jueves, 20 de agosto de 2015

7

Camino lentamente hasta el auto y lo veo sonreírme, yo le devuelvo una de mis sonrisas chiquitas, subo y lo abrazo fuertemente. Un suspiro enorme se me escapa, me dirige una mirada profunda y yo elevo una de mis cejas, expectante.
— ¿Está todo bien? –y sabe a lo que me refiero.
Habían pasado unas seis horas de todo esto, los padres de Tomas nos convencieron de que nos vayamos a descansar, que cualquier cosa ellos nos avisaban, y le hicimos caso, Anita me dejo en casa primero, yo las salude con un abrazo enorme y que cualquier cosa que sepan, me avisen. Yo también les avisaría si me enteraría de algo. Me era imposible la idea de acostarme aunque sea una hora a descansar, para despejarme un poco, prendí la radio y empecé con una limpieza profunda a todo mi departamento. Hora y media después, me encontré en el sillón, con un cansancio que no podía manejar, y cuando me estaba dejando llevar por mi sueño, el celular empieza a sonar con todo lo que da, haciendo que me exalte, y enseguida me pare para ir a atender.
— Hola – mi voz me delato: estaba muerta de sueño.
— Pauli, mi amor – la voz de mamá y yo sonreí a medias – papá me conto hoy temprano todo lo que paso, ¡que cagada! ¿Vos como estas?
— ¿Y cómo voy a estar ma? Mal, Tomas está al borde de la muerte, no sé si va a sobrevivir o no y yo acá, sin poder hacer nada.
— Si… me imagino lo feo que debe ser, hija. Pero la esperanza es lo último que se pierde, yo desde casa estoy mandando fuerzas para que todo salga bien.
— Siento que no es suficiente todo lo que estamos haciendo. Yo pensé que a las pocas horas ya iba a despertar y no pasa nada, no sé.
— Solo hay que esperar, cuando él esté preparado va a despertar.
— Si, ojala. ¿Vos, como estas ma?
— Con ganas de reunir a mis hijos a almorzar ¿Qué pensas? ¡Y ojo! Hoy saque la pasta linda y estoy a punto de meter unos tallarines bien caseros a la hoya.
— ¡Uyy! ¡Que rico boluda! – se escucha su risa.
— No se habla más, en quince te pasa a buscar papá.
— Te amo, gracias –le sonrío al celular.
Nunca le gusto cocinar, muy pocas veces pasan estas cosas de que nos invitan a almorzar a mí y mis hermanos. Hoy, creo que por más de que quieran compartir un almuerzo como los de antes, cuando todos vivíamos en esa casa de Belgrano que ahora comparten ellos dos y mi hermano Gonza, es más porque saben que estoy mal y que estar con ellos me hace bien, siempre me va a hacer bien. Ellos son lo que son, son como son, y no los cambio por nada.
— Si, está todo bien –me dice acariciando una de mis mejillas – vos no dormiste nada – me acusa con el dedo y yo se lo agarro, muerdo mi labio inferior.
— ¿Tomas? –pregunto.
— Sigue todo igual Pau. Sigue sin despertar –murmura- según cómo evoluciona en estas horas es posible que le bajemos un poco la dosis de los antibióticos que le estamos pasando por suero- me dirige una mirada y yo solo asiento lentamente.
— Es horrible todo esto: tener que esperar, y no saber que puede llegar a pasar, porque aunque vos no me lo digas sé que esta entre la vida y la muerte –elevo una ceja.
— Hay muchas variables Pau… todo puede pasar –me agarra una de mis manos con fuerza y yo largo un suspiro enorme – vení –y me tira a sus brazos para que vuelva a abrazarme – hay que tomarse todo con calma –acaricia mi pelo.
— Eso intento hacer –muerdo mi labio inferior y seco rápidamente una de mis lágrimas se escapó sin permiso alguno. Me dirige una mirada y me sonríe, para después dejar un beso en mi frente y tomar camino a casa.
Al llegar es Pilar quien nos abre la puerta y al verme salta a mi cuerpo para que yo la alce, abrace y deje millones de besos en su mejilla.
— ¡Hola mi amor! –le sonrío ampliamente, feliz de verla.
— Hola tía –deja un pequeño beso en mi mejilla y me abraza por mi cuello. Así camino junto a ella hasta el living donde me encuentro a mis dos hermanos en uno de los sillones hablando. Me sonríen al verme y yo me acerco a ellos, para saludarlos, después de dejar a mi sobrina otra vez en el piso.
