miércoles, 5 de agosto de 2015

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[Ella]

El buen humor que tengo se nota a millas y ¡como para que no! Si acabo de salir de la clase de Proyectos en la cual tenía que explicar un trabajo que había hecho y la profesora me felicito “por el original y buen proyecto que presentaste”, casi me muero de la emoción, es que en serio, esta profesora es… sencillamente te rompe la existencia con su “sean exigente con ustedes mismo, exploten sus ideas” y claro que soy exigente conmigo misma, pero ella aún más. Pero no me importa nada hoy, salgo caminando para casa con mis auriculares que me hacen llevar el ritmo de “atrévete” ((Calle 13)) y un poco que bailo mientras voy cruzando la Av. Colon, me hubiera gustado ir a festejar con mis compañeros pero por lo contrario mis pies se apuran y dan pasos más rápido que de lo común para llegar, es que en una hora me pasan a buscar, hoy volvemos a ser unos payasitos divertidos en la Clínica de papá.
Es Lalo quien me abre la puerta del edificio ya con su sonrisa que me contagia.
― ¡Tito! – él es el portero, aquel señor de unos sesenta años quien ya hace tres años que me recibe con su sonrisa y nuestras charlas hasta el ascensor.
― ¿Cómo le ha ido señorita? –me pregunta y yo no puedo más de la felicidad por eso le cuento con lujo de detalle - ¡Bien ahí! – y yo rio – esa expresión no es mía –largue una carcajada.
― ¡Hay muchas inquilinas jóvenes! Ojito eh –y él me sonríe divertido.
― Ya recibí amenaza que me van a echar de casa –reí.
― ¡Brava Rosita! – Hace señas con su mano de que en verdad es brava su señora y yo vuelvo a reír – Tengo que subir rápido, en un ratito me pasan a buscar
― No te entretengo más entonces ¡Que tengas un buen día Paulita!
― ¡Igualmente Tito! – Tito, el mejor portero del universo.
Llegar a casa y abrir con la llave la cual tiene un llavero de un peluchito que me regalo papá y mamá cuando me dieron la sorpresa de este lindo departamento en el quinto be, y obviamente que lo primero que haga es sacarme las zapatillas y medias, mis pies necesitaban aire. Ir por una botellita de agua y la bandeja en donde me había sobrado ensalada de zanahoria de anoche para almorzar en compañía de música de la radio y que cuando este por juntar todo, reciba un mensaje de Anita.
“Polet, ¿Cómo estas reina? En quince pasamos con Martin y Agos a buscarte, ¿estas lista?”
Siempre vamos juntos, como tal patota llegamos a la clínica hundidos en risas, es que eso son ellos: risa, alegría. Por momentos, me agarran esos ataques en los que me doy cuenta de las buenas personas que tengo al lado mío, ellos lo son todo y aunque obviamente siempre haya algo que nos moleste entre nosotros, somos incondicional para el otro, por suerte nos llevamos re bien entre todos… no es que no me lleve con alguno de los chicos, nos conocemos desde hace mil y nos elegimos como amigos todos los días. Obviamente que siempre vas a tener más afinidad con uno que con el otro, pero eso no quiere decir que no haya confianza ni mucho menos.
Luego de responderle a Anita que ya estaba, obviamente mintiéndole un poquito, salí corriendo hacia el baño para cepillarme los dientes, atarme el pelo en un rodete desajustado e ir en busca del bolso en donde tenía todo lo necesario para convertirme en la payasita Polent como me había bautizado mis amigos en el momento de organizar toda esta locura tan linda que disfrutamos hacer cada viernes. Cuando recibo otro mensaje, esta vez de parte de Agos avisándome que ya están abajo agarro las cosas y después de cerrar con llave llamo al ascensor que me deja en planta baja en unos pocos segundos, ahí me veo despidiéndome de Tito e ir al auto donde me esperan mis amigos.

