcito a panadería llego a mis fosas nasales y ya no hubo vuelta atrás, ya aunque quisiera no podía volver a dormir.

Admiraba el sueño que tenían mis amigas y compañeras de cuarto: Agos y Lali. Seguramente Anita y Flor ya estaban levantadas.

Calzo mis ojotas y salgo en reencuentro de aquellas facturas... no mentira, de mis amigos.

― ¡Buen día!

Una sonrisa amplía para que este día sea bueno.

En aquella mesa se encuentra Flor, Anita y Gas que también me saludan con una gran sonrisa.

― ¡Buen día Pauli! –dice Gas con aquella sonrisa linda y me acerco un poco para plantar un beso en su mejilla y después en el de las chicas.

Me siento al lado de Anita que me abraza un poquito y yo sonrío, feliz... hay medialunas y mate.

― Les juro que me despertó el olorcito – mis amigos largan una pequeña carcajada y es Flor quien me pasa un mate.

― Gas se portó y fue a comprar –dice la cebadora y yo le sonrío al muchacho haciendo con mi dedo pulgar que estaban buenísimas, mientras masticaba una de las facturas.

― ¿Cuándo llega Us? – pregunto, mientras le devuelvo el mate a la madre de la susodicha.

― Seguro está por llegar –dice, relojeando la hora en su celular y sonríe, seguramente ansiosa de reencontrarse con su pequeña.

La charla sigue, y los chicos se van sumando a esta y a los mates.

El día está bastante feo, por eso decidimos hoy quedarnos acá, es Tomi quien propone un partidito de truco, yo prefiero ir a esperar a Uschi con su mamá afuera.

― Perdón por lo de ayer –me dice de la nada Flor y yo elevo una ceja, sin entender muy bien – Que te trata mal, seguro ya te habrás enterado que tuvimos un cruce con Lali y bue...

― No pasa nada Flor –le sonrío – además, también estabas mal por el vuelo de Us... Te entiendo –me sonríe chiquito.

― Si, pero vos y Pedro...- suspiro.

― Flor... en serio, todo bien. Igual, ¿te puedo decir algo? -ella asiente – El que se sintió un poco mal fue Tomi –ella muerde su labio inferior y vuelve asentir, un poco arrepentida.

― Si, ya se –murmura – después caí en que no me porte del todo bien con él. Es un amor conmigo el flaco, y yo no sé... no puedo valorarlo del todo –sonrío pequeño.

― Lo mejor es que hables con Tomi, Flor –ella asiente – es una persona increíble y de verdad te quiere, te quiere muchísimo –sonreímos.

― ¿Vos con Pepe? –suspiro y muerdo mi labio inferior ocultando una sonrisa.

― Pedro me vuela la cabeza – ella sonríe ampliamente dejando ver su emoción – la pasamos muy bien juntos... Por eso es que ayer me comporte como una idiota, porque últimamente estos días en los que estamos todos juntos no sé, nos buscamos constantemente, aunque compartimos y nos divertimos con ustedes... no sé si me entendes.

― Si obvio –sonríe – me encanta verlos tan bien.

― Vamos de a poco, que se yo –me encojo mis hombros y sonreímos a la misma vez.

En eso llega un auto bordo, que Florencia lo reconoce enseguida y sonríe inmediatamente, yo, al ver que se trataba de Úrsula también sonreí, y fue su mamá quien al verla fuera del auto se acercó casi que corriendo hacia su reencuentro: un abrazo eterno.

Despues de aquel abrazo Uschi me abrazo con alegría y yo deje varios besos en su mejilla.

― ¿Cómo estas hermosa? – también era hermoso tenerla acá.

― ¡Muy bien! – dice divertida y yo rio - ¿Y los tíos Gas y Pepe?

― Adentro, ¿queres que vamos? – ella asiente mientra da saltitos. La felicidad que maneja es incontrolable.

Una vez que ella se despidió de su papá, junto a Flor entramos a la casa, en donde nos encargamos de presentarla bastante fuerte para que todos noten la llegada de la más pequeña.

Ahora el ambiente es más ruidoso, pero también más alegre. Uschi se encarga de sacarnos carcajadas a todos, y eso se siente tan lindo.

