!
[Él]
— ¡La última, por fi, por fi! - piden ella a unísono a mi amiga que las mira con brazos cruzados y muerde su labio inferior ocultando una sonrisa. Yo solo le sonrío y asiento lentamente.
— ¡La ultima y nos vamos! Me va a matar si no tu tía Pili –y ella ríe divertida y agarra la mano de Uschi para subir por quinta vez a la calesita.
El reloj marca las seis y media de la tarde, y las más pequeñas siguen entusiasmadas en quedarse jugando por un rato más, pero bien claro dejo Paula al irse, que siete y media tenía que estar con la pequeña en casa de su hermana, y todavía teníamos que ir a la Clínica, que no estaba nada cerca.
— Pepe, ¿no me haces el favor de llevarla vos a Pilar? Porque no llego te juro… se me cierra para sacar unas fotocopias, y después tengo que llevar a Úrsula a casa de su papá.
— Si obvio no hay problema –le acaricio la espalda y ella me regala una sonrisa – así que Uschi se va a lo de su papá hoy –ella asiente y muerde su labio inferior.
— Todavía no me acostumbro –le sonrío – ya es la cuarta vez y me pido un pote de helado para mí, en la décima me ves rodando –y yo largo una carcajada.
— Sos muy exagerada, eso es lo que pasa –golpea uno de mis hombros – che, avísale por las dudas igual a Paula que se la llevo yo a la nena.
— Obvio amigo –me sonríe – se llevan bien ¿no?
— ¿Celosa? –canchereo y ella eleva una de sus cejas.
— No –me mira expectante - ¿Tendría que estarlo? –largo una carcajada.
— No, idiota –la abrazo de costado – a penas la conozco… y por lo que hable es buena onda –sonrío y ella asiente.
— Es re buena mina… ¡Pero no tiene chance! Sos mío nene. –le sonrío divertido.
— Tendríamos que casarnos nosotros dos. Los dos solos, vos sos linda, yo más…nos llevamos bien –su cara de asombro y yo aguanto mi risa.
— Hagamos un trato –me dice divertida- si nos agarra la vejez solos nos casamos ¿ok?
— Trato hecho –nos damos la mano y reímos divertidos, para que me pegue una suave cachetada y terminemos abrazándonos.
Las nenas vuelven corriendo de la mano y sonreímos, para que después de que ellas se despidan, Flor y Uschi salgan caminando para un negocio que quedaba a solo tres cuadras, y yo junto a Pilar, quien me tomo de la mano, vayamos donde estaba el auto para ir a donde estaba su tía.
— Átate el cinturón Pili ¿podes? – ella ya está sentada en el asiento trasero, y yo a punto de cerrar la puerta, me acorde que tenía que atarse.
— Si, yo puedo solita. Tengo mucha fuerza como mi abuelito –le sonrío.
— ¡Wow! ¿Tanto? Mucho más que yo –y ella me sonríe divertida. Le cierro la puerta para entrar al auto del lado del conductor y que cuando prenda el motor el CD de Topa que había quedado en el auto empezó con todo lo que da.
— ¡Es Topa! –Dice ella feliz y yo la miro con el espejo retrovisor - ¿Te gusta Topa a vos también? –me pregunta divertida.
— En realidad lo trajo Uschi, pero están buenas sus canciones. ¿Te sabes esta? –y la verdad que lo había escuchado mil quinientas veces gracias a la dueña del CD.
— Si, se llama para dormir un elefante mi mamá me la canta siempre que no quiero ir a dormir –dice divertida, y de la nada empieza a cantar – para dormir shh, shh –pone su dedito en la boca – para dormir – hace el mismo gesto –para dormir a un elefante –y ríe divertida – a que no te sabes esta parte –me desafía y yo elevo una ceja canchero.
— ¡Pero ayúdame eh! – y ella asiente con una sonrisa.
— Si se despierta de noche, sácalo a pasear en coche –cantamos los dos y ella rio – si se despierta de madrugada, acomódale bien la almohada. ¡Para dormir! Shh shh, -y ahí nos sacamos los dos- ¡Para dormir! Shh, shh. Para dormir a un elefante.
Seguimos cantando hasta que llegamos a la Clínica, y yo tuve que estacionar, para ayudar a bajarla y que me agarre mi mano, para caminar juntos en busca de su tía.
— El que encuentra a la tía primero gana –le propuse y ella me sonríe divertida, a todo nene le gusta ganar.
— Bueno dale –y ya se iba sola, pero yo la agarre de la mano.
— No para, no te vayas. No quiero después tener que buscarte a vos también – le digo divertido – veni, vamos por acá.
Caminamos por uno de los pasillos y ahí vemos a su tía y al grupo de amigos.
— ¡Ahí está, mira! –Me dice - ¡Tía! –y sale corriendo hacia ella.