— Pochi –dice Gonza y se para para abrazarme - ¿Cómo estas negrita? –y hago una mueca y le regalo una sonrisa chiquita - ¡Arriba, eh! Todo va a estar bien.
— Delfo –ella me abraza fuertemente y suspiro. Me mira, nos miramos. No hacen falta palabras.
— Tía ¿vamos con la abuela? Mira, veni… está haciendo unos tallarines que están para chuparse los dedos –y se saborea, haciendo que sonriamos todos.
— ¿Enserio tan ricos? ¿Ya los probaste? –le pregunto y ella me toma de la mano para ir juntas hacia la cocina.
— No, pero dice la abuela que siempre le salen tan ricos que están para chuparse los dedos –y yo rio.
Ahí es donde me encuentro con esta señora que nos viene escuchando a las dos hablar y no puede evitar sonreír. Es que Pilar nos hace sonreír a todos.
— ¡Llego la tía, abuelita! –dice con felicidad y me sonríe mamá, yo solo muerdo mi labio inferior, ocultando una sonrisa.
— ¿Vos viste lo que es tu tía, Pili? Hasta con unas ojeras enormes esta hermosa –muerdo mi labio inferior. Pili sonríe y me obliga a dar una vueltita.
Mamá me chifla y yo no sé cuál de las dos es más chiquilina.
— ¿Me vas a saludar o? – pregunto divertida y ella me sonríe para abalanzarse a mí y abrazarme fuertemente y yo sonrío y me dejo abrazar.
Porque no hay nada más lindo y sanador que los abrazos de mamá.
— Te quiero tanto a vos –me murmura, nos separamos y yo le sonrío – con Pili preparamos una súper salsa que te va a levantar ese ánimo y te va a curar el corazoncito ¿no? – Pilar asiente con una sonrisa y me pide que la alce nuevamente.
— Porque la comida de la abuela también sana –dice y yo miro a mamá, largo una carcajada.
— Excusas para que logre que me ayude –me murmura y yo muerdo mi labio inferior.
— Hey, deja a mi hermana en paz vos –llega Gonzalo para pelear a Pilar, me abraza por detrás – es mía, no tuya.
— Salí feo –le dice ella – la tia me quiere más a mí que a vos –le saca su lengua y Gonzalo intenta agarrársela, para que ella largue una carcajada y yo y mamá que no podamos entender lo que estábamos viendo.
— Que sabes vos, a mí me conoce mucho más antes que vos, así que te vas bajando de ahí que me la voy a llevar conmigo
Pili me mira preocupada y yo le sonrío y le guiño uno ojo, ella sonríe.
— A mí me regalo un álbum de la cerdita y a vos nada.
— ¿Y? que me importa, cara de torta –y yo muerdo mi labio inferior. Gonza es todo, enserio.
— Cara de papa frita – se baja de mi cuerpo – mira, te lo voy a buscar – Gonza le sonríe divertido por la altura que le lleva a la pequeña de la casa, así de chiquita y patotera.
— Enana –le grita y yo rio – Paula estoy enojado con vos –me dice cruzándose de brazos. Yo elevo una ceja.
— ¿Y ahora que hice?
— Le compraste un álbum a Pilar y a mí no me compraste nada – yo miro a mamá, sin poder creer el planteo de un flaco de 19 años.
— ¿Cuántos años tenes? –y él ríe divertido.
— ¡No vale! – y ahora yo me contagio de su risa y me abraza, yo también lo abrazo
— Sos un tarado –le murmuro y el ríe. No lo suelto, por eso el me abraza mucho más fuerte y yo grito – me vas a asfixiar nene –me quejo y me suelta para mirarme y notar mis ojos tristes, y que su facciones cambien.
— ¿Salimos a sacar fotos después? – A él también le gusta todo esto, aunque no lo ve como una profesión.
— Te amo pendejo del orto –lo abrazo efusivamente y él ríe divertido. Vuelve Pili con su álbum de figuritas y vuelven las peleas.
Todo está listo para sentarnos a almorzar, por eso yo junto a papá y Delfi ponemos la mesa, y ya todos sentados, es mamá quien se acerca a la mesa con la fuente de tallarines con salsa a lo Alejandra y Pilar Chaves.
— Es increíble les juro, todos los días ves caras nuevas afuera, llenas de nervios y ansias y te preguntan a vos a ver si podes hacer algo para que salgan y yo… no sé, es una locura – Delfi cuenta divertida las experiencia de ver todas las mañanas a un grupo de chicas afuera esperando a los artistas para una simple foto o entregarles sus regalos.
— Imagínate lo que deben sentir los famosos ¿no? Aunque seguramente habrá alguno que otro que le chupa un huevo –dice papá mientras enreda su tenedor en los tallarines.
— Si, hay de todo – sigue ella – pero esas caritas llenas de ansias a las siete de la mañana. Yo llego dormidísima y hasta te piden fotos a vos boludo, o sea –ella niega imposible de creer lo que es parte de su trabajo.
— Una mamá famosa –le digo a Pili - ¿te imaginas a mamá firmando autógrafos por la calle? –y ella ríe divertida
— ¿Cómo Topa? –Pregunta y yo le asiento divertida - ¡Mami! Hace un programa con Topa y Muni –y nosotros reímos.
— Dale, ya, ya. –dice ella y niega seguidas veces.
En eso suena mi celular, avisando que una llamada llego, y no pierdo ni un segundo que me levanto a buscarlo en mi mochila que había quedado en uno de los sillones.
El nombre de Agos apareció en pantalla.
— ¡Agos! ¿Paso algo? –mi voz de preocupación.
— Pochi, no –dice con su voz de dormida – te llame porque ni bola a los mensajes.
— Tenía el celu en la mochila y estaba almorzando… ¿pero qué paso negrita?
— Me acaba de llamar Anita que los chicos quieren ir a ver a Tomi todos juntos… ¿Venís?
— Si… obvio que si. Escúchame, yo estoy en lo de mis viejos, y después creo que salgo con Gon a sacar algunas fotos. Cuando estén por ir, avísame y nos encontramos
— Dale, yo te aviso y si queres veni a casa y los esperamos juntas a los chicos para que nos pasen a buscar. –Murmuro un “dale” - ¿vos, como estas? ¿Más tranquila?
— Ponele –murmuro – ponele que me distraje un poco, y ponele que estoy un poco más tranquila –escucho su sonrisa.
— Ponele que te creo –dice y yo sonrío –bueno Pochita, nos vemos después.
— Dale, besitos negri.
Cuando vuelvo a la mesa, la charla sigue con entremedio la locura que sostiene Pilar y su cuerpito de solo cinco años, las sonrisas calidad de mamá, Gonza y su manera de ser tan especial, Delfi y que te saque la ficha de una, pero que no diga nada, porque no es necesario, y papá, el hombre de la casa –junto a Gon- que solo quiere ver feliz a su familia, y se esfuerza día a día por lograrlo.
Como habíamos planeado con Gonza, después de comer, salimos –junto a Pili que se coló – a una de las plazas, nuestra idea principal había sido ir a sacar paisajes, pero nos pareció más lindo y divertido tener a una modelo chiquita que ama posar para sus tíos mientras juega en el tobogán, hamacas, etc.
 — ¿Tío podemos comprar un juguito? –su voz dulce que puede a todo el mundo.
— ¿Un juguito queres? –le pregunta y ella asiente. Yo solo sonrío mientras veo algunas de las fotos que le saque – bueno, vamos a comprar juguito entonces, y algunas galletitas para una súper merienda con los tíos ¿dale? –sus gritos de felicidad se escucharon por toda la plaza. Nuestras risas también. Es una loca linda – bueno ¿te quedas? –me pregunta.
— Si dale, yo me quedo cuidando las cosas. Cómprenme algo rico –le guiño un ojo a Pili y ella me sonríe. Somos las dos fanáticas de las golosinas, por eso nos entendemos tanto.
Mientras ellos salen de la mano para el quiosquito que está enfrente, yo aprovecho para sacar un lindo momento de ellos dos, por esto es que me encanta la fotografía: para poder guardar recuerdos, sabiendo que van a quedar guardados en una simple foto, y no correr el miedo de que se borren de la memoria. Paso a la otra foto y la veo a ella largándose del tobogán con una sonrisa que me hace sonreír a mí, esa sonrisa que por ella doy todo y más.
Es cuando escucho mi nombre que me alerto y me doy vuelta, una Uschi viene corriendo y por detrás la veo a su mamá junto a Pedro. Yo sonrío a medias.
— ¡Hey! Hola preciosa –me abraza por el cuello y planta un beso en mi mejilla - ¿Cómo estás?
— Bien, vinimos con mamá y el tío Pepe a hamacarnos. ¿Vos estas solita? Podes quedarte con nosotros –sonrío.
— En realidad vine con Pili y Gonza mi hermano que se cruzaron al quiosco y me dejaron sola –sonrío- que lindo que hayan salido a pasear todos juntos.
— ¡Pau! –llega Flor y Pedro y es ella quien me sonríe plenamente. Me paro para saludarlos.
— ¡Hola Flora! –le sonrío chiquito y dejo un beso en su mejilla – Hola Peter –él me sonríe y ríen los tres por su apodo recién inventado.
— Peter es muy cool para mí –dice divertido - ¿Cómo estás?
— Es que Pedro me parece muy frio –le regalo una sonrisa chiquita – Bien, que se yo. ¿Ustedes?
— ¿Cómo están los chicos? –pregunta Flor y yo suspiro.
— Agustín y Simón ya están en la casa, recuperándose. El que todavía no despierta es Tomi que no sé lo que va a pasar –muerdo mi labio inferior, y mis ojos se cristalizan.
— No lo puedo creer te juro –dice ella – yo no los conozco, pero… como de un momento para el otro, pasan las cosas ¿no? –asiento.
— ¿Supongo que es el destino? –Pregunto y yo muerdo mi labio inferior – ya no sé qué pensar, les juro.
— Ahí viene Pili ¿puedo ir mami? – pregunta Uschi y tras el permiso de su mamá ella sale corriendo hasta dónde está mi sobrina junto a Gonza que vienen para acá.
— Y nosotros con Gon íbamos a salir a sacar fotos y una enana se nos coló, así que terminamos en la placita sacando fotos –les cuento, cuando esta mi hermano a mi lado, abrazándome por la espalda.
— Hola – saluda a Peter con la mano y después deja un beso en la mejilla de Flor - ¿todo bien?
— Bien. Nosotros también salimos a aprovechar el día, esta hermoso –dice Flor – Pedro se invitó a almorzar a casa con la excusa de que yo tenía postre de ayer y después salimos a pasear –les sonrío.
— Es buena esa excusa eh –le digo – la voy a tener en cuenta.
— Tengo muchas más, después te paso –me guiña el ojo haciéndome reír.
— Este loco es el que nos llevó a la Clínica anoche, nos salvó de un apuro mal –le cuento a Gonza y él le sonríe.
— ¡Un genio! No todos hacen eso por una persona a la que recién conoces –y asiento.
— Es lo que le dije, se re porto –y me sonríe avergonzado.
— Bueno basta –dice él - ¡mira como me pongo! –y nos reímos los cuatro.
Mi celular empieza a sonar nuevamente y yo lo busco rápidamente, un mensaje de Agos me avisa que en una hora nos pasan a buscar Anita con los chicos para volver a la Clínica y ya me veo despidiéndome.
— Pilar me va a matar, pero me tengo que ir, en una hora nos vamos todos a la Clínica con los chicos –le digo a Gonza y el asiente.
— Si, te va a matar – Flor y Peter ríen.
— Pero quédate vos con ella, a una cuadra de acá hay una parada que me deja a dos cuadras de los de Agos, no te preocupes.
— No te vas a ir en colectivo, te llevo boluda –me dice – total, después volvemos, que se yo.
— Bueno, no se… como quieras –sonrío.
— ¿No queres dejarla? –Pregunta Flor – después te la alcanzo a la Clínica o se la llevo a tu hermana, como quieras. –nos miramos con Gonza.
— Tendría que preguntarle si se quiere quedar, y después llamar a Delfina, que es bastante insoportable con este tema –le digo con una sonrisa. Veo a las nenas como se divierten juntas y sonrío – en quince te confirmo –le digo divertida y salgo para  donde están Pili y Uschi.
Claro que ella lo que más quería era quedarse jugando y no tuvo problema en quedarse junto a Uschi, por eso es que llame a su mamá y después de poner horario de devolución, acepto. Yo me fui junto a Gonza, después de dejar miles de besos a Pili prometiendo que después nos veíamos en el “trabajo del abuelo” como dice ella.