Para la hora de la merienda, junto a Agos preparamos una torta para merendar todos juntos en el corredor.

― Uh, que rico –dice Tomi divertido detrás de mí tratando de meter su dedo en todo el chocolate cobertura de la torta.

― ¡Soy capaz de cortarte ese dedo! – Le digo en uno amenazante que termina siendo divertido para que más de uno riamos.

― A la mierda –dice Gas entre risas, esas que contagian.

Dejo la torta y voy por servilletas, antes de sentarme y disfrutar de esta tarde que amerita estar todos reunidos a punto de tomar unos ricos mates con torta, festejando un poco también la llegada de Uschi para disfrutar con ella estos poquitos días que quedaban acá.

― Hey, ¿Qué te olvidaste? – Pedro sale con un termo de agua en sus manos y una sonrisa chiquita.

― Servilletas.

― Te ayudo – dice, con esa sonrisa dulce que ¡AGGGH!

― Esta bien Peter, no hace falta.

― No ya sé, pero al menos puedo estar aunque cinco segundos con vos. Si es que no me seguís ignorando como venís haciendo desde hoy temprano.

― ¿Yo? – Asiente y rio chiquito – No te estoy ignorando Peter.

― ¿Ah no? ¿Entonces qué onda? Porque no dejaste que me acerque para nada hoy.

― No sé qué decís –doblar las servilletas para no mirarlo es una buenísima opción.

― Cada vez que quería acercarme estabas con alguno de los chicos –murmura y levanto mi mirada hacia la suya – no entiendo que paso. –suspiro.

― Nada –murmuro – perdón –muerdo mi labio inferior – soy una idiota. – Eleva una de sus cejas y se acerca para apoyar una de sus manos en mi espalda, yo bajo mi mirada nuevamente.

― ¿Por qué Pau?

― No sé porque mierda reaccione anoche así Pedro – escupo lo dicho, porque la bronca de haberme comportado así me invade – me dio muchos celos que te quedes con Flor a pesar de que habíamos quedado –murmuro, esta vez con una pizca de vergüenza – y te juro que yo no soy así Peter... Despues me puse a pensar y ¡Es lo más lógico que te quedes con Flor! Es tu amiga, es nuestra amiga y la estaba pasando mal. –Él me sonríe chiquito.

― ¿Y hoy? – Me encojo de hombros.

― Pensé que estabas enojado –vuelvo a murmurar – Nunca me di cuenta de que querías hablar conmigo, perdón – me vuelve a sonreír y deja un suave beso en mi mejilla.

― Me encanta pasar tiempo con vos – dice, encontrando su mirada con la mía.

― A mí también – le sonrío chiquito.

― ¿Estamos bien entonces? –pregunta, con una pequeña sonrisa.

Yo solo asiento, acercándome más a él, haciendo que nuestras narices se rocen.

― Te quiero –murmuro a centímetros de sus labios.

― Yo también te quiero – dice del mismo modo y me hace sonreír.

Une sus labios con los míos delicadamente, yo acaricio una de sus mejillas haciendo volver el beso más intenso. Me apoya en la mesada para quedar frente en frente y que sigamos en lo nuestro, haciendo que nuestras bocas se encuentren recorriendo cada recoveco y que la situación se vuelva más tensa.

― Hey ¿Qué paso con el mate? – Escuchamos la voz de Lali y enseguida nos separamos. Pero ella llego y nos vio en una situación bastante...rara, por eso ríe. - ¡Ah bue! Me hubieran dicho chicos que este era su punto de encuentro, nos encargábamos nosotros del mate y de las servilletas – muerdo mi labio inferior un tanto vergonzosa.

― ¿Qué decís La? Solo estábamos esperando a que este el agua – digo, descaradamente y ella ríe, contagiando a Pedro. Frunzo el ceño – Bueno, al menos me hubieras seguido boludo –le digo divertida y ellos vuelven a reír.

― Vamos dale – Dice él, agarrando el termo y perdiéndose en el pasillo de la sala al patio.

Esta vez me mira Lali con complicidad y yo largo una carcajada, la abrazo de costado y caminamos juntas hacia donde están el resto de los chicos.

Sonrío, suspiro.

Que hermosas vacaciones, que hermosas personas.