La veo darse vuelta y al instante sonreír cuando ve a su sobrina correr hacia ella y agacharse para abrazarla fuerte, yo camino lentamente hacia ellas, y es cuando me la encuentro con sus ojos todos hinchados que mis facciones cambian, seguro algo paso.
— Hola hermosa de la tía –acomoda su pelito y acaricia sus mejillas mientras contiene las lágrimas - ¿Cómo te portaste?
— Bien, con Uschi jugamos un montón tía, ¿puedo ir a la casa de ella mañana? –y ella le sonríe.
— Hay que preguntarle a mamá primero – la pequeña asiente – Me mandó un mensaje Flor de que la traías vos –me sonríe - ¿no te cansas nunca vos? –Me encojo de hombros –me hubieras llamado y la buscaba.
— No me molesta… además, nos divertimos cantando en el viaje ¿No Pili? – reímos los dos y ella solo sonríe.
— Él también se sabe las canciones de Topa, tía –le dijo sin poder creerlo y Paula me miro divertida aguantando una risa.
— Me invade el auto Uschi –me justifique y ella ríe. La más pequeña pide de ir a saludar a los amigos de Paula por eso ella deja un beso en su mejilla y la deja bajar de su cuerpo, quedamos solos, y ella me mira por un momento, con sus manos en los bolsillos traseros de su short - ¿Está todo bien? –pregunto, con miedo. Porque su cara refleja tristeza.
— Sigue todo igual – murmura, luego muerde su labio inferior y agacha la mirada – hoy entramos todos juntos a verlo y me partió al medio –la miro fijo y asiento lentamente – está hecho mierda pobrecito –se le escapa miles de lágrimas y su respiración se acelera.
— Tranqui –le murmuro y me acerco a ella, para poner una de mis manos en su hombro. Me mira por un momento – es difícil pensar positivamente cuando sentís que no hay nada de nada positivo… Pero ya va a llegar ese momento, hay que tener paciencia –ella asiente y suspira, se seca sus lágrimas, acto seguido intenta sonreír pero le es imposible y otras cuantas lagrimas se escapan.
— Ay dios, perdón… -me dice y yo no entiendo bien a que se refiere – no sé, es como que haces mil quinientas cosas por mi… Me traes junto a Agos, me bancas así toda una idiota llorando, después traes a Pilar y yo… no puedo hacer nada para devolverte algo aunque sea.
— No seas tarada, no tenes que hacer nada por mí, ni mucho menos –frunzo mi ceño y le regalo una sonrisa – aparte ¿Cómo no te voy a traer anoche después de enterarte semejante noticia? Cualquier otro haría lo mismo, ya te dije. Y lo de Pili, tómalo como un favor que le hice a Flor que estaba a las apuradas –me sonríe chiquito – dale, relaja –muerde su labio inferior.
— Uff, que pibe –afloja su cuerpo y me sonríe – bueno, gracias… en serio. –le sonrío.
— ¿Precisas algo más? Mira que me agarras bueno hoy –le sonrío.
— No, no. Andate…ya hiciste mucho –sonreímos.
— Bueno, chau Pau, nos vemos –dejo un beso en su mejilla rápido.
— Dale, nos vemos Peter – sonrío por su apodo y saludo de lejos a Pili que se encuentra en brazos de Agostina que también me saluda, y giro para irme y volver a casa.
Después de un lindo día lleno de juegos y alegría.
[Ella]
El ruido odioso de las mañanas empezó a sonar seis en punto, que fue pospuesto seis y cuarto para que siendo seis y media salte de la cama después de una gran puteada y vaya directo al baño a cepillarme los dientes.
Todo muy rutinario.
Lunes y una nueva semana empezaba, al fin el fin de semana había acabado y rogaba porque en la semana las cosas mejoren de a poco, porque entendí que esto iba a ser a cuenta gota, poco a poco, paso a paso. Como debía ser, para que todo salga bien.
Un té con leche y unas galletitas secas, para que después agarre mis cosas y salga prácticamente corriendo a la parada de colectivos. Lo único que faltaba era que llegue tarde.
Casi media hora viajando, llegue a la facultad, en donde entre a mi aula y ahí me encontré con Flor y su cara de dormida que me sonrío y yo le sonreí también.
— ¿Cómo estas negrita? –me pregunta y hago una mueca con una sonrisa.
— Bien –sonrío – quiero ponerle onda – ella asiente.
— Me parece muy bien –me abraza un poquito – ay perdón por no haber ido yo ayer, a llevarte a Pili… me sentí un poco culpable después.
— ¡¿Por qué?! No, está todo bien –le sonrío – aparte no podías, tenías que hacer tus cosas, está todo bien Flor –y ella me sonríe.
— Yo no sé cómo todavía no me odia Pedro. Lo uso de taxi, de chofer, de cocinero aunque es un desastre –rio divertida – de niñero... La paciencia que me tiene, por favor –reímos.
— Se nota que te quiere mucho –le sonrío – además es como que disfruta ser de taxi, para mí se está confundiendo de profesión –reímos las dos.
— Es un amor el negro –sonrío - ¿Agos? ¿Venia?
— Estaba un poco congestionada ayer y además de que no pudo pegar un ojo en todo el día, creía que se iba a quedar –asintió.
— Entiendo… ¿Hay alguna novedad de Tomas? –niego lentamente.
—Sigue todo igual… lo bueno es que no empeoro, pero… no se –la veo morderse su labio inferior.
— No queda otra que seguir esperando –asentimos las dos.
Vemos como aparece la profesora en el aula y después de saludar, sin más vueltas la clase empieza. Una mañana muy entretenida, por suerte… Los lunes teníamos bastante práctica, y eso ayudaba a que se pasen enseguida las horas. Siendo una y media de la tarde me vi saliendo de la Institución acompañada de Flor, ella habla por teléfono con su madre, yo veo mi celular, que me acaba de llegar un mensaje de Agos que me esperaba a almorzar juntas.
— Bueno Flora, nos vemos mañana –le digo, después de que ella corte la llamada.
— Dale Pochi, ya sabes, cualquier cosa que precises me llamas ¿sí? –asiento con una sonrisa y la abrazo.
— A la tarde podrían salir unos mates ¿Qué tul?
— Me parece perfecto, hablamos después entonces –dice ella con su sonrisa y yo asiento.
Salgo camino nuevamente a la parada, para que me deje el colectivo a unas pocas cuadras de casa de Agos.
Al llegar ella me recibe con una de sus sonrisas y un abrazo que se vuelve eterno, de esos que nos hace bien al alma porque te sanan por completo.
— ¿Cómo estas negrita? –le pregunto mientras entro a su hogar. Ella cierra la puerta y le da una vuelta a la llave, para luego darse vuelta y que me mire, haciendo una mueca y después una sonrisa.
— Un poco mejor, digamos –sonrío chiquito - ¿Cómo te fue en la facu?
— Bien, estuvo tranqui… Después te paso unas cosas que anote –ella asiente.
— Ya está todo listo –aplaude y sale para la cocina.
La ayudo a armar la mesa para que después ella traiga una fuente con ensalada de rúcala, queso y parmesano, acompañada con unos bifes a la plancha, cuando todo esté listo, nos sentemos en su mesa.
— Yo estaba pensando ¿no? –Asiento – el viernes tenemos otra función… Y puede que Tomi esté ya despierto y todo – murmuramos un “ojala”- pero no creo que él esté en condiciones de hacerlo –asiento lentamente.
— Lo haremos nosotros cinco, no sé –asiento- tampoco sé si Agus y Simón tendrán muchas ganas –muerdo mi labio inferior.
— Si, es verdad. Mejor dejemos a que pase un poco la semana –asiento y sonrío chiquito- cambiando de tema, que buena onda Pedro ¿no? –Me sonríe y yo elevo una de mis cejas- no me mires así boluda, te ayudo un montón con Pili ayer, no cualquier lo hace.
— Igual onda que lo hizo por Flor, pero si… re bien, es un divino.
— Un divino, un divino –me hace burla y yo muerdo mi labio inferior – hacen linda pareja eh
— ¡Agostina! –me quejo, ocultando una de mis sonrisas.
— ¡¿Qué?! Digo lo que veo, hacen linda pareja.
— No, nada que ver. Aparte te conozco, sé en qué sentido lo decís. –la acuso con mi dedo índice y ella larga una carcajada –no me jodas, yo estoy bien así.
— Yo no dije nada –me muestra sus palmas de la mano acusándose – aparte… no significan que se pongan de novios, pueden ser… ¿Amigos?
— ¡No te quiero escuchar más! –le digo divertida y me tapo mis oídos, ella larga una carcajada – Estas diciendo cualquier cosa Agostina, cállate mejor.
— Bueno, para hablando en serio, aunque sea admití que es un amor con vos el flaco –me dice y yo niego seguidas veces.
— Ya dije que es un divino, nos llevó a la Clínica, se preocupó por los chicos, después llevo a Pili… Es buena onda, sí. Pero listo, ya está –ella me sonríe y yo le revoleo una servilleta por la cabeza - ¡Déjame en paz y conseguite vos un chongo! –Reímos las dos – A la tarde podemos invitar a Flor a tomar unos mates –ella asiente con una sonrisa – pero primero me acuesto en tu cama a dormir la siesta.
— ¡Como en tu casa amiga! –Me dice sarcásticamente haciéndome reír – total ya es más casa tuya que mía –y ahora reímos las dos.
— Idiota, no sé qué te quejas, pasa lo mismo en mi casa –ella asiente divertida.
Después de ayudar a limpiar, le usurpe su cama de dos plazas, para que después ella aparezca y prenda la tele, obviamente que ella no tenía sueño si durmió toda la mañana. Yo gire, me tape hasta la nariz y caí en mis sueños.
•••