Ahora me encuentro en otro auto, el auto de Anita, junto a Simón que va al lado mío serio y dolorido, del otro lado Agos, también seria y preocupada, y en el asiento de acompañante Agustín. Los cinco serios y preocupados, yendo a llevarle buenas energías a mi amigo para que una vez por todas logre despertarse y poder volver a tenerlo con nosotros.  Cuando llegamos, fui la encargada de hablar con papá y pedirle por favor que haga la excepción por hoy y que nos deje entrar a las cinco juntos.
— Por favor –le pedimos todos juntos, y él asintió lentamente.
— Necesito que por favor no hagan alboroto. Y no mucho tiempo, Tomas necesita tranquilidad –asentimos todos juntos.
Abro lentamente la puerta de la habitación, y es Agos quien después de haber pasado todos, la cierra lentamente. En cuestión de segundos rodeamos su cama, y verlo ahí, enchufado, con una máscara de oxígeno y un suero que no deja de gotear al ritmo de las agujas de reloj. Tiene una venda a un costado de la frente, sus manos están todas lastimadas y sus parpados un tanto colorado. Le dirijo una mirada a los chicos que están enfrente mío y de las chicas.  Puedo ver en sus ojos culpa, demasiada culpa, y aunque no hayamos hablado nada, porque creemos que todavía no es el momento, tengo la mínima impresión de que desean con todo su cuerpo que el que este ahí, acostado sin poder despertar sea uno de ellos. Como yo también en mi momento de mayor crisis –cuando llegue a este lugar – pensé en porqué a él y no a mí. Porqué si él es una gran persona, más que yo, y él se merece esta vida aún más que yo. Por qué les pasan estas cosas a personas tan buenas, y por qué no a aquellas personas que solo viven para hacerles el mal a otras, por qué la vida nos da un golpe tan bajo como este, qué es lo que hicimos tan malo para de alguna manera merecer esto. Y tantas preguntas sin respuestas que nos carcomen la mente y no paran hasta encontrar una mini respuesta a todo esto.
— Como me cuesta verte así –murmuro. Y creo en que las personas estando en este estado pueden escuchar y sentir todo. Me atrevo a tocar suavemente una de sus manos – Hoy más de cinco personas me dijeron que vas a salir adelante –recibo las miradas de mis amigos – que sos fuerte… y que te lo mereces, mereces volver. Nosotros merecemos tenerte acá, por muchos más años Tomito.
— Yo no puedo dejar de pensar en cuando nos dijiste que estábamos en una montaña rusa, en  pleno giros –dice Agus con su voz rota – nosotros muertos de miedo y vos desde el minuto cero cargándonos, como siempre –muerdo mi labio inferior.
— ¿Enserio les dijo eso? –pregunta Agos, conteniendo unas cuantas lágrimas.
— El auto giraba y él además de estar intentando a que el auto pare nos decía que esto era como una montaña rusa…
— Que no tenía fin. –completo Simón.
— Vos no tenes fin –dice Anita, mirando a Tomas – Estas lleno de vida, de alegría… ¿Quién se pone a cargar a sus amigos cuando están por tener un accidente para tranquilizarlos un poco? Solo vos nene.
— Te necesitamos hermano –dice Simón – necesitamos que vuelvas, que estés acá con nosotros, jodiendo y divirtiendo, no acá, durmiendo. ¿Cuándo se te da por dormir tanto? ¡En la vida te gusto dormir la siesta!
— Sabemos que vos podes, que estás haciendo todo lo posible para despertar. Solo te pido un poquito más de esfuerzo, un poquito más de fuerza para que estés otra vez acá, con nosotros. Dale negrito. Vos podes. –dice Anita.
— Vamos a estar acá con vos, haciéndote el aguante. Juntos, como siempre, y esperándote –dije, y me abrazo a Agos que no puede contener más sus lágrimas.
— Una vez me dijiste que nunca baje los brazos, que intente, intente e intente. Ahora te lo pido yo a vos. No nos bajes los brazos Tomo –dice Agos.
Y antes de irnos, nos pusimos todos en los pies de la cama, abrazándonos.
— ¡Vos podes! –dijimos los cinco a unísono.


•••

¡Holaaaaa! Bueno he vuelto *todavía sigo sin mi pc, pero no puedo dejarlos en banda por tanto tiempo*
Uno de mis capítulos favoritos, especiales y movilizadores. Espero que llegue algo x2
Quiero sus comentarios!!! Por favor.



3 comentarios: