47.
Sonreí.
La felicidad
invadía mi cuerpo, sintiendo que nada ni nadie puede arruinar este momento.
Disfruto cada
instante e internamente me agradezco a mí misma de ser así: una agradecida de
hasta los momentos mínimos pero no menos insignificante.
Las estrellas
invadían el cielo azul oscuro y la luna se dejaba ver cerquita del mar, casi
tocándolo.
Estaba
hermosamente enorme y redonda, haciendo del momento aún más especial.
Habíamos hecho
una ronda para sentarnos como coligue, y en el medio una pequeña fogata.
La imagen daba a
que estábamos haciendo una especie de pedido a los astros, como una especie de
macumba, tal vez aquella señora que paso con su pequeño perrito lo pensó.
Pero en
realidad, disfrutábamos de la amistad con música, que se puede considerar
también un ritual, lo llamaría: “el ritual de la felicidad”.
Era noche de
cierre, lo que me ponía un poco sensible y queriendo que todo sea más lento,
por lo contrario parecería que las horas se pasaban rapidísimas.
Los últimos
quince días compartidos con estas (lindas) personas también se pasaron
rapidísimos. Un indicio de que lo pasamos bien, bueno, demasiado bien.
Pensábamos que
nos iba costar la convivencia, pero ni siquiera fue un tema hablado durante
estos días. Todos, al parecer, estábamos de acuerdo en que veníamos a
disfrutar, y el orden y respeto entra en esos tips para “disfrutar las vacaciones”.
Y eso de que con
casi la mitad del grupo nos conocíamos muy poco como para convivir, pero
sobrevivimos, y estamos acá, escuchando a nuestra ya amiga cantar, haciéndonos
sonreír con su voz que eriza la piel, que hace olvidarme del mundo externo.
Mira a mi
alrededor, todos están disfrutando.
¡Que hermoso
momentos!
La melodía de la
guitarra calla y suspiro, con molestia, me había acostumbrado a escucharla
junto a Lali.
La aplaudimos,
se lo merece.
Ella sonríe
dulce y ampliamente, seguramente sintiéndose plena.
– ¡Tengo un
juego! – dice Anita, levantándose de un impulso, para llamar la atención de
todo el grupo.
– ¿El juego de
la botella? –dice Simón divertido.
– Noo, que
embole –dicen a coro Agos y Tomi.
Todos estamos de
acuerdo.
– Aparte estamos
como en clima de despedida, no da ese juego –dice Anita. Frunzo el ceño ¿Qué
tiene que ver? Bueno – Traje papel para todos y lapicera.
– Jodeme que
queres jugar al tuti fruti –dice Pedro y yo largo una carcajada. Él se
contagia, y acaricia mi mano discretamente.
Estamos uno al
lado del otro, pegados con boli goma
– ¿¡Algún día
voy a terminar de plantear la idea!? –dice Anita elevando la voz en un tono
divertido. Esta vez nos proponemos no interrumpirla, esperemos – la idea es
escribir una frase, una palabra o si quieren también dibujar lo que significó
el viaje para ustedes, personalmente ¿les copa? Es lindo y también nos queda un
recuerdo.
Todos aceptamos
el reto.
Ahora sí parece
que estamos escribiéndole a los astros.
Sin dudas, fue
un viaje especial, decidí hacerlo sabiendo de que iba a cambiar un ante y un
después, no me equivoque, y tampoco me arrepiento. A los chicos (los
no-payamedicos) los conocimos unos meses antes, teniendo buena onda desde el
momento cero, pero este viaje hizo que la buena onda y la confianza se
intensifiquen aún más.
Vivimos momentos
hermosos, tuve la oportunidad de conocerlos, de reafirmar las buenas personas
que son.
Y eso es un gran
detalle de este viaje, que no me lo va a hacer olvidar fácilmente.
Lindas palabras,
frases e intentos de dibujos nos hicieron reír y emocionar –o al menos a mí-
haciéndome sentir aún más plena.
– Te toca Polet
– me avisa Anita.
– Mi palabra es
“Momentos” porque eso es lo que es todo el tiempo: momentos, y estos días todos
fueron lindos, únicos, con altibajos, pero únicos. Y estoy muy agradecida de
que todos estos momentos hayan sido con ustedes que a todo lo hacen más
espontaneo, más risueño. Posta, que lo pase muy lindo con ustedes, gracias –
sonrío chiquito.
Ellos me
devuelven el gesto. Miro a Pepe y me sonríe chiquito, para plantar un beso en
mi mejilla.
– Pepe es tu
turno –dice Anita.
– Bueno, yo puse
la palabra “Especial” –hago una pequeña pausa para ver los rostros de mis
amigos – porque así fue todo: especial. Ustedes hicieron estos días especiales,
únicos, creo que este viaje no hubiera sido tan especial sin ustedes,
poniéndole esa cosita cada uno que hizo que estas vacaciones las disfrute
tanto. Y eso, gracias –sonríe, sonrío.
– ¡Por más
momentos especiales! Sea de vacaciones o tomando mates en una plaza –dice Lali
y todos sonreímos.
Nos paramos
todos, para chocar nuestros porrones en forma de brindis y terminar la ronda
todos abrazados.
Agradecida de
vivir esto con ellos.
***
Sale de la
cocina con dos cervezas –sí, seguimos tomando – y me sonríe chiquito. Me
levanto del sillón de la sala para juntos ir al patio, sentarnos en el medio de
este.
Que nuestras
miradas se crucen y sonriamos.
Un suspiro se me
escapa y apoyo mi cabeza en su hombro.
– ¿Cansada?
–murmura y con una de sus manos acaricia mi rostro.
– Un poco –
digo, en el mismo tono. Por ser el último día lo disfrutamos a full.
– Sí, yo
también. Pero esta tan lindo para estar afuera –sonrío y me reincorporo. Me da
mi cerveza.
– Si posta.
Además es como que se me viene a la cabeza que ya el lunes arranca la rutina y
no me dan ganas de dormir, solo quiero disfrutar lo que queda –asiente.
– Y yo que
arranco con las rondas
– ¿Nervios?
–pregunto con una sonrisa, y acomodo un mechón loco
– Cagaso –dice y
rio chiquito.
– Vas a ser el
mejor –sonríe.
– ¿Vos también
arrancas el lunes?
– No, la facu la
arranco recién a mediados de marzo. Pero tengo un par de sesiones para hacer –
él asiente.
– Es más tranqui
igual ¿o no?
– Si, re –
sonrío – pero como tengo bastantes no sé si es mejor o peor –reímos.
– ¿Y vuelven los
paya también?
– Ay sí, re
extraño –sonríe - ¡Tenes que volver! –le pego suavemente en su pierna y el
muerde su labio.
– Noo, ahora ya
no puedo
– Pero yo hablo
con mi viejo boludo
– Menos, después
me van a tratar de acomodado –dice divertido.
– Y si lo sos
–digo, peleándolo y él rodea sus ojos. Largo una carcajada y lo abrazo por el
cuello para dejar un beso sentido en su mejilla. El me mira y estira sus labios
formando una trompita. Vuelvo a reír y beso sus labios cortamente. – Que lindo
estar acá con vos –sonríe.
– La pase muy
bien – sonreímos – espero que nos encontremos en otras vacaciones juntos
–asiento y me sonríe, acaricia mi mejilla y besa delicadamente mis labios -
¿nos vamos a seguir viendo no? – su timidez sale a la luz.
– Si, obvio
–murmuro, cerca de su rostro para dejar otro pequeño beso – bah, si queres –
digo divertida y vuelve a rodar sus ojos.
– Más vale que
quiero, Paula –largo una carcajada.
– Bueno,
entonces sí –sonreímos.
– Te quiero
–murmura – hiciste de mi viaje unos días únicos y lindos… los chicos también,
pero no hubiese sido igual si no estabas acá –sonrío.
– Mi viaje
tampoco hubiese sido igual sin vos –murmuro y me sonríe cerquita – te quiero
Une sus labios
con los míos delicadamente, yo rodeo una de sus mejillas con mi mano y suspiro,
sonreímos y volvemos a nuestro beso que cada vez sube más de tono.
Cuando nuestras
respiraciones no dan para más, nos separamos a penas y sonreimos.
Nos abrazamos.
Feliz
De estar con él.
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