viernes, 3 de marzo de 2017

41

― ¡Hey! – su sonrisa, su felicidad que me hace duplicar la que tengo yo, me abraza y yo no soy capaz de soltarla por al menos cinco segundos.
Sus ojitos brillan, al igual que los míos y la sonrisa se me ensancha cada vez más.
― ¡Felicitaciones! ¡Despues de tanto esfuerzo! – no paro de sonreír y ella ríe chiquito, porque nota mi emoción y me abraza un poquito más.
― ¡Gracias por compartir esto conmigo!
Si, después de tantos años hoy fue el gran día, me reuní junto a mis compañeros y a un montón de directivos para hacerme entrega del Certificado. Los nervios que sentí eran terribles, pero también pude disfrutar, sentir esa ansiedad, tener ese certificado en mano, el cual decía que sí, que lo logre, que después de tanto esfuerzo, al fin, soy Médico Pediatra.
Como un flashback se me aparecieron todos estos años, en como cada hora de estudio, cada enojo con algún profesor o colega, cada hora que no dormí… valía la pena.
Y no hay nada más gratificante que esto, sin duda.
Miro a mi alrededor y me encuentro con aquellas personas que me acompañaron, mucho o poco, desde el principio o en las ultimas instancia, pero lo hicieron, y están acá conmigo, celebrando en esta pequeña quinta, que sin duda lo que más vale la pena es la hermosa piscina que ya algunos disfrutaron de tirarme a la misma en forma de festejo.

03.17 am

― ¡Pepe! – Alarga le “e” y con sus pasos torpes hacia mí, ya me doy cuenta que además de la pileta está disfrutando del alcohol.
Mi risa es más intensa y contagiosa porque la felicidad a causa de todo lo que viví hoy, sumándole al alcohol, me hace reír por todo, y es por eso que la escucho reír.
― ¿Qué onda con Tincho? –ahora ya mi sonrisa no es tan sonrisa pero ella ríe a carcajadas, era obvio que se había dado cuenta de cómo los miraba hace unos minutos, cuando ambos estaban muy divertidos en una charla y yo simplemente intentaba seguir la conversación que tenía con uno de mis primos.
Imposible teniendo a la chica que me gusta con mi compañero y hasta amigo a diez metros.
― Solo buena onda Peter – Golpea suavemente uno de mis hombros, mientras me regala una de sus sonrisas.
Solo muerdo mi labio inferior y sonrío chiquito.
― Aunque no estemos juntos vos y yo –las palabras se arrastraban, mientras yo señalaba el “vos y yo” – vos me gustas ¿sabes? Y quiero que estemos juntos Paula –veo su sonrisa –deja de reírte porque es en serio esto –pero ahora al que se le escapa una carcajada es a mí y ella ríe conmigo.
― Pedro –dice entre risas – bata… batta… ¡BASTA!
No puedo parar de reír, ella se acerca lo suficiente para apoyar su frente en mi pecho, mientras ríe.
― Me duele la panza, basta… ¡Me salió de una!
― Bata de tomar nena – carcajeamos nuevamente
Cuando la risa se me va, le dedico una mirada seria, ella aun no puede parar de reír y unas cuantas sonrisas se me quieren escapar, pero este juego me gusta.
― ¿Qué me miras tanto?
Pero me dedico a no responder por unos segundos.
― ¡¡Pedro!!
Y ahora no puedo evitar reírme chiquito para tomar con mis manos sus mejillas y dejar un beso en su mejilla.
― Solo quería asustarte –confieso y ella muerde su labio inferior.
― Tarado –sonríe - ¿Vamos con el resto?

05.55 am

― Crema del cielo… ñamm – dice, luego de llevarse la cuchara a la boca, exagerando ese “ñamm” que nos hace reír. A mí y al resto de los chicos.
El cielo está un poquito más claro, y nosotros estamos en echados en el pasto mirando el cielo y tomando helado.
Varios de mis amigos se fueron, solo quedamos el grupito que en unos días se va a Punta.
Corre un vientito que por eso nos obliga a buscar algunas mantas, es Flor quien también le busca una guitarra a Gas y él se encarga de tocar algo para nosotros, acompañado de la voz de Lali y Agustín, y creo que no existe un momento más perfecto que este: dos grupos de amigos que se está uniendo para formarse en uno, nos permitimos conocernos con el otro, darnos cuentas como son, y también, darnos el lujo de reírnos y compartir todo juntos.
― ¡Vamos las palmas! –pide Tomi que está apoyado en las piernas de Flor. Son ellos dos quienes empiezan con las palmas y luego todos nos sumamos.
La miro de reojo, y le brillan sus ojitos, aplaude mientras canturrea y a veces sigue comiendo helado. Cuando su mirada choca con la mía, le sonrío chiquito y ella me devuelve el gesto, hasta me guiña el ojo y yo río chiquito.
Para seguir canturreando.

¡De estos momentos hablo!

2 comentarios:

  1. Ay Jus!!! Volviste pero que cortito!! Me quedé con ganas de leer massssss...
    La primer parte me hizo a acordar cuando me recibí, que lindo como lo contaste!
    Volvé a subir pronto!!!! 😉

    ResponderEliminar