[Él]

La veo venir con la fuente donde lleva el almuerzo de hoy y yo le hago un poco de lugar entre nuestros platos para que la deje justo en el medio, me regala una pequeña sonrisa y se le escapa un suspiro, como si hubiera sido un gran trabajo llevar esta fuente de comida a la mesa, yo niego seguidas veces y muerdo mi labio inferior, sobrándola, no puede más de exagerada.
― No vas a esperar a que yo te sirva eh –me avisa y yo elevo una de mis cejas – ¡ya no tenes nueve años pibito! – y aprieta mis mejillas con una de sus manos, yo pego un grito exagerando el dolor para que logre su risa.
― Vos pareces de cuarenta, nena – se cruza de brazos y me dirige una mirada con odio después de que se le forme una gran O con sus labios- ¿Para cuándo un sobrino, eh? Mira que estas al límite –y ya no puedo aguantar mi risa al ver como frunce su ceño y está por, directamente, mandarme a la mierda.
― ¡Raja de acá Pedro! Encima que te invito a almorzar vos me venís con esto. ¡Cualquiera!
― Te estoy cargando boluda –me levanto para acercarme a ella y rodearla con mis brazos y que ella quiera alejarme, pero no, porque yo empiezo a dejarle besos en su mejilla y logro su risa – Sos una pendeja todavía, todavía podes salir a revolear la cartera –ella eleva una ceja - ¡Boe! Nada te viene bien nena.
― Cállate y come mejor –rio divertido y vuelvo a mi lugar.
Es viernes, último día de la semana por eso es que Lucia me vino a buscar a la facultad y vinimos a almorzar a casa, esa era nuestra costumbre desde hace años, cuando yo decidí mudarme de casa, propuse hacer almuerzo de hermanos, claro que ambos (Lucia y Francisco) se prendieron a la idea… Pero después de lo que paso con Francisco los almuerzos lo compartíamos nosotros dos solamente.
― ¡Esta riquísimo esto Lu! –La aplaudí y ella rio divertida para después aplaudirse a ella misma.
― Como te salvo los viernes eh –se agrando – Y eso que tendrías que cocinarme vos, forro –largo una carcajada - ¡Más vale! Hace ya cuatro años que me invitas a comer y tengo que cocinar yo ¿Cómo es eso?
― ¡No seas caradura! Te he cocinado –ella frunce el ceño – La ensalada de arroz que tuvimos que me hiciste tirar
― ¡Ay vos me querías intoxicar! ¿¡Cómo voy a comer eso horrible!? Encima le habías puesto un montón de mayonesa para que no me dé cuenta –y largue una carcajada.
― ¿Ahora te acordas del porqué tenes que cocinar vos? –mordió su labio inferior ocultado una risa y yo reí
― ¡Sos un desastre Pedro! –esta vez reímos los dos – Por alguna casualidad ¿no? ¿Vos sos consiente la hora que es y que en media hora tenes que estar en la Clínica? –Mis ojos se hicieron más enorme y lleve mi mano a mi pecho actuando un paro cardiaco para que luego riamos los dos - ¡Sos un idiota!
― Obvio que tengo en cuenta la hora nena –muerde su labio inferior sobrándome – no laves nada, llévame dale.
― ¿Y esto cuando pensas lavar?
― Cuando llegue, dale Lucia.
Siempre me lleve bien con ella…Tal vez porque solo tenemos un año y medio de diferencia de edad, desde chiquitos que nos acompañamos y estamos el uno para el otro, lo mismo con Francisco, el más chico de los tres, los tres somos muy unidos, pero estos últimos años…cuando la vida te presenta situaciones incomodas, feas, te hacen marcar una distancia…Y eso es lo que hicimos con Francisco, a pesar de ser hermanos, tener la unión de la familia entre nosotros las cosas no están bien, y tampoco mal. Simplemente no están. Respetamos a nuestra familia y aunque sé que a mis viejos le duele yo no puedo hacer más nada.
Lo intente mil veces.
― ¿Te busco después? –me pregunta cuando ya me estoy por bajar enfrente a las puertas de la Clínica.
― No te hagas problema Luli, yo me arreglo –le regalo un beso en su mejilla – nos vemos negrita.
― Dale, éxitos. ¡Disfruta! –una sonrisa para ella y bajo de su auto. Le digo “chau” con una de mis manos y sin dudar entro, feliz, con ansias.
Me da tanto placer darme estos lujos siendo que todavía me falta para ser Pediatra.

[Ella]

Las calles están templadas en la ciudad, los autos pasan sin fin de acá para allá, tomando carrera porque es la hora exacta en el cual los trabajadores tienen su tiempo libre para almorzar solos o acompañados; la hora en la cual los jóvenes se retiran de sus colegios para partir directo a sus casas donde los esperan el almuerzo de mamá, o de la mucama o niñera (y si tiene mucha mala suerte, está obligado a prepararlo uno). Es la hora en la cual los restaurantes y bares se llenan de comensales y en la que los adolescentes colman las plazas para comer los sandwichitos que compraron en la panadería de la cuadras, junto a un jugo en cajita. La hora en que las combis repletas de niños con sus guardapolvos blancos van casa por casa dejándolos en la suya.
Y también es la hora de divertirse.
― ¡Hola Manola! –una voz chillona hace reír a los más chiquitos. La payasa Anacleta le da la bienvenida a estos pequeños y a los no tan pequeños - ¿Llegamos bien? ¿Qué hora es? – pregunta a los otros payasos.
― Para, para, para para –dice el payaso Timón, o mi amigo Tomas – pa, pa, pa..,papapara –hace como tal disco rayado que se convierte en un beatbox y todos los payasos nos encontramos diciendo al ritmo:
― pa, pa, pa, pa, pa…
― ¡PARA! – grita la payasa Agosta y todo se queda en silencio, hasta que los chicos ríen – Ya es la hora, payasa Polent
― ¡Ya es la hora de reírse!  – Grito de la emoción causando algunas risas. Mi look es totalmente payasesco: una peluca violeta, la nariz roja típica con unos corazones en ambos cachetes. Una remera  naranja y una pollera verde a cuadrille con sus respectivos tiradores, una media naranja a rayas negras, otra violeta a rayas negras y mis zapatillas de payasos: amarillas a lunares rojos.
― ¿Y vos sabes reírte, amiga payasa? –pregunta mi amigo payaso Tintín.
― Y no se…
― ¿Ustedes saben reírse? – Pregunta mi amigo Tomas, el payaso Rulo, y enseguida se escuchan infinitos “si”, algunos simplemente sonríen y otros no dejan de asentir.
― ¿Vos sabes reírte? – me acerco a un nene de cabello morocho, sus ojos marrones profundos que demuestran un poco de timidez. Mira a su costado y se encuentra con el resto de los nenes que lo miran esperando a que se ría. Él simplemente asiente - ¿Cómo te llamas amiguito?
― Joaquín.
― ¿Y cuantos años tenes Joaquín?
― Siete. – juro por dios que hice un esfuerzo por no largar unas cuantas lágrimas
― ¿Te parece si le enseñamos a los demás como se ríe?
― Sí –dijo en un hilo de voz con una pequeña sonrisa.
― ¡Yo también quiero! –levanto la mano une nena y yo sonreí.
― Buenos, nos reímos todos juntos entonces. Vos payaso Timon ¿Cómo te reis?
Entonces mi amigo con sus tiradores y su camisa de todos colores se pone en el centro de la semi ronda que formamos todos (payasos, pacientes, padres) para mirar a todos y largar una risa enorme que hace divertir a varios.
― ¡Eso no es una risa! –se queja la payasa Agosta yendo al centro de la ronda y empujando levemente al payaso que se tropieza, da varios giros y queda panza bajo cerca de uno de los pacientes al cual le da la mano en son de saludo. – Esto es una risa – se agarra su panza y larga una carcajada totalmente exagerada.
― ¡Cualquieeeeeeeera! - el payaso Tintín hace montoncito con una mano y muerde su labio. Lleva los cachetes pintados de colorado y alrededor de los ojos con un poco de azul oscuro- hay que reírse así… -y él (porque detrás de Tintín se esconde un gran actor, amigo y persona) ríe torpemente, palmeando sus piernas y logrando contagiar a algún otro payaso. También se da el lujo de tirarse al piso y dar millones de vueltas en el mismo eje, tomando envión con ayuda de sus zapatos negros, largos y anchos (tal cual un payaso). Sonrío divertida, hasta que me encuentro con la mirada de papá y sus colegas que miran el espectáculo con una sonrisa detrás de un vidrio.
Joaquín también ríe.

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¡Muchas gracias por sus comentarios en el primer capitulo! No hay nada más lindo que leer que les guste la historia.
Acá empieza la alegría, espero les haya llegado un poco al menos.
El que quiera que le pase los capítulos pueden dejarme su user abajo en los comentarios o en mi tw JusPauliter.
¡Nos leemos en el próximo capitulo!
[Y yo los leo en sus comentarios que me van a dejar]



3 comentarios: