lunes, 25 de septiembre de 2017

47

47.

Sonreí.
La felicidad invadía mi cuerpo, sintiendo que nada ni nadie puede arruinar este momento.
Disfruto cada instante e internamente me agradezco a mí misma de ser así: una agradecida de hasta los momentos mínimos pero no menos insignificante.
Las estrellas invadían el cielo azul oscuro y la luna se dejaba ver cerquita del mar, casi tocándolo.
Estaba hermosamente enorme y redonda, haciendo del momento aún más especial.
Habíamos hecho una ronda para sentarnos como coligue, y en el medio una pequeña fogata.
La imagen daba a que estábamos haciendo una especie de pedido a los astros, como una especie de macumba, tal vez aquella señora que paso con su pequeño perrito lo pensó.
Pero en realidad, disfrutábamos de la amistad con música, que se puede considerar también un ritual, lo llamaría: “el ritual de la felicidad”.
Era noche de cierre, lo que me ponía un poco sensible y queriendo que todo sea más lento, por lo contrario parecería que las horas se pasaban rapidísimas.
Los últimos quince días compartidos con estas (lindas) personas también se pasaron rapidísimos. Un indicio de que lo pasamos bien, bueno, demasiado bien.
Pensábamos que nos iba costar la convivencia, pero ni siquiera fue un tema hablado durante estos días. Todos, al parecer, estábamos de acuerdo en que veníamos a disfrutar, y el orden y respeto entra en esos tips para “disfrutar las vacaciones”.
Y eso de que con casi la mitad del grupo nos conocíamos muy poco como para convivir, pero sobrevivimos, y estamos acá, escuchando a nuestra ya amiga cantar, haciéndonos sonreír con su voz que eriza la piel, que hace olvidarme del mundo externo.
Mira a mi alrededor, todos están disfrutando.
¡Que hermoso momentos!
La melodía de la guitarra calla y suspiro, con molestia, me había acostumbrado a escucharla junto a Lali.
La aplaudimos, se lo merece.
Ella sonríe dulce y ampliamente, seguramente sintiéndose plena.
– ¡Tengo un juego! – dice Anita, levantándose de un impulso, para llamar la atención de todo el grupo.
– ¿El juego de la botella? –dice Simón divertido.
– Noo, que embole –dicen a coro Agos y Tomi.
Todos estamos de acuerdo.
– Aparte estamos como en clima de despedida, no da ese juego –dice Anita. Frunzo el ceño ¿Qué tiene que ver? Bueno – Traje papel para todos y lapicera.
– Jodeme que queres jugar al tuti fruti –dice Pedro y yo largo una carcajada. Él se contagia, y acaricia mi mano discretamente.
Estamos uno al lado del otro, pegados con boli goma
– ¿¡Algún día voy a terminar de plantear la idea!? –dice Anita elevando la voz en un tono divertido. Esta vez nos proponemos no interrumpirla, esperemos – la idea es escribir una frase, una palabra o si quieren también dibujar lo que significó el viaje para ustedes, personalmente ¿les copa? Es lindo y también nos queda un recuerdo.
Todos aceptamos el reto.
Ahora sí parece que estamos escribiéndole a los astros. 
Sin dudas, fue un viaje especial, decidí hacerlo sabiendo de que iba a cambiar un ante y un después, no me equivoque, y tampoco me arrepiento. A los chicos (los no-payamedicos) los conocimos unos meses antes, teniendo buena onda desde el momento cero, pero este viaje hizo que la buena onda y la confianza se intensifiquen aún más.
Vivimos momentos hermosos, tuve la oportunidad de conocerlos, de reafirmar las buenas personas que son.
Y eso es un gran detalle de este viaje, que no me lo va a hacer olvidar fácilmente.
Lindas palabras, frases e intentos de dibujos nos hicieron reír y emocionar –o al menos a mí- haciéndome sentir aún más plena.
– Te toca Polet – me avisa Anita.
– Mi palabra es “Momentos” porque eso es lo que es todo el tiempo: momentos, y estos días todos fueron lindos, únicos, con altibajos, pero únicos. Y estoy muy agradecida de que todos estos momentos hayan sido con ustedes que a todo lo hacen más espontaneo, más risueño. Posta, que lo pase muy lindo con ustedes, gracias – sonrío chiquito.
Ellos me devuelven el gesto. Miro a Pepe y me sonríe chiquito, para plantar un beso en mi mejilla.
– Pepe es tu turno –dice Anita.
– Bueno, yo puse la palabra “Especial” –hago una pequeña pausa para ver los rostros de mis amigos – porque así fue todo: especial. Ustedes hicieron estos días especiales, únicos, creo que este viaje no hubiera sido tan especial sin ustedes, poniéndole esa cosita cada uno que hizo que estas vacaciones las disfrute tanto. Y eso, gracias –sonríe, sonrío.
– ¡Por más momentos especiales! Sea de vacaciones o tomando mates en una plaza –dice Lali y todos sonreímos.
Nos paramos todos, para chocar nuestros porrones en forma de brindis y terminar la ronda todos abrazados.
Agradecida de vivir esto con ellos.

***
Sale de la cocina con dos cervezas –sí, seguimos tomando – y me sonríe chiquito. Me levanto del sillón de la sala para juntos ir al patio, sentarnos en el medio de este.
Que nuestras miradas se crucen y sonriamos.
Un suspiro se me escapa y apoyo mi cabeza en su hombro.
– ¿Cansada? –murmura y con una de sus manos acaricia mi rostro.
– Un poco – digo, en el mismo tono. Por ser el último día lo disfrutamos a full.
– Sí, yo también. Pero esta tan lindo para estar afuera –sonrío y me reincorporo. Me da mi cerveza. 
– Si posta. Además es como que se me viene a la cabeza que ya el lunes arranca la rutina y no me dan ganas de dormir, solo quiero disfrutar lo que queda –asiente.
– Y yo que arranco con las rondas
– ¿Nervios? –pregunto con una sonrisa, y acomodo un mechón loco
– Cagaso –dice y rio chiquito.
– Vas a ser el mejor –sonríe.
– ¿Vos también arrancas el lunes?
– No, la facu la arranco recién a mediados de marzo. Pero tengo un par de sesiones para hacer – él asiente.
– Es más tranqui igual ¿o no?
– Si, re – sonrío – pero como tengo bastantes no sé si es mejor o peor –reímos.
– ¿Y vuelven los paya también?
– Ay sí, re extraño –sonríe - ¡Tenes que volver! –le pego suavemente en su pierna y el muerde su labio.
– Noo, ahora ya no puedo
– Pero yo hablo con mi viejo boludo
– Menos, después me van a tratar de acomodado –dice divertido.
– Y si lo sos –digo, peleándolo y él rodea sus ojos. Largo una carcajada y lo abrazo por el cuello para dejar un beso sentido en su mejilla. El me mira y estira sus labios formando una trompita. Vuelvo a reír y beso sus labios cortamente. – Que lindo estar acá con vos –sonríe.
– La pase muy bien – sonreímos – espero que nos encontremos en otras vacaciones juntos –asiento y me sonríe, acaricia mi mejilla y besa delicadamente mis labios - ¿nos vamos a seguir viendo no? – su timidez sale a la luz.
– Si, obvio –murmuro, cerca de su rostro para dejar otro pequeño beso – bah, si queres – digo divertida y vuelve a rodar sus ojos.
– Más vale que quiero, Paula –largo una carcajada.
– Bueno, entonces sí –sonreímos.
– Te quiero –murmura – hiciste de mi viaje unos días únicos y lindos… los chicos también, pero no hubiese sido igual si no estabas acá –sonrío.
– Mi viaje tampoco hubiese sido igual sin vos –murmuro y me sonríe cerquita – te quiero
Une sus labios con los míos delicadamente, yo rodeo una de sus mejillas con mi mano y suspiro, sonreímos y volvemos a nuestro beso que cada vez sube más de tono.
Cuando nuestras respiraciones no dan para más, nos separamos a penas y sonreimos.
Nos abrazamos.
Feliz
De estar con él.


●●●

domingo, 17 de septiembre de 2017

46

[Ella]

El olorcito a panadería llego a mis fosas nasales y ya no hubo vuelta atrás, ya aunque quisiera no podía volver a dormir.

Admiraba el sueño que tenían mis amigas y compañeras de cuarto: Agos y Lali. Seguramente Anita y Flor ya estaban levantadas.

Calzo mis ojotas y salgo en reencuentro de aquellas facturas... no mentira, de mis amigos.

― ¡Buen día!

Una sonrisa amplía para que este día sea bueno.

En aquella mesa se encuentra Flor, Anita y Gas que también me saludan con una gran sonrisa.

― ¡Buen día Pauli! –dice Gas con aquella sonrisa linda y me acerco un poco para plantar un beso en su mejilla y después en el de las chicas.

Me siento al lado de Anita que me abraza un poquito y yo sonrío, feliz... hay medialunas y mate.

― Les juro que me despertó el olorcito – mis amigos largan una pequeña carcajada y es Flor quien me pasa un mate.

― Gas se portó y fue a comprar –dice la cebadora y yo le sonrío al muchacho haciendo con mi dedo pulgar que estaban buenísimas, mientras masticaba una de las facturas.

― ¿Cuándo llega Us? – pregunto, mientras le devuelvo el mate a la madre de la susodicha.

― Seguro está por llegar –dice, relojeando la hora en su celular y sonríe, seguramente ansiosa de reencontrarse con su pequeña.

La charla sigue, y los chicos se van sumando a esta y a los mates.

El día está bastante feo, por eso decidimos hoy quedarnos acá, es Tomi quien propone un partidito de truco, yo prefiero ir a esperar a Uschi con su mamá afuera.

― Perdón por lo de ayer –me dice de la nada Flor y yo elevo una ceja, sin entender muy bien – Que te trata mal, seguro ya te habrás enterado que tuvimos un cruce con Lali y bue...

― No pasa nada Flor –le sonrío – además, también estabas mal por el vuelo de Us... Te entiendo –me sonríe chiquito.

― Si, pero vos y Pedro...- suspiro.

― Flor... en serio, todo bien. Igual, ¿te puedo decir algo? -ella asiente – El que se sintió un poco mal fue Tomi –ella muerde su labio inferior y vuelve asentir, un poco arrepentida.

― Si, ya se –murmura – después caí en que no me porte del todo bien con él. Es un amor conmigo el flaco, y yo no sé... no puedo valorarlo del todo –sonrío pequeño.

― Lo mejor es que hables con Tomi, Flor –ella asiente – es una persona increíble y de verdad te quiere, te quiere muchísimo –sonreímos.

― ¿Vos con Pepe? –suspiro y muerdo mi labio inferior ocultando una sonrisa.

― Pedro me vuela la cabeza – ella sonríe ampliamente dejando ver su emoción – la pasamos muy bien juntos... Por eso es que ayer me comporte como una idiota, porque últimamente estos días en los que estamos todos juntos no sé, nos buscamos constantemente, aunque compartimos y nos divertimos con ustedes... no sé si me entendes.

― Si obvio –sonríe – me encanta verlos tan bien.

― Vamos de a poco, que se yo –me encojo mis hombros y sonreímos a la misma vez.

En eso llega un auto bordo, que Florencia lo reconoce enseguida y sonríe inmediatamente, yo, al ver que se trataba de Úrsula también sonreí, y fue su mamá quien al verla fuera del auto se acercó casi que corriendo hacia su reencuentro: un abrazo eterno.

Despues de aquel abrazo Uschi me abrazo con alegría y yo deje varios besos en su mejilla.

― ¿Cómo estas hermosa? – también era hermoso tenerla acá.

― ¡Muy bien! – dice divertida y yo rio - ¿Y los tíos Gas y Pepe?

― Adentro, ¿queres que vamos? – ella asiente mientra da saltitos. La felicidad que maneja es incontrolable.

Una vez que ella se despidió de su papá, junto a Flor entramos a la casa, en donde nos encargamos de presentarla bastante fuerte para que todos noten la llegada de la más pequeña.

Ahora el ambiente es más ruidoso, pero también más alegre. Uschi se encarga de sacarnos carcajadas a todos, y eso se siente tan lindo.

Para la hora de la merienda, junto a Agos preparamos una torta para merendar todos juntos en el corredor.

― Uh, que rico –dice Tomi divertido detrás de mí tratando de meter su dedo en todo el chocolate cobertura de la torta.

― ¡Soy capaz de cortarte ese dedo! – Le digo en uno amenazante que termina siendo divertido para que más de uno riamos.

― A la mierda –dice Gas entre risas, esas que contagian.

Dejo la torta y voy por servilletas, antes de sentarme y disfrutar de esta tarde que amerita estar todos reunidos a punto de tomar unos ricos mates con torta, festejando un poco también la llegada de Uschi para disfrutar con ella estos poquitos días que quedaban acá.

― Hey, ¿Qué te olvidaste? – Pedro sale con un termo de agua en sus manos y una sonrisa chiquita.

― Servilletas.

― Te ayudo – dice, con esa sonrisa dulce que ¡AGGGH!

― Esta bien Peter, no hace falta.

― No ya sé, pero al menos puedo estar aunque cinco segundos con vos. Si es que no me seguís ignorando como venís haciendo desde hoy temprano.

― ¿Yo? – Asiente y rio chiquito – No te estoy ignorando Peter.

― ¿Ah no? ¿Entonces qué onda? Porque no dejaste que me acerque para nada hoy.

― No sé qué decís –doblar las servilletas para no mirarlo es una buenísima opción.

― Cada vez que quería acercarme estabas con alguno de los chicos –murmura y levanto mi mirada hacia la suya – no entiendo que paso. –suspiro.

― Nada –murmuro – perdón –muerdo mi labio inferior – soy una idiota. – Eleva una de sus cejas y se acerca para apoyar una de sus manos en mi espalda, yo bajo mi mirada nuevamente.

― ¿Por qué Pau?

― No sé porque mierda reaccione anoche así Pedro – escupo lo dicho, porque la bronca de haberme comportado así me invade – me dio muchos celos que te quedes con Flor a pesar de que habíamos quedado –murmuro, esta vez con una pizca de vergüenza – y te juro que yo no soy así Peter... Despues me puse a pensar y ¡Es lo más lógico que te quedes con Flor! Es tu amiga, es nuestra amiga y la estaba pasando mal. –Él me sonríe chiquito.

― ¿Y hoy? – Me encojo de hombros.

― Pensé que estabas enojado –vuelvo a murmurar – Nunca me di cuenta de que querías hablar conmigo, perdón – me vuelve a sonreír y deja un suave beso en mi mejilla.

― Me encanta pasar tiempo con vos – dice, encontrando su mirada con la mía.

― A mí también – le sonrío chiquito.

― ¿Estamos bien entonces? –pregunta, con una pequeña sonrisa.

Yo solo asiento, acercándome más a él, haciendo que nuestras narices se rocen.

― Te quiero –murmuro a centímetros de sus labios.

― Yo también te quiero – dice del mismo modo y me hace sonreír.

Une sus labios con los míos delicadamente, yo acaricio una de sus mejillas haciendo volver el beso más intenso. Me apoya en la mesada para quedar frente en frente y que sigamos en lo nuestro, haciendo que nuestras bocas se encuentren recorriendo cada recoveco y que la situación se vuelva más tensa.

― Hey ¿Qué paso con el mate? – Escuchamos la voz de Lali y enseguida nos separamos. Pero ella llego y nos vio en una situación bastante...rara, por eso ríe. - ¡Ah bue! Me hubieran dicho chicos que este era su punto de encuentro, nos encargábamos nosotros del mate y de las servilletas – muerdo mi labio inferior un tanto vergonzosa.

― ¿Qué decís La? Solo estábamos esperando a que este el agua – digo, descaradamente y ella ríe, contagiando a Pedro. Frunzo el ceño – Bueno, al menos me hubieras seguido boludo –le digo divertida y ellos vuelven a reír.

― Vamos dale – Dice él, agarrando el termo y perdiéndose en el pasillo de la sala al patio.

Esta vez me mira Lali con complicidad y yo largo una carcajada, la abrazo de costado y caminamos juntas hacia donde están el resto de los chicos.

Sonrío, suspiro.

Que hermosas vacaciones, que hermosas personas.

sábado, 24 de junio de 2017

45

El sol caía enfrente de nosotros, el cielo se teñía de rojizo mientras algunos pájaros volaban sobre el mar. La gente aprovechaba para dar una caminata mientras sus pies chocaban con el agua marina.
Se sentia el disfrute de simplemente estar.
Estar acá, viendo un bellísimo atardecer.
Solo o acompañado.
Observo a mi derecha y también está sumergido en sus pensamientos, sus facciones están relajadas y me puteo por no haber traído la cámara para capturar ese rostro tan al natural.
Es cuando se da cuenta que hace rato lo estoy viendo que voltea a mirarme y me sonríe chiquito, elevando una de sus cejas.
Solo sonrío y apoyo mi cabeza en uno de sus hombros.
Él apoya la suya en la mía.
― Que paz boluda –murmura y sonrío. Asiento.
― Quiero quedarme acá.
― Nos quedamos.
Vuelvo a sonreír y me alejo para poder verlo.
Veo como sus facciones cambian enseguida, se nota su preocupación.
― ¿Dije algo malo?
Muerdo mi labio inferior y niego.
― No –sonrío – me gusta pasar tiempo con vos.
― A mí también – sus ojitos brillan – desde que nos cruzamos aquella vez te saque la ficha –elevo una ceja divertida.
― ¿Cómo? – pregunto.
― Si –me mira – sos muy buena gente… me haces reír mucho, es imposible pasarla mal con vos –sonrío.
― ¿Aunque sea “la hija de…”? Digo, porque siempre andan prejuicios dando vueltas. Como soy la hija del Medico más reconocido algunos piensan que me creo mil. – lo veo que sonríe asintiendo a la vez- Y no es que no me crea mil, tipo… en el sentido de que admiro mucho a mi viejo, me da mucho orgullo lo que logró. ¿Entendes? Me creo mil en el sentido bueno.
― Entiendo –ríe chiquito – Pero es ya verte como te expresas y como es tu forma de ser en la vida cotidiana –elevo una ceja, confundida – Sos…sencilla, no te haces problema por nada. O bueno, eso es lo que demostras. No sos una persona enroscada ¿entendes? –asiento con una sonrisa.
― Intento tomarme todo con calma. Igual algunas veces no lo logro y me pongo horrible, grito, lloro… Que es necesario a veces salir de ese estado zen –ríe conmigo.
― Si, obvio – acaricia una de mis piernas con sus manos y nuestras miradas chocan.
Nos hicimos una escapadita a la playa, el resto de nuestros amigos se fueron a hacer compras, nosotros preferimos disfrutar (nos).
― Peter –murmuro y él me vuelve a mirar. Nuestras manos están unidas, nuestros dedos enredados. - ¿Vos…? –Largo un suspiro – no, que… te quiero.
― ¿Y por qué te pones tan nerviosa? –pregunta divertido y yo muerdo mi labio inferior.
― Porque te quiero en serio boludo, y me da miedo quererte tanto.
― ¿Miedo?
― La puta madre, no me respondas con una pregunta –larga una carcajada – en serio boludo.
― Me parece que una que yo sé se hace mucho la canchera y esta re cagada hasta las patas –muerdo mi labio inferior y bajo mi mirada, enseguida sus manos rodean mi rostro y plantea un beso en mis labios – te quiero –murmura mirándome – mucho. Y quiero que esto funcione. ¿Me crees? –vuelvo a morder mi labio inferior, ocultado una sonrisa.
― Sí –murmuro y vuelve a besarme dulce y corto – yo también quiero que funcionemos –reímos chiquito, de un movimiento me sienta en su falda y yo rodeo su cuello.
― Me gusta tenerte cerca –dice divertido y yo largo una carcajada.
― Se nota.
Uno mis labios con los suyos, decidida a disfrutar del momento, de él,  de la nochecita, y de cómo se escucha a las olas romperse.
Un placer intenso me acompaña y no quiero pensar en otra cosa que vivir el momento.

Cuando el reloj marca que solo faltan cinco minutos para que sean las nueve, decidimos juntar el equipo de mate y volver a casa. Seguramente nuestros amigos ya volvieron.
Llegamos y al entrar nos encontramos muy divertidos a Agus, Agos, Anita y Gas jugando al truco en la mesa del living.
― ¡Heeey, hola! – Agos y su alegría de vernos.
Le sonrío ampliamente y planto un beso enorme en su mejilla.
― ¿Cómo andan? – pregunta Peter, mientras toma un sorvito de cerveza del vaso de Gastón.
― Todo bien –dice Ana – Truco – le dice a su contrincante: Agos.
― Quiero –le responde. - ¿A ustedes cómo les fue?
― Se perdieron un atardecer boludos –les digo y lo miro a Peter que me sonríe chiquito.
― ¡VAMOOOOOOOO! – festeja Agostina y se me escapa una risa.
Muerdo mi labio inferior y salgo para ver donde se encuentra el resto de los chicos. Él me sigue.
― ¿Tomamos una birrita? –me pregunta y yo asiento.
― Báncame que voy a cargar el celular – asiente y va para la cocina.
En el camino a mi habitación me encuentro a Tomi y Flor en una salita que tiene la casa, al parecer no todo estaba bien. Mi amiga tenía la cabeza tapada con sus manos, y Tomi la tenía abrazada hacia él.
― Hey… - Tomi levanta la vista y me encuentra. Flor hace lo mismo - ¿Todo bien?
― No –dice ella. Y me acerco a ellos - ¿Lo viste a Pedro? – pregunta, un poco de mal modo y yo simplemente asiento.
― Sí –murmuro – Está en la cocina, ahí lo llamo.
Ella niega y se levanta, dejando un ambiente bastante tenso y confuso. Como a nosotros dos también.
― ¿Qué paso? – le pregunto a Tomi.
― Se peleó con Lali –rodea sus ojos – y le acaban de avisar de que se retrasó el vuelo, ¿viste que venía Uschi? –Asiento- bueno, llega recién pasado mañana.
― Uff. – el asiente con una sonrisa - ¿Y Lali?
― Creo que está en el patio.
― ¿Vamos? Con Peter íbamos a tomar una birra –él asiente.
― Dale –sonríe. Se acerca a mí y me abraza por el hombro para salir caminando.
Nos encontramos con Pedro y Flor en la cocina abrazados. Cuando me ve hace una mueca y le sonrío chiquito.
Agarro dos latas de cervezas, y salgo con Tomás.
― Me da por las pelotas boluda –dice, al fin. – Estuve como una hora con ella, intentando consolarla, ahora llega Pedro y va y se deja abrazar.
― Dale boludo –le digo divertida – son como hermanos. No vas a estar celoso.
― Si no estuviese él con vos lo estaría –sonrío. - ¿A vos no te jode?
― No –sonrío – igual eso de que estuviste como una hora y no sirvió para nada yo en tu lugar estaría igual que vos –dejo un beso en su mejilla – veni, sentemosno acá, tomemos la birra y charlemos.
― ¿Me puedo sumar? – Aparece Lali con una sonrisa chiquita. Le sonrío y doy golpecitos al pasto para que se siente.
El cielo se decora con algunas estrellas, pero lo que más llama la atención es lo grande y cerca que esta la luna. Corre una pequeña brisa que nos golpea la cara y que te hace relajar y olvidarte de todo. Charlar con ellos hace que el momento sea aún más lindo –si es posible -. Me pregunto cuanto le faltara a Pedro, pero no me desespero, entiendo que Flor lo necesita. Pero igual las ganas de compartir con él también invaden.
― Podríamos aprovechar de que la noche esta re linda e ir a la playa – propongo – perdón pero me encanta. Viviría acá
― Yo quiero –dice Lali y me choca los cinco. Se nota que pelear le hace mal, pero dibuja una sonrisita un poco creíble.
― Vamos dale –dice Tomi y se para enseguida. – Voy por más birras para llevar.
Nosotras también nos paramos después.
― Tranqui La, arriba ese ánimo… ¿Llevamos la guitarra y te cantas algo? –le digo divertida.
― Boluda, me hace poner mal al pedo, porque posta que fue una boludez, pero salta con cualquiera –sonrío y la abrazo por el hombro dejando un beso en su mejilla.
― Por eso, vamos, nos divertimos. Mañana será un día mejor –sonrío y ella asiente.
Caminamos en busca de más compañía.
Agos, Anita, Gas y Agus se suman y ya se preparan para ir. Entonces me acerco nuevamente a la cocina, donde siguen charlando Peter y Flor.
― Nos vamos todos a la playa –les sonrío - ¿Vamos?
― ¿Ahora? – Dice Flor. Se nota a millas que su humor es -3.
― Llevamos guitarra y birras para divertirnos un ratito.
― Yo paso – vuelve a decir ella.
Entonces asiento, y veo a Pedro, esperando su respuesta.
― Me quedo con ella.
Asiento, y salgo para donde está el resto.
Pero me agarran del brazo, haciendo que me de vuelta y me encuentre con él.
― ¿Te enojas?
― No – finjo una sonrisa.
― No quiero dejarla sola Pau.
― Esta bien Peter. Nos vemos después.
Lo veo asentir y suelta mi agarre.
Giro, y al fin me acerco a mis amigos que me están esperando.
― Se quedan –murmuro.
― Bueno vamos dale –dice Agos – Llevo un tuper con pizza.
― ¡Te cabe la pizza! – Dice Simón y reímos.
¿Qué haría sin ellos?
No sabe, no responde.

miércoles, 24 de mayo de 2017

44

[Ella]

Muerdo mi labio inferior y una risita se me escapa: la imagen de mi amiga Agos babeando la almohada es muy fuerte, y no puedo evitar en no sacarle una foto. Como una boluda tenía el flash prendido, por eso es que veo como frunce su ceño, abre a penas sus ojos y gira en su eje para seguir durmiendo.
Aguanto mi risa, y después de calzarme mis ojotas, salgo de la habitación. En busca de unos mates con mis amigos (aquellos que están despiertos).
― ¡Buenas! – Llego a la galería del patio, en donde hay una mesa de jardín y unos banquitos, los cuales están ocupados por Gas, Tomi, Agus y Lali tomando mate.
― ¡Buen día bella! –me dice Lali, y después de saludar a cada uno me siento al lado de ella, la cebadora.
― ¿Madrugaron? – pregunto, después de ver la hora: 9.08 hs.
― Lali empezó hacer ruido y me despertó –dice Gas, rodeando los ojos y ella ríe.
― ¡Y vos despertaste a los chicos! – se defiende.
― No, a mí me despertó Pedro, que intentaba murmurar hablando por teléfono –dice divertido Tomi y reímos - ¡Me despertó y encima se fue!
― Lo hacía durmiendo –comento. 
― Salió a caminar –me dice Gas – me dijo que no se sentia bien, y que necesitaba despejarse –frunce su ceño.
― Me huele a Francisco –dice Lali y yo asiento con una sonrisa.
― ¡Lo más probable! –le responde su amigo.
A medida que pasa la mañana siguen los mates y con el resto de los integrantes del grupo, entre charlas y risas.
― ¿Salimos hoy? – Propone Agus, después de un pequeño silencio.
― ¡Dale! – Dice Anita, su fiel compañera.
― ¡Hey si, estaría bueno! –Dice Gas – aunque sea a un pub.
― Yo me copo – dice Flor.
Todos estuvimos de acuerdo.
Cuando se acerca la hora del almuerzo, por sorteo salimos Peter y yo, así que ¡manos a la obra!
Despues de que volvió de su caminata se lo notaba un poco ¿colgado? Pero de todas formas cuando salió el tema de ir a tomar algo se sumó con entusiasmo, igualmente se notaba que no estaba pasando un buen momento.
― ¡Peter! – Le digo, chasqueando mis dedos enfrente suyo, para que él se sobresalte un poco y que cause mi risa - ¿Estas bien?
― Si –sonríe – colgado no más.
― ¿Seguro? –murmuro.
― Me llamo mi vieja hoy –dice rápido y larga un suspiro – nada, me llamo para ver como lo estábamos pasando y demás –asiento – y la escuche rara –elevo una ceja – Mi viejo tuvo un pico de estrés, le subió la presión y bueno…
― ¿Pero está bien?
― Si, fue un susto. Pero le paso por el pelotudo de Francisco, que no se cansa de hacer cagadas –muerdo mi labio inferior.
― ¿Se dará cuenta lo que hace? Ya no es un nene.
― No sé, pero me tiene cansado boluda… Que me llame mi vieja y escucharla mal me parte al medio – asiento.
― Si, obvio. Bueno, pero ahora estas acá, trata de disfrutar de los días que quedan… y cuando llegues no sé, seguramente quieras hablar con él.
― Sí – suspira y me sonríe a medias – Que coraje confiar en nosotros para mandarnos a cocinar eh –me dice divertido y yo rio asintiendo.
― ¡Una fe tremenda! – ahora reímos juntos.
Unos caraduras tremendos, porque lo que habíamos planeado era hacer unas pizzas y después irnos para la playa, o sea, no es que nos íbamos a hacer cargo de una comida re elaborada ¡Eran pizzas!
― No sabes lo lindo que es caminar bien temprano por la playa boluda – me comenta, mientras pone trozos de queso en la pre-pizza. Yo lo miro de reojo concentradísima en ponerle salsa a otra.
― ¿Viste el amanecer?
― No, tampoco es que salí tan temprano –rio – pero se ve que estamos en una zona re tranquila, una paz –sonrío.
― ¡Egoísta! Te fuiste solo. Me hubieras despertado. –sonríe.
― Mañana si queres vamos –asiento.
― Dale –murmuro y hacemos intercambio de pizzas para que él le ponga queso y yo meta la ya lista en el horno.
Cuando todo esta listo, nuestros amigos nos reciben en el comedor con aplausos, a causa del grandísimo hambre que seguramente les genero la espera. Obvio que disfrutamos de estos, y nos creemos mil.

20.40 hs.

El sol va cayendo y nosotros decidimos volver, organizarnos con el tema “baño” no es tan fácil si solo hay dos duchas y somos nueve. Pero cuando quiero acordar ya estamos todos listos para ir aquel pub que habíamos quedado hoy temprano.
Elegimos una mesa redonda en la que había lugar para todos y a los minutos llego una moza para hacer el pedido.
Fue cuando ya teníamos algunas copas de más que nos enteramos que había karaoke
¡Y para que!
Primero fue Agos quien dijo de subir, acoplándose Simón que si de payasadas hablamos él es el primero en anotarse.
― ¡Dale Paula! – me dice Tomas alargando la “A” y yo largo una carcajada – Por fa.
― Si sube Pedro subo –digo divertida y él eleva una ceja para hacer montoncito con la mano, haciendo que me cause risa.
― ¡Dale Doctor! –le digo – después cuando seas un gran pediatra no vas a poder hacer esto porque vas a salir en todos los medios “médico pediatra cantando “la pollera amarilla” con varias copas de más” –largamos todos una carcajada.
― Bueno dale ¡vamos! –dice al fin, después de varias cargadas.
Entonces, así fue como subimos Tomi, Peter, Flor y yo al pequeño escenario para cantar “la pollera amarilla” –no era joda- y encantarlos con nuestras voces.
PONELE.

3.24 hs

― ¿Qué haces solo?
En una de las barras, mirando como el resto –nosotros –nos divertimos bailando. Ah, porque después de divertirnos pasando a cantar la pista de baile se inauguró y claro que nos sumamos.
― Me canse –dice, con una sonrisa.
― Ah sos un flojito, flaco – sueno divertida y el larga una carcajada. Tomo una de sus manos, empujándolo para mí y en un instante tengo su cuerpo pegado al mío.
Me mira divertido y sonrío, mordiendo mi labio inferior.
― Bailemos, dale – me dice y ahora el me lleva a la pista.
Entre vueltas y pasitos se nos escapan algunas risas.
Y siento como todo a mi alrededor no importa.
Me pierdo en esa sonrisa, en esos gestos divertidos por los malos pasos que hace, que me sacan miles de risas.
Lo quiero.
Sí.
Tanto su sensibilidad como su inteligencia, su forma de expresarse, su humor me pueden.
Lo quiero.
Fijo mi mirada en la suya para que me mire y me regale una sonrisa. La música sigue sonando retumbando en nuestros oídos haciendo que nuestros cuerpos no paren de moverse.
― Voy a fumar –le digo claro para que me lea los labios, imposible que me escuche.
Solo asiente, y toma mi mano.
Me acompaña.
Caminamos entre la gente para llegar a un pequeño patio trasero en donde varios jóvenes se encuentran con el mismo propósito que nosotros.
Fumar.
Bueno, o eso creía.
No me deja soltarme de su mano que ya me encuentro con sus manos en mis mejillas y sus labios pegados a los míos. Sonrío entre estos e inicio un beso suave, colocando mis manos en su parte alta de su espalda, y siento morir.
No me importaría hacerlo justo en este momento.
¡Border!
El beso se vuelve más intenso y muerde mi labio inferior para separarnos a penas. Sus ojitos brillan.
Lo quiero.
― Hola.
Río y rodeo mis brazos en su cuello para abrazarlo.
― Hola, tanto tiempo – digo divertida y él me roba un pequeño beso.
― Besas hermoso –rio y muerdo mi labio inferior - ¡En serio boluda!
― Bueno gracias –sonríe.
― ¿Vas a fumar? –pregunta.
― ¡A eso vine! – ríe.
― Perdón por distraerte –rodeo mis ojos para que ría y vuelva a besarme – bueno, bueno –largo una carcajada.
― Tarado –digo, después de plantar un pequeño beso.
Saco mi cajita de cigarrillos para convidarle uno, que saque dos.
Uno para mí, otro para él.
Y fumar juntos.
Apoyados en la misma pared que me sostuvo mientras me envolvía en sus besos
[Y me perdía]


●●●

miércoles, 8 de marzo de 2017

43

La canción que está pasando ahora YouTube me hace bailar un poquito y hasta cantar, rio de mí misma y sorpresivamente, tocan el timbre.
Bueno, no tan sorpresivamente. Es que no soy consciente de la hora.
Abro, después de mirar por la mirilla y me los encuentro.
Sin dudas, no era consciente de la hora.
― ¡Hey! – Mi alegría de verlos todos juntos como una patota.
― ¡Tía! – su alegría. Su abrazo. Mis miles de besos en su mejilla.
― ¿Cómo están? ¡Feliz año! – Primero de Enero, y la gran excusa de este almuerzo es porque empezó un nuevo año y nada más lindo que comenzarlos con ellos.
Mamá, papá, Gon y Delfi.
Mi familia, todos juntos.
Los invite almorzar, y acá estaban, tan consciente de la hora, tanto como yo.
Ponele.
― ¡Feliz año! –gritan tal locos son y yo rio con ellos. Es lo más lindo y puro que tengo en esta vida.
Siempre fuimos tan unidos, siempre fuimos de disfrutarnos, de compartir, de elegir momentos. Antes, cuando todos vivíamos en casa de nuestros papas era totalmente diferente, no se disfrutaba tanto. Porque sabias que después de un día de facultad llegabas a casa y estaba tu mamá esperándote con el almuerzo. Hoy llego de la facultad y me encuentro conmigo misma, y cuando mamá me llama todos los mediodías me siento como si estuviese en casa.
Amo que estas pequeñas cosas no se terminen en el transcurso del año, y espero que así siga.
― ¿Y vos chiquita? ¿Cómo lo pasaste con papá? –pregunto a la más pequeña, dirigiéndole una mirada a mi hermana y que ella sonría chiquito.
― ¡Re lindo! –Dice, con un gran entusiasmo que hace que le sonriamos todos – me dijo papá que el tío Seba estaba un poco borrachito que por eso se cayó al agua –reímos.
― ¿Se lastimo? –pregunto papá, su abuelo.
― No, pero después le dolía la cabeza. ¡Tía! –Me dice, bah, me grita y yo me estremezco para que ría chiquito - ¿Sabías que papá me quiere llevar a la playa? Pero mamá no quiere –y exagera tristeza.
Yo miro a Delfi y revolea los ojos.
― Pili, ya hablamos de esto ¿no?
― Pero vos no queres que me vaya con papá –ella bufo y nos miró, pidiendo ayuda.
― Pilar –habla papá – Sabes que tu mamá siempre va a elegir lo mejor para vos ¿lo sabes, verdad? –ella asiente e intenta hablar pero él sigue. Nunca lo vi tan firme con su pequeña debilidad – Para ella es muy difícil que te vayas dos semanas enteras con papá, estuviste desde bebé pegadita a mamá… Sabes que te va a dejar ir, pero también tenes que entender que para ella sos lo más importante que tiene.
― Pero mami, no me voy a morir –dice con ternura y yo sonrío chiquito – soy muy chiquita y estoy sanita ¿o no abuelo? – Él asiente con una sonrisa inmensa.
De-bi-li-dad.
― ¡Obvio que no te vas a morir, hija! –le dice con una pequeña sonrisa – ya vamos a ver, ¿sí? –ella asiente.
― ¿Qué tal los preparativos del viaje? – Pregunta Gon. Cambiando rotundamente el ambiente, sacándome una sonrisa.
Es que el tema es bastante complicado como para ser charlado en un almuerzo.
― ¡Ya tengo todo boludo! Unas ansias –no puedo más. Mañana por la mañana saldríamos todos juntos para Punta del Este. Unos quince días nos esperaban para disfrutar de la ciudad y playa más linda.
― ¡Qué bueno Pau! ¿Al final van todos? –pregunta mamá.
― Sí –sonrío- pudimos encontrar una linda casa y vamos todos.
― ¿Pepe y Flor también van? –pregunta Pili y recibí una mirada atenta de papá que me hizo revolear los ojos.
― Estos últimos días nos hicimos muy amigos con el grupo de Flor, además que entre ella y Tomi hay algo, así que los invitamos, a ellos y a dos amigos más… Por suerte se sumaron –finalizo con una sonrisa y tomo un sorbo de agua.
― ¿Y Uschi? –pregunta la más pequeña.
― Se queda con su papá y después va a pasar unos días allá.
― ¡Se formó un grupo re grande! –dice papá y yo asiento con una sonrisa.
― Surgió todo con el accidente de los chicos, aunque no lo creas –dije, divertida.
Era increíble, como la vida te ponía en estas situaciones: habíamos sufrido tanto por la vida de Tomas, y sin pensarlo, sin darnos cuentas, después de todo, la vida nos regalaba amigos como lo son Gas, Lali y Pedro.
― Cuando Pedro las llevo a la Clínica –comenta él con una sonrisa chiquita y yo asiento – Es increíble ese chico.
― Igual, yo creo que en una situación así no se piensa, actúas y punto –comento – pero a él le salió re natural, se nota que le nace ayudar.
― Eu, yo no lo conozco –dice mamá - ¿para cuándo una cena?
― ¡Mamá! – le grito. Mis hermanos y sobrina ríen - ¿Por qué?
― Bueno, y con el resto de tus amigos que no conozco.
― Para mi cumpleaños –dije, divertida.
― ¡Recién empieza el año, chistosa! –largue una carcajada. Ellos también rieron.

●●●
Punta del Este, Uruguay – 16:05

Terome terome, tesin, tesan…terome, terome, tepum... ¡Saca! – termino Gas y yo grite triunfante, para luego reír a carcajadas.
No me tocaba lavar los platos hoy.
Hacia menos de tres horas que habíamos llegados a la casa, que, vale aclarar que lo más lindo que tiene es el patio enorme y… ¡Cruzando la calle tenemos la playa!
Además de que en verdad es increíblemente hermosa, tener la playa tan cerca era de los placeres más hermosos que estábamos dando.
Agus, Flor y Anita se habían encargado de preparar unas ensaladas con bifes para darnos la bienvenida a las ¡deseadas y amadas! Vacaciones.
Luego de terminar de almorzar… empezó el sorteo por quien lavaba y secaba.
Zafé como una reina.
Hoy le había tocado a Lali y Agos.
Cuando todo y todos estábamos listos, cruzamos para la playa con equipo de mate y bolsos playeros, decididos a disfrutar del hermoso día.
Era increíble que aunque con algunos no nos conozcamos tanto, la buena onda desde el primer momento era increíble, era como si estuviese hablando con amigos de toda la vida, y en una parte era así, pero a Gas y Lali no los conocía tanto (léase como más “N” el “tanto) como por ejemplo a Peter que en realidad era todo muy raro con él, pero tuve la posibilidad de conocerlo un poco más, y ni hablemos de mis amigos de toda la vida y Flor.
Era un placer compartir esto con ellos.
¡Y esto recién comienza!
― Nos quedamos sin agua –comenta Pedro, el cebador de mate en esta ronda que habíamos formado.
― Me cruzo y lleno –digo, sin dudar – así de paso voy al baño –dije divertida y él me regalo una sonrisa.
― ¿Queres que te acompañe? –me pregunta. El resto sigue con la charla como si nada – y llenamos uno más así no tenemos que ir y venir –asiento.
― Dale.
Sin más preámbulos me levante para ponerme mi pareo, pedirle la llave a Agos, y salir en compañía de Peter para la casa.
― Creo que lo mejor de todo esto, además de que vamos a vivir unos quince días juntos –me dice y yo rio - ¡Y que tu cuarto está pegado al mío!
― ¡Tarado! –ríe y me hace sonreír. Hoy tiene la sonrisa más linda que de lo normal.
Tal vez sea porque anda sin remera con su traje de baño.
― Es que estamos a diez pasos de la playa.
― ¡Sin dudas! –Digo, feliz – Me encanta pasar el día en la playa, te juro. ¿Viste que algunas personas pasan cuatro o cinco horas y ya se cansan? –Asiente – yo pasaría todo el día.
― Hay que aprovechar, después en todo el año estas a mil y ni una escapadita podes hacerte… Al menos yo.
― Posta.
Llegamos a la casa, yo le entrego el termo y voy directo al baño. El a la cocina.
― Pau… -grita.
― ¿Qué? – Yo también.
― ¿Sabes dónde está el otro termo? –se ve que se acercó a la puerta del baño porque su voz es más tenue y suave.
― Em... Creo que Lali lo había dejado en el patio cuando nos sentamos hoy temprano – le digo, una vez fuera donde puedo verlo. Me queda mirando y yo levanto una ceja – eso que haces de quedarte mirándome por unos segundos me da miedo –reconozco y se ríe para contagiarme.
― Estoy tan contento de estar acá con vos boluda –sonrío.
― Yo también –le sonrío chiquito, mi cuerpo se apoya en una de las paredes – me divierto mucho con vos –sonríe – y además sos lindo –rio chiquito y el muerde su labio inferior, acercándose un poco.
― Vos sos linda, ¿te puedo confesar algo? –rio y asiento a la vez.
― ¿Qué?
― A veces me cuelgo mirándote –rio chiquito, por la ternura que me causa – te juro boluda.
― Sos mirón. –digo divertida y el ríe.
― Solo te observo… igual no es que sea un pervertido eh –largo una carcajada.
― ¿Me miras la cola? –pregunto y el niega seguidas veces para que riamos juntos.
― ¡Tarada! Me gustan tus expresiones
― ¿Mis expresiones?
― Tus gestos, como te expresas cuando hablas… que vergüenza.
― Ah, estas hasta las manos, loco –lo molesto y él ríe.
― Si, ¿no? –reímos y me acerco a él para abrazarlo y plantar un beso en su mejilla – y no me das bola.
― ¡Ah bue! –Me quejo y él ríe chiquito – Si vos no avanzas nene – me suelto del abrazo y me mira, yo arqueo una ceja - ¡Más vale!
Y de la nada se abalanza a mí, tomándome de mis mejillas y sin dudar une sus labios con los míos, en un beso corto para volver a verme.
Sonrío traviesa.
― ¿Buen avance? –pregunta, divertido.
Me acerco, y esta vez soy yo quien lo besa suave y corto.
― Buen avance – afirmo.

Y sin más, salgo para el patio en busca del bendito termo.

sábado, 4 de marzo de 2017

42

[Ella]

Wow, no puedo creerlo.
Estamos en el día 365 del año y ¿Cuándo fue que paso tan rápido?
Sin dudas, fue bastante intenso, pero puedo decir hoy que aprendí bastante de todo lo que viví. Fue un año bueno, con sus altibajos, pero generalmente, creo que aprendí a disfrutar de cada momento.
Sea bueno o de esos malos que te dan hasta escalofrío recordar.
Desde hace tres años ya es un hecho de que Navidad paso con mi familia, porque a mamá le gusta cocinar para TODA la familia y después quedarnos hasta tarde charlando, riendo, bailando.
Disfrutarnos.
Año nuevo hace tres años consecutivos lo paso con los chicos, en casa de Anita porque sus padres se van con amigos a la costa y nos dejan la casa para nosotros.
Esta vez también nos reunimos en casa de nuestra amiga pero incorporamos a Peter, Flor, Gas y Lali.
Por eso es que ya estoy lookeada y lista esperando a que Pedro me pase a buscar, Gonza precisaba mi auto, y como él me ha hecho favores, yo se lo devuelvo.
Mi celular vibra, avisándome que es un mensaje de whatsapp y era lo que estaba esperando.
“Estoy afuera Pau”
Sonrío.
Cuando le pregunte de si me podía buscar él dijo que si y acá está.

“Voy”
Y sin más, cerré con llave para bajar y encontrarme con su auto, subir del lado del acompañante y verlo.
Su sonrisa y sus ojitos brillosos.
Su camisa color blanca y su jean negro, que ¡mamita querida!
― Hola guapetón –dije divertida y el rio.
― Hey ¿qué te burlas?
― ¡No me burlo! –pero me rio, y parece que sí - ¡En serio tonto! Estas lindo.
― Vos estas linda Paula –dice, después de mirarme tanto como yo lo hice y rio. 
― Bueno, gracias.
Sin más, salimos para casa de Anita que fue quien nos recibió con una gran sonrisa. Ya estaban la mayoría de los chicos sentados en una gran mesa, disfrutando de una picadita que había hecho nuestra amiga.
El clima era de festejo por este gran año que estaba a nada de finalizar, y lo hacíamos todos juntos, ¡con más amigos!
Realmente las horas con ellos eran minutos, y ya nos encontrábamos reunidos, parados, a punto de recibir el año.
― ¡Cinco! –Contamos, como siempre - ¡Cuatro!
La alegría que se vivía era increíble. Particularmente me encantan estas fiestas, las disfruto mucho. De chica siempre disfrutaba de las madrugadas, cuando el abuelo agarraba su acordeón y cantaba, miraba como toda mi familia sonreía, feliz, de comenzar un año nuevo todos juntos. Ahora, crecimos todos, el abuelo ya no está con su acordeón por eso, en las navidades ahora es mi tío quien agarra su guitarra y toca de todo para mantener esa imagen en donde todos sonreímos.
Y lo logramos.
Hoy, aunque hace bastante no comparto años nuevos con mi familia los comparto con ellos, que de alguna manera también lo son.
La familia que elegí.
― ¡Tres!... ¡Dos!... ¡Uno!... ¡Feliz año nuevo! –Gritamos, con sonrisas inmensas.
Chocamos nuestras copas y luego empezamos a repartir abrazos.
― Feliz año bebita –me dice Agos y yo la abrazo fuerte.
Porque las fiestas también me emocionan.
― ¡Feliz años negrita hermosa! – mi amiga de toda la vida, quien me entiende, me apoya, me acompaña y me escucha siempre
― ¡Feliz año negra sucia! –Tomi y su manera de demostrar cariño, su manera de hacerme reír siempre. Creo que la risa es quien te salva de cada caída, y sin duda mi amigo lo sabe.
― Te quiero tanto, feliz año pibito – lo abrazo fuerte y el deja un beso en mi mejilla.
Bastantes abrazos recibo hasta encontrarme con los brazos de Pedro quien antes me murmura:
― Feliz año Pauli –me dice bajito y yo le sonrío. Una de las personas más lindas que conocí este año es él. Más allá de aquellos sentimientos que podamos llegar a sentir, sé que es una gran persona, un gran amigo, un gran compañero.
― Feliz año Peter –sonríe con sus ojitos brillosos y planto un beso sentido en su mejilla.
― Te quiero –murmura y yo simplemente sonrío.
También lo quiero.

02.10 am

Todos estuvimos de acuerdo en no salir, por eso pusimos un poco de música y nos fuimos al patio de la casa de nuestra amiga, el alcohol sigue dando vuelta, y por eso bailamos exageradamente todos y también reímos.
En serio que no me puedo sentir tan feliz, tan bien conmigo misma.
Gente hermosa me rodea y me inspira a estar así, sonriente todo el tiempo.
Lo veo acercarse a mí y yo también me acerco para que me tome de las manos, invitándome a bailar.
― ¿Cómo lo estás pasando? – pregunto, aprovechando cuando le hago dar una vueltita.
― Muy bien –sonreímos – me encanta estar acá, con los chicos… con vos –sonrío, muerta de amor, pero intento no demostrarlo tanto.
― A mí también –murmuro y esta vez él sonríe.
― ¿Con los chicos o conmigo? –pregunta, arqueando una de sus cejas. Yo solo muerdo mi labio inferior.
― Tarado –larga una carcajada – con todos, con vos, con los chicos. Se hizo un re lindo grupo.
― Si, posta. –nos sentamos en unos bancos, a mí me dieron ganas de fumar, a él también.
― Y ahora nos queda Punta –comento – que sin dudas, va a ser el viaje.
― Te juro que necesito estar ya allá –asiento – posta, ahora estoy de vacaciones, pero no es lo mismo estar acá donde estas todo el año que en otro lugar.
― Respiras otro aire, tenes otros horarios –lo veo asentir – lo peor de todo, es que se nos va a pasar volando –digo divertida y el ríe chiquito, asintiendo.
― Siempre pasa, boluda. ¡Una bronca! –rio chiquito.
Suspiro.
― ¿Y ahora cuando comenzas a trabajar?
― Febrero, comienzo con las rondas.
― ¿Nervios? –pregunto y él me mira exagerando miedo, para que largue una carcajada.
― Igual, no va a ser muy distinto a lo que estuve haciendo estos años. Pero ya es distinto, voy a ser titular de pediatría boluda.
― ¡Que orgullo! –me sonríe.
― ¿Me vas a traer a tus hijos?
― Tal vez –sonrío y el frunce su ceño.
― Cuanta confianza –largo una carcajada.
― Obvio que sí, tarado.
Su sonrisa amplia.
― ¿Te puedo confesar algo sin que te enojes? – ahora soy yo la que frunce su ceño.
― Miedo, dale.
― Estar así con vos, charlando, riéndonos –hace una pausa, no dijo nada, pero ya sonrío – me da una pequeña esperanza de que podamos llegar a algo más –me mira, y se me escapa una sonrisa chiquita. Tomo un sorbo de champan porque me ruborizo como lo idiota que soy.
― Ojala –murmuro – al menos no vamos tan rápido como antes –digo y él sonríe.
― ¿Vos decís que lo voy a lograr? –me mira fijo, y yo sonrío.
― ¿El qué?
― Convencerte para volver – lo miro, me encojo de hombros, sonrío chiquito.
Planto un beso en su mejilla y vuelvo a donde está el resto de los chicos.

Yo lo dije, va a tener que remar.

viernes, 3 de marzo de 2017

41

― ¡Hey! – su sonrisa, su felicidad que me hace duplicar la que tengo yo, me abraza y yo no soy capaz de soltarla por al menos cinco segundos.
Sus ojitos brillan, al igual que los míos y la sonrisa se me ensancha cada vez más.
― ¡Felicitaciones! ¡Despues de tanto esfuerzo! – no paro de sonreír y ella ríe chiquito, porque nota mi emoción y me abraza un poquito más.
― ¡Gracias por compartir esto conmigo!
Si, después de tantos años hoy fue el gran día, me reuní junto a mis compañeros y a un montón de directivos para hacerme entrega del Certificado. Los nervios que sentí eran terribles, pero también pude disfrutar, sentir esa ansiedad, tener ese certificado en mano, el cual decía que sí, que lo logre, que después de tanto esfuerzo, al fin, soy Médico Pediatra.
Como un flashback se me aparecieron todos estos años, en como cada hora de estudio, cada enojo con algún profesor o colega, cada hora que no dormí… valía la pena.
Y no hay nada más gratificante que esto, sin duda.
Miro a mi alrededor y me encuentro con aquellas personas que me acompañaron, mucho o poco, desde el principio o en las ultimas instancia, pero lo hicieron, y están acá conmigo, celebrando en esta pequeña quinta, que sin duda lo que más vale la pena es la hermosa piscina que ya algunos disfrutaron de tirarme a la misma en forma de festejo.

03.17 am

― ¡Pepe! – Alarga le “e” y con sus pasos torpes hacia mí, ya me doy cuenta que además de la pileta está disfrutando del alcohol.
Mi risa es más intensa y contagiosa porque la felicidad a causa de todo lo que viví hoy, sumándole al alcohol, me hace reír por todo, y es por eso que la escucho reír.
― ¿Qué onda con Tincho? –ahora ya mi sonrisa no es tan sonrisa pero ella ríe a carcajadas, era obvio que se había dado cuenta de cómo los miraba hace unos minutos, cuando ambos estaban muy divertidos en una charla y yo simplemente intentaba seguir la conversación que tenía con uno de mis primos.
Imposible teniendo a la chica que me gusta con mi compañero y hasta amigo a diez metros.
― Solo buena onda Peter – Golpea suavemente uno de mis hombros, mientras me regala una de sus sonrisas.
Solo muerdo mi labio inferior y sonrío chiquito.
― Aunque no estemos juntos vos y yo –las palabras se arrastraban, mientras yo señalaba el “vos y yo” – vos me gustas ¿sabes? Y quiero que estemos juntos Paula –veo su sonrisa –deja de reírte porque es en serio esto –pero ahora al que se le escapa una carcajada es a mí y ella ríe conmigo.
― Pedro –dice entre risas – bata… batta… ¡BASTA!
No puedo parar de reír, ella se acerca lo suficiente para apoyar su frente en mi pecho, mientras ríe.
― Me duele la panza, basta… ¡Me salió de una!
― Bata de tomar nena – carcajeamos nuevamente
Cuando la risa se me va, le dedico una mirada seria, ella aun no puede parar de reír y unas cuantas sonrisas se me quieren escapar, pero este juego me gusta.
― ¿Qué me miras tanto?
Pero me dedico a no responder por unos segundos.
― ¡¡Pedro!!
Y ahora no puedo evitar reírme chiquito para tomar con mis manos sus mejillas y dejar un beso en su mejilla.
― Solo quería asustarte –confieso y ella muerde su labio inferior.
― Tarado –sonríe - ¿Vamos con el resto?

05.55 am

― Crema del cielo… ñamm – dice, luego de llevarse la cuchara a la boca, exagerando ese “ñamm” que nos hace reír. A mí y al resto de los chicos.
El cielo está un poquito más claro, y nosotros estamos en echados en el pasto mirando el cielo y tomando helado.
Varios de mis amigos se fueron, solo quedamos el grupito que en unos días se va a Punta.
Corre un vientito que por eso nos obliga a buscar algunas mantas, es Flor quien también le busca una guitarra a Gas y él se encarga de tocar algo para nosotros, acompañado de la voz de Lali y Agustín, y creo que no existe un momento más perfecto que este: dos grupos de amigos que se está uniendo para formarse en uno, nos permitimos conocernos con el otro, darnos cuentas como son, y también, darnos el lujo de reírnos y compartir todo juntos.
― ¡Vamos las palmas! –pide Tomi que está apoyado en las piernas de Flor. Son ellos dos quienes empiezan con las palmas y luego todos nos sumamos.
La miro de reojo, y le brillan sus ojitos, aplaude mientras canturrea y a veces sigue comiendo helado. Cuando su mirada choca con la mía, le sonrío chiquito y ella me devuelve el gesto, hasta me guiña el ojo y yo río chiquito.
Para seguir canturreando.

¡De estos momentos hablo!

lunes, 13 de febrero de 2017

40

[Ella]

Nos abrazamos los seis, uno pegado al otro y hacemos una reverencia a nuestro pequeño público que no deja de aplaudir y de sonreír ampliamente.
Nada más lindo que saber que, aunque sean unos treinta minutos esos pequeños que tanto luchan todos los días, pueden darse el lujo de divertirse un ratito, y mucho más lindo y especial si esos causante de risas somos nosotros.
Un grupo de amigos que está a favor de las risas, de la diversión, y que por eso se esfuerza tanto para regalarles un pequeño momentos a estos niños tan valientes.
Veo como padres y algunas enfermeras nos aplauden y nos sonríen con esas sonrisas gratificantes, llenas de “gracias” y un poco que me hacen emocionar.
Al terminar el saludo, lo veo con su sonrisa amplia y como siguen los aplausos se acopla a estos, sonrío, y me es inevitable pensar en que sería lindo volver a compartir vestimenta de payaso.
Cuando los saludos y aplausos terminan, me acerco como siempre a saludar a los pequeños y algunos doctores y enfermeros que siempre nos acompañan.
― Gracias, no sabes todo lo que disfruto ver como mi Lauti ríe a carcajadas, y todo es gracias a ustedes.
― Ellos son quienes nos alientan para que cada viernes estemos dispuestos a sacar nuestra parte payasesca –sonrío y ella lo hace conmigo – Es todo un placer – me abraza un poquito, porque me vio emocionada y ella se emociona conmigo, aunque no conozco ni su nombre se que es una mujer a la cual le toco una vida difícil, y ver como sonríe junto a su hijo, y que nosotros en gran parte somos los causantes, no hay nada más lindo.
Lo veo desde lejos sonriéndome y yo sonrío chiquito y después de saludar una pequeña me acerco a donde esta para saludarlo.
― ¡Hey! ¡Que sorpresa! –sueno más a la payasa Polent que a Paula y aprovecho porque es ella quien se encarga de sacar sonrisas, y funciona con él.
― Literalmente llegue para los aplausos –dice, después de dejar un beso en mi mejilla y largo una carcajada - ¿Cómo estuvo?
― Increíble –sonrío ampliamente – Salgo cargada de una energía hermosa.
― ¡Me imagino! –Sonríe – es hermoso lo que hacen, como para que no sientan todo eso lindo que le devuelven los chicos y sus padres –asiento.
― Además de que todos los viernes venimos, y aunque no queramos, se logra una relación – esta vez lo veo asentir a él con una pequeña sonrisa - ¿Vos? ¿Todo bien?
― Si, vine a buscar unos papeles y cuando me estaba yendo los escuche así que quise ver, pero ya habían terminado –ríe chiquito y yo sonrío. - ¿Estás ocupada?   
― ¿Ahora? – Asiente – Tendría que estar ya en camino, me ocuparon para cubrir una sesiones para un casamiento –él sonríe - ¿Por?
― No, quería invitarte a tomar algo, pero no importa… Yo te dirías que vayas moviendo porque te van a matar –reí divertida.
― Si, mal
― ¡Hey, Pedrito! –llega Tomi junto a Agus y Simón quienes lo saludan con alegría.
― ¿Cómo están? – Él también demuestra alegría y yo solo me limito a sonreír.
― Me encantaría quedarme a charlar con ustedes pero me van a matar –ríen conmigo –Nos vemos chicos –apoyo mi mano en el hombro de Pedro, le dedico una sonrisa chiquita y salgo, sin más.
Camino rápido para cambiarme y sacarme el maquillaje, básicamente convertirme en Paula y dejar a Polent guardada en mi mochila hasta el viernes próximo.
Me cruzo con Anita y Agos, pero les aviso que llego tarde, planto un beso enorme en sus mejillas y vuelvo a salir ahora casi corriendo.
Me quedan algunos minutos, pero seguro hay un tráfico terrible, porque la suerte muy pocas veces está de mi lado.
Doy gracias que tengo el auto cerca de la Clínica, y salgo directo para el estudio donde se van a hacer esas fotos.
***
[Él]

Cierro la puerta de casa y un largo un suspiro que tenia contenido y no sabia hasta el momento, luego voy directo a mi habitación y me saco las zapatillas, para volver a la cocina en busca de agua fresca.
Que placer sentir como el líquido bien frio pasa por mi boca hasta llegar al estómago.
Es cuando suena mi celular que lo busco con la mirada hasta encontrarlo en la mesa del comedor, ni me había dado cuenta que lo había dejado ahí.
Varios mensajes se me presentan en la barra de notificaciones y abro whatsapp, para encontrarme con mensajes en el chat que tengo con Lucia y, sorpresivamente con Paula.
Wow.
Abro primero el que me interesa más, obviamente, el de Paula.
Alzado.
Hey, Peter”
“¿Sigue en pie lo de la invitación?”
“Perdón que no te di mucha bola, sin dudas, llegue diez minutos más tarde”

Reí, y, sin dudas, una de las características que tiene es que es impuntual, siempre.

“¡Pau! Hola”
“Sí, claro que sigue…”
“¿Andas en auto?”

Veo como a los segundos los tics se vuelven celestes y ya está respondiendo.

Si, ando en auto”
“¿Dónde querías ir?”

Muerdo mi labio inferior y una pequeña sonrisa se me escapa.

Pásame a buscar por casa si queres”

Obvio que no le iba a decir aun a donde pensaba ir.

“Estamos juntando. En quince estoy por allá”
“Queda cerca el lugar de tu casa”

Sonrío.

“Buenísimo negri, te espero”

Y sin más, vuelvo a mi habitación para volver a ponerme las zapatillas y cambiarme la remera, me peino un poco con las manos, perfume, y como si nada hubiera pasado, como si no hubiera tenido un ataque muy “minita”, me siento en el sofá, prendo el tele, y espero.
Cuando son 20.03 me llega un mensaje de ella que está esperándome afuera y sin más, salgo de casa, para encontrarme con ella apoyada en su auto mirándome con una pequeña sonrisa.
― Hey –dice y yo sonrío. Ella y su forma de saludar.
― Hola – Yo y mi forma de saludar.
― Te toca manejar a vos –sonríe divertida.
― ¿A si? –pregunto curioso.
― Vos sos quien sabe a dónde vamos –asiento y me abre la puerta del conductor, invitándome.
Solo rio, y me siento, cerrando la puerta después.
Espero a que suba para limitarme a mirarla y que inevitablemente se me escape una sonrisa.
Sin decir nada, enciendo el auto y salimos.
Es ella quien se encarga de poner música y de canturrear alguna que otra canciones mientras yo solamente me concentro en el camino y en escucharla, aunque no lo haga muy bien, me divierto a su par.
― Hemos llegado a destino –digo con voz de locutor, claramente que no me salió, y por eso ella ríe un poquito.
― Menos mal que traje buzo –dice y yo elevo una ceja.
― ¿Qué onda? ¿Tenes 82 años? –pregunto con una sonrisa divertida y ella vuelve a reír.
― No, pero en la costanera siempre hace frio nene – le sonrío.
Es hermosa.
En realidad la noche estaba linda, no hacia una gota de frio, por eso es que decidí venir a este lugar además de que era hermoso y había bastante tranquilidad.
― ¿Tomamos una birrita? –le pregunto y me mira divertida, lo que me hace largar una carcajada.
― Dale – sonríe – pero un porrón chiquito –asiento.
Y sin más voy aquel parador, para comprar y volver a donde estaba ella: ya apoyada en las barandas que dan al río.
― Toda tuya –le entrego el porrón y ella me regala una sonrisa y un pequeño “gracias”.
― Hacia años no venía acá – comenta, luego de tomar un sorbo de su cerveza.
― Yo siempre venia de chico…Y como hacía mucho que quería venir, bueno, se me ocurrió –le digo, con una pequeña sonrisa y ella asiente.
― Nunca tuve un lugar específico en donde decís: “acá venia siempre con mis viejos de chica”, te juro –reí. 
― Nosotros todos los domingos era fija venir acá, y si estaba medio feo o hacia frio íbamos a una casa de té y… ¡me pedía una torta boluda! – Ella ríe – era la mejor torta del mundo, te juro
― Ya era como que te veían y te apodaban como “el chico de la torta de chocolate” –largue una carcajada.
― Más o menos así –reímos – de chico amaba el chocolate, así estaba también –reímos –era como una bola  
― Bueno, yo tenía bucles uno pegado del otro, hasta hace unos pocos años atrás –rio
― Por favor, quiero ver eso –la escucho reír
― Es un pasado muy oscuro la verdad.
― ¡Exagerada! –Largamos una carcajada – seguro te quedaban re lindos los rulos.
― Ay no Peter, te juro que no –reí – mira que yo de verdad estoy conforme con mi cuerpo y todo, pero los rulos no
― ¿Me vas a mostrar una foto? –mostré mi voz tierna y ella negó varias veces.
― Si vos me mostras una tuya de chiquito, si –sonrío y asiento.
― Trato hecho –extiendo mi mano para que ella extienda la suya y cerremos trato entre sonrisas.
Un suspiro enorme se le escapa y yo no paro de sonreírle, tengo que terminar con estas sonrisitas, por dios, re denso que digas “ah” y ya te estén sonriendo.
Pedro cálmate.
Si, como no.
Veo que me mira entre divertida y confundida… ¿Es que dije algo en voz alta? ¡La puta madre!
― ¿Pasa algo? –pregunta divertida.
― No…-digo, un tanto tímido - ¿Por? –ahora con miedo.
Me la mande, me la re mande.
― Es que revoleaste los ojos –dice con una sonrisa y ríe chiquito.
¡¡PEDRO!!
― Ah no –frunce su ceño, obvio que esa respuesta no convence a nadie, gil. Suspiro – es que me estaba hablando a mí mismo, y bueno, tuve esa reacción –largo una carcajada que me hizo contagiar una a mí.
― ¿Posta? –pregunta divertida y yo asiento. Quede como el más idiota del mundo.
― Bueno si, la idea es que no te des cuenta de que soy un psicópata, pero si… tengo conversaciones conmigo mismo – ríe fuerte y apoya una mano en mi hombro. Muerdo mi labio inferior, un poco incómodo, no sé si se está riendo porque piensa que soy un idiota o porque le parece realmente divertido que le confiese esto.
 ― Nunca pensé que me ibas a decir esto –dice, una vez calmada – perdón si te hice sentir incomodo… para que te sientas mejor yo también me hablo a mí misma, me reto, me aliento, todo –sonrío.
No para de hacerme sentir bien.
― Pensé que pensabas que era un idiota… aunque puede que lo pienses igual –ella ríe chiquito.
― No me pareces un idiota Peter –su voz tan dulce – al contrario… me haces reír muchísimo-le sonrío- no puedo creer que tu ex novia te haya rechazado –muerdo mi labio inferior un poco incómodo y desvió la mirada.
Veo como se tapa la boca, al parecer arrepentida de lo que dijo y yo sonrío chiquito, ahora si totalmente incómodo.
― Perdón –murmura y yo le niego y vuelvo a sonreír – muchas veces mi otro yo me reta porque soy de hablar sin parar, y pasan estas cosas.
― Esta todo bien Pau –le sonrío e intento ponerme serio, porque ella se la busco, me dio el pie justo para aclararle – ya no pienso en Vanesa, creo que por fin logre cerrar esa etapa –la veo asentir – Y por eso estoy acá con vos, porque se que te hice mal, y porque me encantaría pasar más momentos como este con vos, conocernos, y poder charlar de cosas importante como no, y contarte de la tremenda torta que me comía todos los domingos cuando era chico –la escucho reír y yo solo sonrío.
La oigo suspirar y ver como muerde su labio inferior.
― Un día de estos tenemos que volver para probar esa torta –vuelvo a sonreír ampliamente y asiento.


●●●