― ¡Hey! – su
sonrisa, su felicidad que me hace duplicar la que tengo yo, me abraza y yo no
soy capaz de soltarla por al menos cinco segundos.
Sus ojitos
brillan, al igual que los míos y la sonrisa se me ensancha cada vez más.
―
¡Felicitaciones! ¡Despues de tanto esfuerzo! – no paro de sonreír y ella ríe
chiquito, porque nota mi emoción y me abraza un poquito más.
― ¡Gracias por
compartir esto conmigo!
Si, después de
tantos años hoy fue el gran día, me reuní junto a mis compañeros y a un montón
de directivos para hacerme entrega del Certificado. Los nervios que sentí eran
terribles, pero también pude disfrutar, sentir esa ansiedad, tener ese certificado
en mano, el cual decía que sí, que lo logre, que después de tanto esfuerzo, al
fin, soy Médico Pediatra.
Como un
flashback se me aparecieron todos estos años, en como cada hora de estudio,
cada enojo con algún profesor o colega, cada hora que no dormí… valía la pena.
Y no hay nada
más gratificante que esto, sin duda.
Miro a mi
alrededor y me encuentro con aquellas personas que me acompañaron, mucho o
poco, desde el principio o en las ultimas instancia, pero lo hicieron, y están
acá conmigo, celebrando en esta pequeña quinta, que sin duda lo que más vale la
pena es la hermosa piscina que ya algunos disfrutaron de tirarme a la misma en
forma de festejo.
03.17 am
― ¡Pepe! –
Alarga le “e” y con sus pasos torpes hacia mí, ya me doy cuenta que además de
la pileta está disfrutando del alcohol.
Mi risa es más
intensa y contagiosa porque la felicidad a causa de todo lo que viví hoy,
sumándole al alcohol, me hace reír por todo, y es por eso que la escucho reír.
― ¿Qué onda con
Tincho? –ahora ya mi sonrisa no es tan sonrisa pero ella ríe a carcajadas, era
obvio que se había dado cuenta de cómo los miraba hace unos minutos, cuando
ambos estaban muy divertidos en una charla y yo simplemente intentaba seguir la
conversación que tenía con uno de mis primos.
Imposible
teniendo a la chica que me gusta con mi compañero y hasta amigo a diez metros.
― Solo buena
onda Peter – Golpea suavemente uno de mis hombros, mientras me regala una de
sus sonrisas.
Solo muerdo mi
labio inferior y sonrío chiquito.
― Aunque no
estemos juntos vos y yo –las palabras se arrastraban, mientras yo señalaba el “vos
y yo” – vos me gustas ¿sabes? Y quiero que estemos juntos Paula –veo su sonrisa
–deja de reírte porque es en serio esto –pero ahora al que se le escapa una
carcajada es a mí y ella ríe conmigo.
― Pedro –dice entre
risas – bata… batta… ¡BASTA!
No puedo parar
de reír, ella se acerca lo suficiente para apoyar su frente en mi pecho,
mientras ríe.
― Me duele la
panza, basta… ¡Me salió de una!
― Bata de tomar
nena – carcajeamos nuevamente
Cuando la risa
se me va, le dedico una mirada seria, ella aun no puede parar de reír y unas
cuantas sonrisas se me quieren escapar, pero este juego me gusta.
― ¿Qué me miras
tanto?
Pero me dedico a
no responder por unos segundos.
― ¡¡Pedro!!
Y ahora no puedo
evitar reírme chiquito para tomar con mis manos sus mejillas y dejar un beso en
su mejilla.
― Solo quería
asustarte –confieso y ella muerde su labio inferior.
― Tarado –sonríe
- ¿Vamos con el resto?
05.55 am
― Crema del
cielo… ñamm – dice, luego de llevarse la cuchara a la boca, exagerando ese “ñamm”
que nos hace reír. A mí y al resto de los chicos.
El cielo está un
poquito más claro, y nosotros estamos en echados en el pasto mirando el cielo y
tomando helado.
Varios de mis
amigos se fueron, solo quedamos el grupito que en unos días se va a Punta.
Corre un
vientito que por eso nos obliga a buscar algunas mantas, es Flor quien también le
busca una guitarra a Gas y él se encarga de tocar algo para nosotros,
acompañado de la voz de Lali y Agustín, y creo que no existe un momento más
perfecto que este: dos grupos de amigos que se está uniendo para formarse en
uno, nos permitimos conocernos con el otro, darnos cuentas como son, y también,
darnos el lujo de reírnos y compartir todo juntos.
― ¡Vamos las
palmas! –pide Tomi que está apoyado en las piernas de Flor. Son ellos dos
quienes empiezan con las palmas y luego todos nos sumamos.
La miro de reojo,
y le brillan sus ojitos, aplaude mientras canturrea y a veces sigue comiendo
helado. Cuando su mirada choca con la mía, le sonrío chiquito y ella me
devuelve el gesto, hasta me guiña el ojo y yo río chiquito.
Para seguir
canturreando.
¡De estos
momentos hablo!
Ay Jus!!! Volviste pero que cortito!! Me quedé con ganas de leer massssss...
ResponderEliminarLa primer parte me hizo a acordar cuando me recibí, que lindo como lo contaste!
Volvé a subir pronto!!!! 😉
Que lindo!!! Me gusto mucho!!
ResponderEliminar