lunes, 23 de enero de 2017

39

[Pedro]

Veo como levanta una de sus cejas, y muerdo mi labio inferior, un tanto nervioso.
Está usando un short de jean cortito con una remera color blanca que ella misma, seguramente, se encargó de hacerle un nudo y es por eso que se puede ver un poquito su panza.
Esta descalza y su cabello está recogido en un rodete.
Me mira, y se apoya en la puerta.
― ¿Qué haces acá? –dice, un poco molesta. Tal vez por el horario, ocho y media de la noche, y a mí solo se me ocurre venir a casa de ella sin avisar, sabiendo muy bien como están las cosas entre nosotros.
Pero esa es la respuesta a su pregunta.
― Ya sé que no queres saber nada conmigo, y ya sé que vine sin avisar, puede que me re mande, y te pido perdón por eso y por todo. Pero yo si quiero hablar, quiero que me escuches y aunque sé que no va a solucionar nada, me encantaría aclararte las cosas. Paula –suspira – al menos déjame hablar.
Muerde su labio inferior, y asiente, abriendo del todo la puerta para que pueda pasar.
― No me gusta que vengas sin avisar. –me dice seria y yo asiento.
― Sé que si te aviso no ibas a querer hablar.
― Me conoces bastante al parecer – rueda sus ojos y yo no soy capaz de decir algo - ¿Qué es lo que me queres decir? –pregunta, después de unos segundos. Ella se encuentra sentada en uno de sus sillones, y yo, para sentirme más cómodo, me siento en otro que está enfrente al que se encuentra ella.
― Quería pedirte perdón, pero esta vez posta. Sé que cuando lo hice termine de arruinar todo, y te juro que después me di cuenta.
― Estabas en pedo, es lógico.
― Pero sabía que lo estaba, y en vez de irme para mi casa fui a buscarte –rio, me siento un pelotudo – Perdón en serio –murmuro, después de varios segundos – no sabía que todo esto con Vanesa iba a ser tan intenso, ni siquiera sé porque te pedí un consejo, ¿Quién se le ocurre llamar a la piba con la que tenes algo a ver qué opina de hablar con su ex? –muerdo mi labio inferior y ella ríe – soy un idiota.
― Supongo que en ese momento tenías bastante confianza conmigo y bueno… no sé. Pero eso realmente no me molesto Pedro –toma una pausa para mirarme – sabia en la situación que te encontrabas, sabía que esa chica es muy importante para vos, y me pareció bien que vayas hablar, posta.
No puedo creer que esta mujer sea real.
― Pero… -continuó- en el momento que te apareciste ahí, que me agarraste desprevenida y… ¿Qué pensabas Pedro? En serio boludo –la veo sonreír con indignación.
Muerdo mi labio inferior, tratando de que los nervios no me invadan. Y decidido, intento explicarle todo lo que paso aquella noche.
― Sali de lo de Vanesa convencido en que no tenía que volver a mi casa, me había dado cuenta de que ya era una etapa cerrada, de que ya las cosas no eran como antes, y… aunque si, el reencontrarme con ella me revoluciono cada parte de mi cuerpo, esa noche, te juro que me di cuenta que ya estaba.
― ¿Y saliste a buscarme? –frunce su ceño.
Solo asiento, porque me siento humillado, me siento un idiota, y lo soy… no dejo de serlo.
Estoy enfrente a una mujer que humille primero y que no se merecía nada de esto, aunque no hayamos llegado a algo serio, pero Paula es una gran mujer, se nota a millas, y como me dijo aquella noche, ella, como toda mujer, quiere ser respetada.
Yo, inconscientemente, no supe hacerlo.
― Perdón, en serio… no sé más que decir. No sé qué hacer para hacer sentirte mejor.
Ella me mira un momento, y suspira.
― Esta bien Pedro, en serio. Yo estoy bien – la miro, dudando de su palabra – admito que me enojo muchísimo… yo no soy de enojarme, pero todo tiene un límite, y no me gusto, no me gusto que de alguna manera juegues conmigo. Yo no estoy para estar con alguien transitoriamente, si me queres, quereme bien, si lo dudas, bueno… Pero aléjate –me mira y asiento.
Es increíble, es tan real, tan ella.
― Entiendo –murmuro y fijo mis ojos en los de ella – Gracias por escucharme –sonrío chiquito.
Ella sonríe.
Me había olvidado de lo linda que es esa sonrisa.
¿Y ahora?
― ¿Entonces? –Pregunto y veo como levanta una de sus cejas - ¿Está todo bien entre nosotros? - Ella ríe chiquito – prometo quererte bien – sonrío.
― ¿Y qué vas hacer para quererme bien?
¡¡¡Para de sonreír como un idiota!!!
― ¿Te acordas de aquella charla que tuvimos en la plaza? –ella sonríe.
― Han pasado 84 años – dice, divertida… acordándose de aquel MEME que han hecho con la anciana del Titanic y yo largo una carcajada que logra contagiarla a ella.
Extrañe tanto reírme junto a ella.
― Te invito a comenzar todo de nuevo, despacio –me mira – conocernos el uno al otro, compartir charlas entre mates… conocernos mejor. Para que salgan mejor las cosas –relamo mis labios, un tanto nervioso.
Si, sigo nervioso.
― Esta bien –dice ella, después de unos segundos – Dale –sonríe, y no puedo no sonreír.
Estrecho mi mano para que ella ría divertida y estreche la suya y “cerrar trato”
Sin parar de reírnos.

***



jueves, 19 de enero de 2017

38

Despues de veinte minutos de viaje en bondi, toco la chicharra para que frene, ya estaba cerca del lugar que tenía que bajar, y el colectivero, llegando a la parada, freno el móvil, y yo, junto a tres personas más, baje.
Me encontraba a una cuadra, así que, después de caminarla, llegue.
Un montón de madres esperaban por sus hijos, yo no esperaba a mi hijo, pero si a mi sobrina: Pilar.
Observe como estaban en grupitos y se podía escuchar presumir a éstas por los logros o rebeldías de sus niños.
Es tan raro el mundo de “Las madres”
Principalmente por ese grupo de whatsapp que tienen para “tenerse al tanto”, que, según Delfina, lo que peor que te puede pasar es estar en grupo de madres de jardín.
Pobre de ella.
Estoy completamente segura que el día de mañana al ser madre también voy a quejarme por estos grupos, pero, son etapas.
También hay padres esperando por sus hijos, o quizás tíos, o novios de la madre, pero ellos no se encuentran en grupitos charlando, prefieren estar solos, mirando su celular al tanto de la hora, o quizás hablando por teléfono. Vieron que los padres son muy diferentes de las madres.
Apuesto a que no hay hombres en esos grupos de whatsapp, o tal vez sí, pero valga la redundancia.
Y llega.
La verdad, no me sorprende.
Pero él al verme un poco sí. Eleva una de sus cejas y sonríe.
Intento hacerme la idiota para que no se acerque, pero ya es tarde y veo como camina para donde estoy yo.
Suspiro y sonrío, solo porque quiero ser amable.
Hay mucha gente.
― Hola – me sonríe pequeño. Sus ojos están cubiertos por los lentes de sol que está usando y ¡Dios! Le quedan muy bien. Planta un beso en mi mejilla – Que raro encontrarte por acá.
Y esta vez, no sonrío amable. Es forzada mi sonrisa.
― Bueno, a vos también. No sos padre, o eso creo –sonrío chiquito y él ríe, aunque no quiere.
― No – sonríe - ¿Cómo estás?
― Bien. Hoy toca día de tía-sobrina. Así que feliz –él sonríe, esta vez con una sonrisa verdadera, como la mía de hace un ratito - ¿A vos también te toca?
― Solo por un ratito. Flor estaba complicada para buscarla, y bueno…
― Ya sos casi como el padre de Uschi –sonrío – en serio… por lo que cuenta Flor, estas más presente vos que el padre –él asiente un poco dubitativo.
― Es muy fuerte el papel de padre –ríe- pero si comparamos, sin duda. Me da lástima, que se yo.
― Si, ni hablar. Pero bueno… por lo menos te tiene como tío postizo que la consiente.
Sonríe, sonrío.
Veo mi celular fijando la hora, todavía faltaban cinco minutos para ser la cinco.
¡¡¡Que eterno!!!
― Habría –comienza y yo lo miro. Suspiro- ¿Alguna posibilidad de…?
― Creo que no es el momento. –Asiente – tampoco… me interesa, perdón
― ¿Por qué? –murmura y yo lo miro.
― En serio –le sonrío- No ahora – Asiente.
Escucho como suspira y una sonrisa se me transforma al ver como se abren las puertas y ella ya está buscándome con la mirada. Levanto un brazo en son de saludo y me acerco.
Veo como le comenta que soy yo su tía a una de sus maestras, y después de saludarla, sale corriendo hacia mí.
― ¡Tía! –grita con emoción y yo la envuelvo en mis brazos para alzarla y llenarla de besos en su mejilla.
― ¡Hola mi amor! –Me sonríe y corre un mechón de pelo de mi cara - ¿Cómo estás?
― Re contenta porque me viniste a buscar –le sonrío, muerta de amor. –Tía –y sé que por su tono de voz me va a preguntar algo.
― ¿Qué paso?
― ¿Podemos invitar a Uschi? ¿No vino Flor? –dijo, observando a su alrededor - ¡Ah, esta Pepe! –Sonríe feliz y yo asiento con una pequeña sonrisa - ¿Podemos? ¿Podemos?
― No sé gordi, tal vez Uschi tiene que ir con su mamá –ella me hace puchero y yo sonrío.
― Pero ella me dijo que podía, hasta trajo las barbies para jugar.
― ¡Son tremendas!
Y ahí se acerca la pequeña agarrada de la mano de Pedro, mientras él le lleva su mochilita y hablan muy entretenidos, y cuando me ve, sonríe ampliamente, seguramente mira al mayor para poder saludarme y le asiente, sonriente.
Entonces, la vemos correr hacia donde estábamos nosotras.
― ¡Pauli! –y me abraza, yo dejo un beso sentido en su mejillita.
― ¡Hola hermosa!
También se acerca Pedro, y es Pili quien lo saluda con un gran entusiasmo.
 ― Pepe ¿o no que vos la dejas a Uschi venir con nosotras? –y el frunce el ceño y sonríe chiquito.
― Siiii, ¡Dale tío!
― Tu mamá no me dijo nada Us –y ella hace pucherito. Está confirmado que es estrategias de las dos para convencer. Y un poco que lo logran – Aparte Pili se va con Pau y por ahí no puede –me mira
― En realidad yo no tengo problema – y bueno, ahí fue cuando ellas festejaron a más no poder y nosotros no pudimos aguantar la risa – Igual, tendríamos que preguntarle a Flor –él asiente y ya tiene teléfono en mano, para que se lo pase a la hija de nuestra amiga y sea ella misma quien hable con su madre.
Despues de utilizar todas las estrategias para convencer a nuestra amiga, y que obviamente lo logre, le pasó el teléfono a Pedro para que siga hablando con ella.
― ¡Me dijo que si! ¡Me dijo que si! –y las vi saltando.
― ¡Siii! –Festejo Pili – Podemos hacer una chocolatada para los cuatro, ¿no tía?
Y lo veo a Pedro, que justo corto la llamada con Flor.
― Las llevo si queres –me dice y yo asiento. Con dos pibitas en el bondi, cuando Pedro nos podía llevar.
¡Obvio que iba a decir que sí!
― Dale
Fue así que salimos para casa, él manejando y yo de copiloto.
Pili y Uschi atrás, como dos loritos que no paran nunca, y un poco que me hacían sonreír con sus ocurrencias
Cuando llegamos, un suspiro se me escapo, y sonreí.
¡Al fin!
― Bueno –comienzo y le dirijo una mirada – Gracias por el taxi –sonríe y también lo hago un poco.
― No, de nada… La pasó a buscar alrededor de las siete y media ¿sí?
― Dale, no hay problema ¿Vamos chicas?
― ¿Pepe no baja? – Pregunta Pili y yo muerdo mi labio inferior
― ¡Dale tío! Vamos hacer una chocolatada para los cuatro.
― Tengo que hacer un par de cosas, pero paso un ratito antes y jugamos ¿dale? – las nenas festejan. Yo no tanto.
― Bueno, ¡Vamos locas! –les dije con alegría, ya sacándome el cinturón de seguridad y bajando.
Pedro también bajo, pero para abrirles a las nenas y cuidarlas de la calle.
― Paso en un rato a buscarla –me dice y yo asiento con una pequeña sonrisa.
― Dale. Gracias por traernos – Y él sonríe.
― No es nada.

Salgo con una bandeja repleta de golosinas y cosas ricas para que ellas reaccionen de la mejor forma:
― ¡WOOWW! –dicen las dos y yo rio divertida.
― Vamos a quedar como dos bolitas gigantes –dice Pili y vuelvo a reír.
― ¡Que rico Pauli! –dice esta vez Uschi, mientras come uno de los malvavisco.
― Igual me tienen que convidar hey –y ellas ríen divertidas. Es Pili quien se acerca abrazarme y plantar un beso en mi mejilla en forma de agradecimiento, y luego se acopla Uschi.
Ya no pido más.
Me quedo con ellas mientras comen y toman su chocolatada, me incluyen en su charla de niñas y yo me siento una más, sacando esta misma de adentro.
Luego, cuando ellas deciden jugar a “ser amigas grandes con hijitos” yo decido en terminar algunas cosas de la facultad, pero con una gran condición: ¡Ser la chica de las bebidas ricas!
Ellas, y sus ocurrencias.

Es cuando me encuentro recostada en el sofá leyendo (y las chicas en mi cuarto ahora jugando con sus barbies) que escucho el timbre del portero y, con mucha pereza, me levanto para atender.
― ¿Hola?
― Pau, soy yo
Escucho su voz y ahí caigo que la tarde se pasó enseguida y ya vino a buscar a Úrsula.
― Fíjate si abre – aprieto la perilla y escucho el chillido.
¡Por suerte no tengo que bajar!
―Sí, ahí subo.
Vuelvo al sofá, aunque sé que está subiendo, y me quedo ahí sentada, escuchando reír a Pili y Uschi. Tienen una amistad tan linda, tan verdadera, son tan unidas, aunque es obvio que deben surgir algunas peleítas de nenas de cinco años, pero da igual, porque no paran de crecer juntas, y eso las vuelve más unidas.
Ahora escucho tres golpes suaves en mi puerta y decidida, abro la puerta, para encontrarme con un Pedro y su pelo todo revuelto, sus ojitos chinitos y una sonrisa pequeña.
― Hola –sonrío chiquito y el besa mi mejilla – Pasa.
El entra, observando mi departamento como si no hubiera venido antes, para luego, mirarme a mí.
― ¿Todo bien? – Pregunta casual y yo asiento.
― Si, ¿vos? – y el que asiente ahora es él.
― Con calor, esta terrible afuera. Acá si está lindo –sonrío y asiento.
― ¡Él es mi salvador! – digo con entusiasmo, señalando el aire acondicionado y el ríe pequeño.
― ¿Uschi? –Pregunta - ¿cómo se portó? Tengo que darle el parte de comportamiento a la madre –dice divertido y yo sonrío.
― ¡Que pesada! –Lo escucho reír- se portan re bien las dos, están re entretenidas jugando en mi habitación –sonríe – las escuchaba desde acá, y tienen una amistad tan linda, aunque son chiquitas todavía, pero se nota que son re unidas.
― Posta que si –asiente- yo ya las veo de grande, siguiendo unidas como siempre –sonrío.
― Seguramente.
Un silencio se formó y se sigue escuchando las locuras de las más pequeñas, están tan locas, son tan lindas que me hace sonreír y cuando es mi sobrina que sale con una de sus locuras, no puedo aguantar mi risa y él tampoco, un poco contagiado por mí.
― ¡Son tremendas! –me dice y yo no puedo parar de reírme.
Amo muchísimo a Pilar.
― ¿Queres tomar algo? – recién me doy cuenta de que no le ofrecí nada.
― Me encantaría, pero tengo que devolver a Urs –dice, un poco apenado y yo solo asiento. Tal vez estaba bien las cosas así, tal vez no era necesario todo esto.
― Dale, ahí la llamo. – y voy directo a mi habitación.
Odio que me sonría tanto.
Cuando vuelvo ahora con las dos niñas, ellas al verlo lo reciben con alegría, invitándolo a jugar con ellas, como había dicho hace un par de horas. Me mira de reojo y simplemente me hago la boluda.
― Mamá nos está esperando Us –dice un poco apenado – me dijo que tienen el cumple de la abuela.
― Pero vos dijiste que venias un ratito antes para jugar con nosotras Pepe –dice Pili. Yo solo muerdo mi labio inferior.
― Si, lo se linda, pero Flor está esperando a Uschi –acaricia una de sus mejillas – pero otro día les prometo que juego con ustedes.
Te encanta jugar. Jugar con la dignidad del otro.
― Dale Pili, despedite de Uschi así puede ir a lo de su abuelita –ella asiente y veo como se acerca para abrazar a la otra pequeña, y muero de ternura al ver a dos seres pequeños abrazándose.
Luego deja un pequeño beso en la mejilla de Pedro para volver a mí y que le sonría. Es tan buena, otra nena podría haber hecho un berrinche enorme, pero ella no, solo se puso un poquito triste porque quería seguir jugando.
Con algunos besos y abrazos de parte de su tía se le iba a pasar.
― Bueno, nos vemos Pau – es pedro quien apoya su mejilla en la mía en forma de saludo y yo solo asiento con una pequeña sonrisa.
― Dale –me acerco a Us y me agacho para que ella me abrace un poquito –nos vemos reina –beso su mejillita – mándale un saludo a mami y un “feliz cumple” a la abu ¿sí?
― Te quiero Paulis –sonrío y muerdo mi labio inferior.
― Yo a vos mi amor –otro pequeño abrazo y ella le agarra la mano a Pedro para irse por aquella puerta principal de casa.
La miro divertida, ella ya identifica esa mirada, por eso se tapa la cara con sus dos manos y rio un poquito.
― ¡Uno! –ella ríe chiquito y me hace tan bien - ¡Dos! – ríe más fuerte y esta vez se abraza su cuerpo. La miro, preparada para llenarla de cosquillas - ¡Tres!
― ¡Noooo! –grita entre risas y yo rio con ella.
No me cuesta atraparla para llevarla a mi habitación, dejarla en mi cama y comenzar con las cosquillas y los infinitos besos en su pancita.